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Bobiando

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El alcalde socialista espetó a su antecesora popular que se deje de bobiar, para a continuación reirse y comentar que es una palabra muy canaria, muy nuestra, muy graciosa, muy simpática y muy descriptiva.

Tiene razón Saavedra cuando acusa a la oposición de bobiar, pero exactamente igual que la tiene la oposición de tildar al gobierno municipal de lo mismo.

Es verdad que Pepa Luzardo no tiene fuerza moral porque en los años en los que estuvo gobernando la ciudad (cuatro como alcaldesa y ocho como primera teniente de alcalde), el PP no se caracterizó precisamente por hacer una buena gestión y mucho menos una buena política social.

Ahora Luzardo achaca a Saavedra que suba los impuestos y la tarifa del agua, que tenga las calles patas arriba e incluso que permita a sus ediles que gasten mucho en teléfono móvil.

No siendo baladí la crítica de la oposición, tampoco puede ponerse Luzardo ninguna medalla al respecto porque cuando llevó las riendas del municipio las calles también estuvieron en obras, subieron impuestos y tarifas del agua e incluso sus concejales gastaron en móviles más de la cuenta.

Lo que esto quiere decir es que la oposición, como el cliente de El Corte Inglés, siempre tiene razón. Son ciertas y fundadas las críticas que les suelen hacer a los gobiernos, aunque siempre vayan trufadas de demagogia pueril.

Las excesivas facturas de los móviles de los concejales pintan mal, sobre todo en esta época de crisis en la que los políticos son los últimos en apretarse el cinturón, pero no deja de ser el chocolate del loro de los gastos superfluos e innecesarios de los gobernantes.

En una ciudad que tiene un presupuesto de 315 millones de euros, unos miles de ellos sólo dan para bobiar un rato por teléfono.

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