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Yo no soy 'teocon', ¿y tú?

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Realmente los teocons nacen en Italia, en alusión directa a lo que se llama también neocons (corriente de pensamiento conservadora radical, que defiende a ultranza el individualismo y el liberalismo económico), de la mano del presidente del Senado, Marcelo Pera, amigo del ex presidente Aznar López. Tanto teocons como neocons son fundamentalismos que actúan en coalición, y así lo hemos visto en la congregación de la madrileña plaza de Colón.

Encontramos de nuevo a las tres derechas en acción: la mediática (no olvidemos a los radiopredicadores de la COPE), la política y la religiosa. El discurso teocons suele basarse en varios ejes: el teológico, el político, el moral, el económico, el científico y el religioso. Quiero hacer especial mención al moral, donde esta corriente por la recuperación de los valores de occidente, la auténtica Europa cristiana, católica, apostólica y romana, se sigue agarrando a postulados decimonónicos. Lo que si han conseguido es arrinconar a los sectores más moderados de la Iglesia, entre los cuales podríamos citar al mismísimo Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, y Obispo de Bilbao.

Se mantiene su rotunda oposición al uso de métodos anticonceptivos y a las relaciones prematrimoniales. Entienden el matrimonio como la unión indisoluble entre el hombre y la mujer, condenando las uniones de hecho y el matrimonio entre homosexuales y negando el acceso a la eucaristía a los católicos divorciados que han vuelto a casarse. Son contrarios al empleo de técnicas que contribuyen al bienestar, la salud y la felicidad de los seres humanos, como la investigación con células madre embrionarias, la reproducción asistida y la clonación terapéutica. Expresan su rechazo a la eutanasia. Y todo ello con un discurso abstracto a favor de la vida, que a veces se contradice con la libertad individual y con el derecho de todo ser humano a una vida y una muerte dignas.

Y tanto que se contradicen. Salta a la vista la doble moral con la que estos miembros muestran sus ideas. Tal es el caso de las declaraciones de monseñor Bernardo Álvarez, Obispo de la Diócesis Nivariense porque según este prelado, la homosexualidad no es más que una situación que perjudica a las personas y a la sociedad, además de apostar por 'reorientar' esta opción sexual. Y como no se contenta por tales afirmaciones, sigue alimentando el fuego del infierno aludiendo la existencia de menores de 13 años que consienten los abusos, llegando, incluso, a provocarlos. En este sentido, y volviendo a la doble moral de la Iglesia, le preguntaría a monseñor Álvarez y a estos teocons si tales afirmaciones son igual de válidas para justificar los escándalos de pederastia ocurridos en diócesis como las de San Diego, Boston, Los Ángeles o la mismísima catolicísima Dublín. ¿O es que monseñor Álvarez es teocon?

Por mi parte, monseñor Álvarez, y señores teocons, comentarles que no me avergüenza manifestar mi educación y formación cristiana; que me considero parte de una familia cristiana y católica. Que, además, mis hijos reciben una formación cristiana. Pero hoy nos sentimos defraudados, porque los valores que "aprehendemos" son los valores de la tolerancia de cualquier forma y modalidad de familia que viva en el amor y en el respeto. Es más, la propuesta cristiana puede humanizar el amor entre el colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Es un planteamiento humanizador de respuesta a una situación de discriminación histórica que han sufrido las personas de este colectivo.

Enseñamos la tolerancia ante la inmigración ("fui extranjero y me acogisteis"), ante una Canarias verdaderamente intercultural, en Paz, y cercana a los mas desfavorecidos, a los sectores peor tratados de esta sociedad. En definitiva, apostamos por el Evangelio, donde no se habla de la ruptura de España ni de la Educación para la Ciudadanía. Habla de respeto, de paz , y de amor. Y todo, desde el diálogo y la moderación. Fundamentalismo como el vivido en Madrid en más de una ocasión, y curiosamente coincidentes con la legislatura de Rodríguez Zapatero, deben ser rechazados por todos. Y más aún, si nos consideramos parte de la Iglesia con mayúsculas.

(*) Antonio Hernández Lobo es profesor de Enseñanza Secundaria y director del IES Faro de Maspalomas.

Antonio Hernández Lobo*

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