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Municipio 88

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Pero, en fin. El caso de El Pinar es distinto. El nuevo enclave municipal –que regirá una gestora hasta las elecciones de 2011- se halla verdaderamente aislado (dentro del territorio de otra Isla, la de El Hierro), y muy alejado de cualquiera de los otros dos núcleos de población con ayuntamiento en el suelo insular. En estas condiciones, los vecinos (algo menos de 2.000) se sentían abandonados tanto de las autoridades de Frontera como de las de Valverde, que oficialmente, claro, nada tenían que ver con ellos. Uno supone que ahora estarán mejor y que el Cabildo ha hecho bien atendiendo, por fin, esta reivindicación histórica. Lo que sucede es que este logro de los empecinados habitantes de El Pinar ha avivado las ascuas de otro pleito segregacionista pendiente: el de Tejina, que brega desde hace décadas y décadas por constituir su propio ayuntamiento y librarse de lo que los tejineros llaman el yugo de La Laguna. La cosa es, sin embargo, diferente. Sobre todo por lo que ya les he contado de la discontinuidad. En estos momentos no hay lindes, siquiera tradicionales e históricas, que separen Tejina de La Laguna y, si las hubiera, sucedería que la población segregacionista sería una especie de terreno rodeado dentro del término del que quiere separarse: un sólido lago dentro de La Laguna, como ya lo es, curiosamente, Tegueste. Mientras que en el caso del Pinar, de ese flamante municipio número 88, las reivindicaciones vecinales parecían tener sentido y responder a unas necesidades de eficacia y cercana gestión de los servicios, en el de Tejina la lucha por la independencia municipal se parece más a un encochinamiento enquistado en el sentir popular –un sentir visceral-, a una ojeriza intervecinal y a una especie de complejo de pago campesino ante los señoritos de Aguere que a otra cosa.

José H. Chela

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