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Tana, con tetraplejia y sin ascensor, condenado en un segundo piso en Arrecife

Hace seis años este joven sufrió un accidente y quedó tetrapléjico. Tiene una subvención para construir un elevador en su casa pero la vecina de abajo no se lo permite

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El joven Tana junto a sus padres. Fotos: Felipe de la Cruz.

El joven Tana junto a sus padres. Fotos: Felipe de la Cruz.

“Fue el 13 de agosto de 2010” , recuerda Tana con precisión. Costa Teguise, en la playa de las Cucharas. Estaba con unos amigos pasando un día de playa. Tenía veinte años y hacía mucho deporte: voley playa, lucha canaria, kick boxing…“Me tiré de cabeza y una ola se llevó el agua”. A él se lo llevaron al hospital. Estuvo ocho meses ingresado en Las Palmas y salió como entró, con una tetraplejia medular.

Desde entonces su vida se desenvuelve en los diez metros cuadrados de su habitación, en su cama. Ve la televisión, escucha la radio, se entretiene cuando le visita su sobrino o algún amigo, lee, escribe poesía, trastea con el ordenador y se comunica por facebook y whatsapp.

Le operaron el brazo izquierdo y lo puede mover bastante bien. Lleva tres años esperando que le operen el otro brazo. También le iban a operar de las manos pero como tardaron tanto en decidirse ya no le operaron porque la movilidad podía ir a peor. Tiene las manos encogidas y no se maneja bien. Le tienen que dar de comer pero sí puede escribir en el móvil y puede manejar la silla de ruedas él sólo.

El problema es llegar hasta la silla. Tana (Tanausú Hernández Domínguez, Arrecife, 1990) mide casi dos metros y pesa más de cien kilos, aunque no sabe el peso exacto porque no se puede pesar. De la cama a la silla le pueden pasar sus padres, Irene y Pedro. Pueden pasarle a la silla y llevarlo a la terraza a comer y a que le dé el aire, pero para bajar a la calle necesita más ayuda.

Desde que tuvo el accidente, las sesiones de rehabilitación han ido apareciendo y desapareciendo. Unos médicos dijeron que no había nada que hacer y otros le recomendaron que fuera a nadar y que hiciera rehabilitación. Desde mayo no le dan rehabilitación. “Los de la ambulancia se negaron a bajarme porque peso mucho”, dice. El único que puede con él, y a duras penas, es su hermano mayor, “pero ya tiene tres hernias discales y está todo el día pinchándose para el dolor”, dice Tana. Salió de casa a principios de diciembre al entierro de su abuela pero no sale de forma regular. Hay semanas que sale y otras que no.

Puedes continuar leyendo esta información en  Diario de Lanzarote.

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