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La escopeta nacional

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Comprenderán que quienes no practicamos la caza mayor y hemos de contentarnos con la de bichos rastreros aunque correlones y de algún volátil ocasional, no podemos saber lo que hubo, si lo hubo. Hemos, pues, de atenernos las evidencias. Por un lado, la torpeza política que denota la metedura de gamba de Bermejo y Garzón; por el otro, su desmesurado aprovechamiento por parte de Rajoy para montar la escandalera y aliviarse un poco del agobio de las últimas semanas. Rajoy, ya saben, compareció arropado por la plana mayor del partido y anunció el rompimiento de relaciones con el Ministerio de Justicia mientras siga al frente Bermejo y la recusación de Garzón, que investiga la trama corrupta del PP, que es donde le duele.

Está Rajoy en su derecho, faltaría más, pero no debería utilizarlo para tomarnos el pelo, que somos muchos los llegados a ciertas edades que nos esforzamos para que no se caiga solo. Porque una cosa es que Bermejo y Garzón se den o no el pico y dos cosas la cantidad de testimonios, documentos y escuchas telefónicas grabadas por orden judicial que revelan prácticas corruptas en el entorno del PP; y la tercera cosa: atribuirle al Gobierno y a los psocialistas la responsabilidad de esas revelaciones cuando son resultado de la feroz lucha por el poder que se libra ahora mismo dentro del PP. Tanto este asunto de la trama corrupta que investiga Garzón como el otro, el del espionaje en la Comunidad de Madrid, que ha pasado a un segundo plano, se lo han guisado y comido entre peperos.

La escenificación de Rajoy, que compareció con toda su cúpula y personas piadosas, fue chunga. En la foto de familia aparecen muchos de los que le mueven la silla, filtran informaciones o protagonizan largos e irreconciliables enfrentamientos. Una temeridad la de Rajoy darle la espalda a semejante tropa para asegurar que no hay trama del PP sino contra el PP dispuesta por los psocialistas y ejecutada por las instituciones del Estado de Derecho. Que deben ser más fuertes de lo que pensábamos porque aún no han logrado hundirlas, por más que sigan en el afán.

Son populares quienes denuncian y conspiran contra sus compañeros de partido, pero interesa a Rajoy culpar a los psocialistas y al Estado de tantas tribulaciones cainitas. Como un Soria cualquiera, oye. Insistió en que las causas abiertas van todas contra gente del PP cuando hay también buen número de alcaldes y ediles psocialistas cogidos con las manos en la masa o cerca de ella. Pero son asuntos menos notorios porque no alcanzan a la cúpula psocialista como en el caso del PP.

No es ningún secreto que a Rajoy tratan los suyos de debilitarlo y quitarlo de en medio como sea. En Génova no descartan, todo lo contrario, que ande por los alrededores el mismísimo Aznar, que ya ha manifestado públicamente su disconformidad con las maneras de su sucesor.

En la foto de familia no figura Soria. Estaba de viaje en Cabo Verde. Por suerte para Rajoy porque, como indicaba ayer Juan García Luján, igual le arruina el número. No en vano tiene el ex macho acreditado que le es posible a un político no ya compartir unas horas de caza y tiros, sino viajar durante días invitado por un empresario que está pendiente de él para rematar un negocio sin que eso influya en la decisión última.

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