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Ese no soy yo

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Por más que me miro al espejo no veo la imagen de Australia Navarro, sino la mía, con barba de pocos días y el pelo corto y cano. En lo que sí coincido con la candidata popular es con el año de nacimiento. Pero por más que busco no encuentro otra imagen que la de un trabajador en precario que no confía en que ningún político o política vaya a crear en Canarias 100.000 puestos de trabajo, a no ser que también sean precarios y efímeros, como muchos de las que ya hay hoy. 

Yo soy tú, me dice Australia desde las antípodas, desde las paredes, los muros y las farolas. Yo soy tú, me dice desde los periódicos, las radios y las televisiones. Yo soy tú, me dice desde Internet y los sobres del PP (los otros sobres, los que no llevan dinero sino papeletas para votar y propaganda electoral). Yo soy tú, me dice. El burro delante para que no se espante. ¿Y por qué no "tú eres yo"? Más que nada para acertar al menos gramaticalmente. 

Por desgracia ningún político es igual, ni parecido, ni por asomo, a cualquier ciudadano de a pie. De entrada, cuenta con unos privilegios públicos que no tenemos ninguno de nosotros. Empezando por el sueldo, muy por encima de la media, y acabando por las colas. ¿Alguien ha visto alguna vez a algún político haciendo cola en Hacienda, en Tráfico o en el banco? No existen en la vida común y vulgar que llevamos el resto de los humanos. 

No, yo no soy tú ni tú eres yo. Somos muy distintos. No somos ni Australia ni Fernando ni Patricia ni Román, que llevan muchos años viviendo de la política y del sueldo público que les pagamos todos. Hay grandes diferencias entre ellos y nosotros. Vivimos en mundos distintos. En todo caso somos más parecidos a otros que a ellos. 

A veces parece que todos dicen lo mismo, todos prometen lo mismo, todos afirman lo que queremos escuchar en vísperas electorales. Hasta copian los eslóganes. El del PP ("yo soy tú") ya lo empleó el CCN hace ocho años. El lema del cambio que usan algunos partidos es tan reiterativo que ya lo usó Felipe González en 1982, hace 33 años. Si no sabemos crear nuevos eslóganes, ¿cómo coño vamos a crear puestos de trabajo?

Los candidatos se repiten a ver si picamos otra vez. Y lo peor es que muchos volverán a picar.

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