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Prohibido besarse

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Fíjate que yo pienso que la privatización de la sanidad que practica el gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid es mucho más peligrosa que el famoso virus, porque provoca un deterioro en la atención al paciente que están notando los madrileños. Pero qué van a decir los del Colegio de Médicos, estarán encantados de que la sanidad sea un negocio para los amigos de la lideresa. Y en esta ultraperiferia tenemos a Mercedes Roldós que mira a Aguirre como modelo, y a la chita callando se trasladará a todas las islas el ejemplo tinerfeño, con el amigo de la causa ática, Pedro Luis Cobiella, haciendo caja a costa de la salud de todos.

La pancarta del Colegio de Médicos nos avisa que vuelven las plagas que nos condenan. Quieren que no nos toquemos. Prohibido besarse. Lo dicen los expertos. Cambiaron el nombre a la gripe porcina para no estropear el negocio de las multinacionales que torturan a los cochinos, que los encarcelan en granjas de concentración, como la granja situada en el estado mejicano de Veracruz, donde algunos localizan el origen del virus H1N1. Salvan el honor a los que envenenan a los cerdos para que engorden, para que luego engordemos nosotros. Ahora nos piden que no nos besemos, que no nos toquemos, que la ciudad se convierta en un gran hospital donde cada vecino esté aislado.

Vivíamos felices con nuestras máscaras de nuevos ricos. Pero llegó la crisis y descubrimos que no somos ricos, somos enfermos del síndrome de Diógenes, todo es basura: nuestra riqueza se basaba en hipotecas basura que firmábamos presentado nuestros contratos basuras. De la noche a la mañana nos arrebataron las máscaras que nos mostraban como felices occidentales y nos las cambiaron por mascarillas antivirus.

Algún enteradillo declaró en un periódico: en Japón no se besan, vamos a imitarlos. Sí, en Japón no se besan, no se tocan y en Tokio duermen en nichos. Además las huelgas japonesas provocan beneficios empresariales y apenas tienen días de vacaciones, sólo falta que hagamos la reforma laboral mirando también a Japón. Ah, se me olvidaba. Ellos, los japoneses, también se suicidan más que nosotros. Bueno, aquí, en eso también vamos mejorando, están aumentando las cifras de suicidas. Pues eso, que nadie se bese ni se toque, como en Japón. Sólo falta que elijamos qué ciudades queremos convertir en Hiroshima y Nagasaki, para que la OTAN pueda probar bombas del siglo XXI.

PD : Regresé de las vacaciones. Vuelvo a esta esquinita digital a encontrarme contigo, después de un mes. Espero encontrarte aquí cada día. No te diré hola. Aunque no lo escriba en cada artículo, piensa que cada día que te encuentre aquí te doy un abrazo, y un beso. Que se jodan los matasanos y los predicadores de las plagas.

Juan García Luján

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