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Que no me llamen

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- No uses el móvil mañana, pásalo. O sea, que el mundo está lleno de incongruencias. El incremento de los precios de conexión convierte en una verdadera filfa la ley estatal que impide los redondeos y la presunta protección de los intereses del ciudadano se queda en una norma de buenas intenciones que choca con la pillería –o el pillaje- de las empresas. El ministro Solbes dijo el otro día que si llegara a comprobarse que los mentados operadores se han puesto de acuerdo para llevar a cabo la feísima jugada, serán sancionados económicamente. El vicepresidente tiene, a lo que se ve, mucho sentido del humor, aunque el chiste maldita la gracia que nos hace. Incluso en el caso de que, efectivamente, se multase a las compañías, el importe de la sanción no perjudicaría demasiado el montante de sus ganancias. Esas cosas no se arreglan con sanciones, sino con prohibiciones y acciones legales contundentes. O sea, que ni el Ejecutivo va a actuar para que no se le rían en sus barbas –las carcajadas las pagaremos los ciudadanos del común- ni los usuarios vamos a lograr nada de nada porque no nos telefoneemos hoy. No obstante y al margen de la inutilidad de la pataleta, de cuyo éxito final dudo bastante, sí me adhiero a la propuesta es, también, para vivir una experiencia singular. Veinticuatro horas sin móvil. ¿Cómo será eso?... El artilugio forma ya parte sustancial de nuestra existencia diaria, es un instrumento tan habitual en nuestro quehacer cotidiano que se diría ya una extensión de nosotros mismos. Perder el móvil, olvidarlo, que se te estropee, te lo roben o quedarte sin batería se considera, a estas alturas, un grave incidente, más bien un accidente, laboral y social. El telefonino, como dicen graciosamente los italianos, ha cambiado nuestras costumbres, a veces para bien y, otras, para mal. Por ejemplo, antes nos sabíamos de memoria los números de nuestros amigos, de nuestros familiares, de las gentes con las que debíamos comunicarnos con cierta frecuencia. ¿Quién memoriza ahora el teléfono de alguien?... En ocasiones, ni siquiera recordamos el del fijo de nuestros propios domicilios. Quizás, más que un día, nos vendría bien a todos, para recuperar la memoria y para liberarnos de una herramienta en cierto modo tirana, un Mes o un Año Sin Móvil. Eso, por otra parte, sí preocuparía a las operadoras de telefonía que, en estos momentos, deben estar desconjonándose de risa por la escasa incidencia que va a suponer para sus arcas el resultado de la jornada de hoy. Pero, bueno. A mí, ya digo, que no me llamen. Es una cuestión de solidaridad con el empute generalizado. Sólo eso.

José H. Chela

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