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Zerolo y su banquillo

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Su última aportación al catálogo del disparate isleño tiene la apariencia de emergencia nacional: urge debatir sobre el autogobierno, y hay que hacerlo ahora "o nos arrepentiremos". Resulta curioso apreciar esas urgencias en un líder de una formación insularista (lo del nacionalismo está aún por demostrar) que fundamenta sus principios y sus comportamientos en la más rancia tradición burguesa tinerfeña, con pago de tributo y pleitesía a una clase dirigente que -con leves lavados de cara- sigue siendo la misma que mandó durante el franquismo, luego con la UCD y ahora con ATI.

Le viene muy bien a Zerolo la situación de marasmo en la que se ha metido su coalición regional, CC, con claros síntomas de metástasis en Gran Canaria y en Lanzarote, con crisis en Fuerteventura y La Palma, y con replanteamientos muy severos en el Tenerife fundacional. Abrigado por esa manta del debate interno, de la reformulación del "nacionalismo canario", de las relaciones con el Estado, de las peregrinas comparaciones con Euskadi... el alcalde de Santa Cruz de Tenerife quiere ser, efectivamente, el "imán de la polémica".

Trata de atraer hacia sí todos los focos para que se hable de Miguel Zerolo como teórico de un nuevo nacionalismo, de un nuevo orden político canario, del político que no tiene miedo a nada ni a nadie, al que no le importa que le tachen de independentista. Como denuncian sus adversarios, pretende que se distraiga la atención sobre los verdaderos problemas que tiene Coalición Canaria y él mismo, acuciado por varios escándalos de corrupción política.

Lo siento, no me imagino a Zerolo en un banquillo de la Audiencia Provincial de Las Palmas, donde habría de juzgársele en el caso de que llegara aforado a ese momento procesal. Y mucho menos encerrado en una jaula de metacrilato como cualquier peligroso gudari etarra insultando a jueces o fiscales, a afectados por sus desmanes o a algún periodista.

En Canarias no se sientan en el banquillo los delincuentes de cuello blanco y acta de parlamentario, sean confesos o presuntos. Se sientan los peladillas, como Celso Perdomo, para quien el abogado de la Comunidad Autónoma ha pedido siete años y medio de prisión, o los funcionarios con santeras y escapulario, tipo Barreda, el de Turismo, al que le piden once.

Pero hace bien el alcalde de Santa Cruz en tenernos entretenidos de aquí a allá.

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