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Otro guiso de Tony Blair

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El mundo al revés, según la versión de Blair sobre la situación actual. Bush se está quedando solo o acompañado por algunas presencias testimoniales, con la excepción de Australia, cuyo primer ministro se empeña en llevarle la contraria a la opinión pública nacional. Empezaron por abandonarlo los españoles, después tocó el turno a húngaros, búlgaros, japoneses e italianos. Dinamarca volverá a casa en agosto con sus 750 militares, aunque enviará a cambio algunos helicópteros para tareas de reconocimiento. Lituania tiene previsto hacer lo mismo, también en agosto. Y probablemente otros estarán de vuelta a casa antes de diciembre, justo cuando Polonia y Corea del Sur replegarán a sus soldados. A pesar de este goteo políticamente significativo a la luz de los resultados sobre el terreno, Blair considera que su propia retirada constituye un éxito porque el ejército iraquí está tomando el mando de las operaciones en Basora. Ese fue el cuento transmitido a la prensa y telefónicamente a Bush, cuyos portavoces mostraron su comprensión y acuerdo con la medida. Pero, ¿acaso podían decir alguna otra cosa desde Washington sobre su principal aliado, como por ejemplo reconocer la defunción de la coalición salvadora? Las movilizaciones contra la guerra en el Reino Unido no existieron para el primer ministro, ni los consejos de los militares destinados en Irak. Tampoco la advertencia de altos mandos que señalaron la oposición de la población iraquí a unos militares británicos contemplados como fuerza de ocupación en lugar de un mecanismo destinado a la pacificación. El guiso consiste en presentar avances en la pacificación de Irak, además de contentar a los laboristas y a Bush al mismo tiempo. Lo intenta, aunque en realidad se va pero se queda hasta 2008 y siempre estará a disposición de la lucha mundial contra el terrorismo. Tony Blair mostró convicción durante su intervención parlamentaria. Pero el guiso esta vez no hay quien lo pueda comer porque la triste realidad iraquí le echa demasiada sal. El ejército iraquí tardaría 48 horas en disolverse bajo la presión de la insurgencia sin la intervención extranjera. Ni en Bagdad ni en Basora la soportaría. Bush envía 25.000 soldados más, solicita miles de millones al Congreso (y recoge cada día más cadáveres y más destrucción, además de la desarticulación social de Irak) porque el país se ha vuelto incontrolable tanto para los 152.000 soldados destacados allí con los nuevos refuerzos como para los soldados de Bagdad. Esta es la verdad que nadie está en condiciones de ocultar. Tampoco hábiles oradores capaces de colocar el mundo al revés y dispuestos a presentar una derrota histórica como victoria, o como un paso hacia ella. Lo dicho. A destacar, sobre todo, que también el Reino Unido comenzó el repliegue de sus tropas. Irak necesita la salida de todas las fuerzas de ocupación. O sólo quedará tierra quemada para las próximas generaciones.

Rafael Morales

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