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Concursos amañados

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No las he contado, pero lleva razón López Aguilar con que en Canarias no hay iniciativa pública sin amañar ni concurso no adjudicado de antemano. Al punto de encontrarte gente proclamando que no volverá a concursar sin un buen padrino. Así está de baja la credibilidad pública. Y si hablamos de subvenciones directas, peor.

En el cambio de orientación de las oleadas contra López Aguilar en cuanto abre la boca se advierte cuán asumida está la situación. Esta vez no le han mentado a la parentela ni le niegan la mayor sino que apelan, evangélicamente, a que tire la primera piedra quien esté libre de culpa. Le echan en cara que tampoco es flojo el PSC en estos favorecimientos. De que haberlos, háylos, no cabe duda porque aquí el que menos corre tira al de delante. Sólo que ahora no son los psocialistas quienes gobiernan por lo que no están en las mejores condiciones de rascar algo.

Que las arremetidas contra Aguilar se limiten a decir que los psocialistas hacen lo mismo resulta significativo. Implica reconocer que se trata de prácticas habituales hasta el extremo de considerar, diría yo, que esa misma habitualidad, que incluye a los psocialistas, las legitima como forma de gobernar o de hacer política.

En alguna ocasión me han reprochado un exceso de moralina y que éticamente me la cojo con papel de fumar en estos asuntos, cuando, en verdad, la ética me tiene sin cuidado: allá cada cual con la suya; y con la moral, si fuera el caso. Porque para mí lo grave de amañar concursos no es que sea pecado sino que destruye la ilusión y la creatividad empresarial y profesional, determinantes del desarrollo económico.

Es fuerte comprobar que es más decisivo un buen padrino que quemarte la inteligencia, las pestañas y el dinero elaborando proyectos y propuestas. Puedes estar años esforzándote en hacer competitiva tu empresa porque ocurrirá que, poco antes de convocarse el concurso para el que estás preparado, se creará la que va a ganarlo; y suerte tendrás si luego te subcontrata para que hagas lo que ella no sabe. Casos hay.

No es asunto de ética sino de desprecio de la creatividad, de derroche de confianza en la administración con el correlato del debilitamiento a la larga de la economía y de la impotencia gubernamental para reanimarla. Porque no está capacitado un Gobierno para afrontar una crisis cuando nadie le cree e inspira la desconfianza que impide su liderazgo. Creo que en esas estamos.

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