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¡Viva la gente!

Ignacio Urquizu, profesor de Sociología en la Complutense, sobre Podemos: "El liderazgo no consiste en dar siempre la razón a la gente. Ser sensible a la opinión pública es una condición necesaria pero no suficiente"

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Uno de los elementos novedosos de la actual convulsión política es el recurso a la gente. Ya no se habla de las masas, el pueblo o la clase obrera. La gente a secas. Lo dice Podemos: "El Poder no tiene miedo a la izquierda sino a la gente". Se lo he escuchado también a Ganemos: "El objetivo es que Ganemos Las Palmas de Gran Canaria sea como la gente quiera".

En primer lugar es más que dudoso presentar a "la gente" como un total, como una comunidad de intereses. Las sociedades son muy complejas y se producen en ellas conflicto de intereses.

Gente son las personas que limpian nuestras calles y plazas o los profesionales de la enseñanza o la medicina, deportistas, policías locales y cineastas. Pero también especuladores financieros, ejecutivos de grandes empresas, depredadores del territorio y el medio, maltratadores o miembros de la patronal que desean el despido libre y el fin de los derechos laborales.

Gente son los que defienden la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, el matrimonio homosexual, la vigente ley del aborto, la sanidad universal o una educación inclusiva. Pero también los que, desde cualquier estrato social, se oponen a esos avances por razones político-ideológicas o religiosas.

Como bien señala Ignacio Urquizu, profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de la Fundación Alternativas, en su artículo, publicado en El País, ¿Por qué tiene éxito Podemos?, "sería un error pensar que esta forma de hacer política es la correcta. El liderazgo no consiste en dar siempre la razón a la gente. Ser sensible a la opinión pública es una condición necesaria pero no suficiente".

Si funcionáramos solo en base a lo que la gente piensa no se hubiese aprobado la ley del matrimonio homosexual, que en ese momento no era sentida como una necesidad por la mayoría de la población española. Ni tampoco la actual ley de plazos en la interrupción voluntaria del embarazo. Y, en otros momentos, podría haber significado abanderar la cadena perpetua o la expulsión o, al menos, la restricción de los derechos a las personas inmigrantes.

Leninistas

Probablemente no se trate a estas alturas de la historia de defender el modelo de partido de vanguardia leninista que dirige y conduce a las masas. Pero tampoco de convertir a los partidos en unos entes completamente pasivos, despojados de cualquier elemento ideológico y sin proponer alternativas a los pequeños y grandes problemas sociales.

En ese sentido, Imanol Zubero, doctor en Sociología y profesor titular en la Universidad del País Vasco, destaca en ¿Una tormenta perfecta?, artículo publicado en la revista Galde, que los partidos se han convertido en puras máquinas de acumulación de poder. Y plantea que uno de los procesos a afrontar es "la pérdida de densidad ideológica que ha hecho que se olviden de su función educadora-transformadora de los intereses y preferencias de la población".

Teresa Rodríguez y Pablo Echenique, en la Asamblea de Podemos en Vistalegre. / Marta Jara

Teresa Rodríguez y Pablo Echenique, en la Asamblea de Podemos en Vistalegre. / Marta Jara

Por su parte, Ignacio Urquizu asegura que Podemos es una formación populista. "¿Por qué? Dice lo que piensa la gente. En el fondo, Podemos es un partido hecho a golpe de encuesta. Su relato coincide con lo que opina la mayoría social. Por eso criticarle acaba siendo contraproducente, se puede asociar una crítica a esta formación política con una crítica a la ciudadanía".

En los últimos años hemos visto como arreciaban las críticas a la política y los políticos, convertidos en el eje del mal, mientras había escasa autocrítica sobre las responsabilidades individuales y colectivas del conjunto de la sociedad. Como si fuera factible una sociedad integrada por ciudadanos y ciudadanas intachables y sus representantes, los políticos, completamente inútiles y corruptos.

Eugenio del Río, en su libro De la indignación de ayer a la de hoy. Transformaciones ideológicas en la izquierda alternativa en el último siglo en Europa Occidental, editado por Talasa, reflexiona sobre esa mitificación de la sociedad frente a los políticos, "como si política y sociedad fueran dos universos enteramente separados e independientes, siendo los políticos responsables de una situaciones desgraciadas en las que la sociedad no tiene ninguna responsabilidad. La sociedad se convierte en un espejismo, en una entidad ilusoria, etérea, en la que no es posible percibir lastres importantes".

Añadiendo Del Río que desde ese prisma se viene a plantear la idea de que los problemas no están en la sociedad sino en los políticos, "como si los políticos fueran una categoría homogénea y plenamente rechazable y como si la calle fuera la encarnación, también homogénea, de los mejores valores".

Crítica

Por último, otro asunto que ha originado debates es el comportamiento de los seguidores de Podemos en las redes sociales y en los medios de comunicación. Para el profesor canario José Pérez ( Podemos; mito y realidad), "si vemos los comentarios de simpatizantes de Podemos en publicaciones digitales es muy llamativo el rechazo a toda crítica, por razonable que pueda ser. Reaccionan igual ante una descalificación irracional que ante una objeción prudente".

Esto lo han sufrido y denunciado periodistas moderados y constructivos, como Carlos Carnicero y José Oneto -muy alejados del estilo provocador de Marhuenda o Inda, con los que suelen fajarse los de Podemos- que tras publicar artículos cuestionando algunas estrategias de los de Iglesias, han recibido todo tipo de improperios. Oneto llegó a afirmar en Twitter: "Si cuando hablas de "Podemos" no haces de palmero, aunque seas simplemente informativo, te crujen y te insultan".

El catedrático de Ciencia Política Ramón Cotarelo, en una reflexión recogida en Publicoscopia abunda en este aspecto y señala que "una formación que ha nacido criticando a los demás, no encaja bien trato similar y echa mano de los recursos habituales en los ventajistas de acusar a los críticos de mala fe, feas intenciones, abuso o connivencia con las fuerzas del mal". Denunciando su tendencia "a llamar fascista a quien les reprueba algo, ¿qué no harán en el hipotético caso de que tengan algún poder? Por eso, a la hora de exponer sus reservas y críticas muchos se sienten obligados a precederlas de protestas de lealtad, de afirmaciones de coincidencia y amor eterno".

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