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¿Intocables? por Jose Carlos Martín

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Asistimos sin duda a la madre de todas las batallas político-económico-mediático-judiciales. Nunca antes los silencios de los cómplices y de los corderos, se habían convertido en Canarias en estruendoso salpafuera donde encorbatados dispararan contra togados, togados contra Vips, Vips contra periodistas y periodistas contra el que se mueva en la foto. Nunca antes "la familia" había perdido tanto el tino para no guardar siquiera esas mínimas formas que hasta ahora permitían esconder el pastel. Al parecer todos sabían de todos y como en un castillo de fichas de dominó alguien hizo un moviendo excesivo y no dejan ahora de caerse con informaciones, investigaciones, filtraciones y fricciones que van dejando a cada uno de ellos más bonito aún. Si se tratara de simples chorizos, uno a lo mejor llegaría a querer echar culpas a una infancia complicada, una familia desestructurada o a la mala suerte, pero no, hablamos de beautiful people, de amistades "honorables", de coches y yates de paseo, de "vidas ejemplares" las que han dejado de ser presuntamente inocentes para mostrársenos como dignas del más escandaloso culebrón siciliano. A estas alturas del partido no se escapa de la bronca ni el árbitro.

La gente anda ahora menos pendiente de las rebajas y ya Gran Hermano no consuela tanto. El lobo ya ha tocado la puerta de 220 mil personas en estas islas y la vista gorda de antes ahora duele más porque el plato de lentejas no está asegurado y el subsidio toca a su fin. Ahora hay quien empieza a plantearse si cuando se decía alegremente que todos los políticos son iguales, no se pecaba por exceso y nos olvidábamos de que algunos empresarios, jueces, periodistas y alguna pieza más del poder andaban a la par. Existían corruptos porque también proliferaban los corruptores; existían las comisiones porque también se daban los grandes negocios montados con la RIC, las subvenciones por ser RUP, las martingaladas a la sombra del REA, los conseguidores VIP y los fondos y operaciones raras que han degenerado en este BigBang finaciero. Como en la India, aquí los intocables pensaban que podrían hacer de todo y nunca pasaría nada, hasta que llegó el día en que la misma podredumbre que anidaba en su estructura les está haciendo saltar por los aires.

A lo mejor alguien que esté muy arriba decide finalmente llamarles a la paz y dejamos de ver este espectáculo grotesco de una vez, pero no nos engañemos, el que mande a parar no lo hará investido por la sana honestidad, sino para evitarle al sistema que sus vergüenzas siguen aireándose de esta manera. Los intocables seguirán siendo una casta que gozará de sus privilegios; puede que ahora esté metida en una monumental pelea de patio de vecinos, puede que cambie de protagonistas y limpie a sus actores actuales para cubrir apariencias, pero mucho tendría que pasar para que de verdad el Salto del Negro oliera a fragancia cara y llenara sus módulos con quienes hacen realmente de este sistema un modelo poco recomendable.

* Sociólogo

Jose Carlos Martín*

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