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La revancha de Guantánamo

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Digo todo esto por la tragedia a la que tiene que enfrentarse el Partido Popular y que amenaza con constituirse un impedimento insalvable para ocupar el poder: su propio pasado.

La sombra de Aznar es muy alargada y su pesada herencia se hace más insoportable en la medida que se apagan los restos de la estrella de George W. Bush y emergen los de Barack Obama. Otra persona, en la piel de José María Aznar, estaría escondida, tratando de hacer pasar desapercibido su fracaso político y personal. También para no hacer más daño a su partido. Con una chulería que recuerda los tópicos con los que muchas veces se quieren reprensar a los señoritos castellanos, Aznar envida más aunque no tenga cartas. Sencillamente se ha quedado sin naipes.

Los testimonios de colaboración con los vuelos de la CIA planean cuando el reloj de la historia marca la hora de pasar la cuenta por las ignominias de Guantánamo. Llegan tiempos de zozobra para los cómplices de la tortura cuando se demuestra además que buscaron los atajos contra el terrorismo que con tanto cinismo habían denunciado.

Y para colmo de soberbia y de frialdad, envueltos todos elementos en el acoso y derribo de Mariano Rajoy sólo porque no ha sido capaz de duplicar la dosis de intolerancia que recetó personalmente José María Aznar a la política española.

Los tiempos y los vientos soplan a favor de José Luis Rodríguez Zapatero que con no equivocarse de bulto va a tener siempre a su favor a una mayoría de españoles que le apoyarán con la sola condición de que su victoria sirva para evitar que llegue al poder el partido que no ha sido capaz de hacer la autocrítica de la guerra de Irak y de las torturas de Guantánamo.

* Periodista y analista político de elplural.com

Carlos Carnicero*

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