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Mujeres

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Mientras, en el otro lado del planeta, o quizá en la calle de al lado, la realidad oscura no se termina a los cinco días, como una sentencia educativa. Casi a la par que Naomi escuchaba su castigo, una mujer, en Barcelona, fue agredida en plena calle por su marido, que le dio varios golpes en la cabeza con un martillo y que luego se lesionó a sí mismo, aunque no lo suficiente, claro. Color y poco más comparten con Naomi, por ejemplo, las mujeres del Congo que protagonizan la historia que ha dirigido Wim Wenders para la película Invisibles, que ha producido Javier Bardem. Esas mujeres cuentan cómo las violaron una y otra vez, una y otra vez, eran hombres violentos, delante de sus hijos, a costa incluso de la vida de sus hijos. “Si volviera a ver a uno de esos hombres no podría parar de vomitar”, reconoce una de esas mujeres, una que llevaba a la espalda a su bebé mientras la violaban sin cesar. Reporteros sin Fronteras hacía público hace unos días un informe en el que se revelaba que los ataques y agresiones contra las mujeres periodistas se han disparado de forma brutal porque ahora ellas se atreven a hablar en países donde no están acostumbrados a que suenen las voces femeninas. Hay mujeres que paren vida a cada momento, que la alimentan, la protegen, la defienden… Mujeres que lavan las heridas, que calman a los enfermos, que dan alma al hogar… Mujeres que venden su cuerpo y su alma para sobrevivir o no. Mujeres que trabajan, que ofrecen su imaginación, su empeño y su corazón en tareas diversas, desde limpiar un retrete a dirigir un emporio. Entre ellas, entre la que friega y la que dirige, entre Naomi y la víctima de abusos en África, siempre habrá un vínculo en común a pesar de la distancia y los abismos económicos y sociales, es un hilo invisible e irrompible que nos une a todas y del que pende el futuro del mundo.

Esperanza Pamplona

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