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Entrevista | Abbas Fahdel

"La democracia no puede llegar a Irak con los tanques de una potencia extranjera"

La Muestra de Lanzarote estrena en España 'Homeland: Irak año cero', sobre la vida de los iraquíes antes y después de la intervención americana

"La mayoría de los terroristas son ladrones que antes robaban y ahora siguen robando y matando en nombre del Islam", asegura el cineasta Abbas Fahdel

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El cineasta Abbas Fahdel

El cineasta Abbas Fahdel FELIPE DE LA CRUZ

Fahdel se aficionó al cine con sólo cinco años, gracias a su padre. Salió de Irak rumbo a Francia con 18 para estudiarlo, y aunque tuvo que trabajar en muchas otras cosas, consiguió doctorarse y hacer dos películas. No volvió hasta quince años después, en 2002, cuando ya se anunciaban los bombardeos y el inicio de la guerra. “Era mi deber volver a mi país porque sabía que iba a pasar algo pero no sabía cuándo, y por eso decidí regresar”, cuenta, apoyado en un muro del Charco de San Ginés.

Volvió a casa de su hermana, donde se había convertido en un mito para sus sobrinos, sobre todo para Haidar, de 12 años, que no se separó de él durante un año y medio. Ese es el tiempo que, cámara al hombro, estuvo rodando la vida de su familia, primero, y de los iraquíes después. Rodó antes de la invasión norteamericana para dejar un testimonio, porque no sabía lo que iba a pasar y rodó después porque sabía lo que estaba pasando.

Acumuló 120 horas de rodaje, que terminaron en el momento en que dispararon al coche en que viajaba con su familia. Haidar murió y lo que iba a ser una película se echó a dormir durante diez años, “un periodo de duelo” en el que fue incapaz de enfrentarse a las imágenes grabadas.

En 2013 comenzó por fin el montaje de 'Homeland: Irak año cero', una película descomunal, atípica y necesaria que se ha estrenado en España durante la quinta edición de la Muestra europea de cine de Lanzarote. La película dura casi seis horas, y está concebida en dos partes muy diferentes: la vida familiar esperando la guerra y las consecuencias posteriores. Fahdel no asistió a la proyección pero conversó con el público cuando terminó la película.

“Aún hoy no puedo ver la película. Sólo la he visto dos veces por cuestiones técnicas, para verificar que está bien, pero no puedo verla”. La película la protagonizan sus hermanos, sus cuñados sus sobrinas, su sobrino Haidar, algunos amigos y muchos iraquíes víctimas de la guerra y del caos.

La primera parte se rodó casi por completo dentro de la casa, porque aún persistía el régimen de Saddam y nadie habla, por miedo, de la dictadura. En la segunda, los iraquíes hablan abiertamente contra Saddam, a favor de él, y de la decepción que supuso la invasión americana por el caos, la violencia, la delincuencia y los ataques a la población civil.

-“¿Era mejor la situación con Saddam o después?”, pregunta un espectador al término de la película.

-“Eso es como elegir entre la peste o el cólera”- responde Fahdel, que asegura que “la situación ahora es peor que nunca porque los gobernantes están completamente corrompidos. Tengo miedo de que el país deje de existir. Ahora está dividido en tres partes: Bagdad, la región que controlan los kurdos y el Este del país que controla el Daesh, donde yo, como iraquí, ni siquiera puedo entrar”.

“El documental consiste en filmar la realidad, sólo grabas lo que ocurre”, explica, ya en privado, el director, que reconoce a dos directores como sus referencias en el cine de ficción: Roberto Rossellini y el japonés Yasujirō Ozu. “La intención de esta película era enseñar el rostro de los iraquíes porque la televisión sólo enseñaba el rostro de Saddam o el de Bush pero no lo que ocurría con los habitantes de Irak. Yo quería mostrar la realidad”.

Reconoce que la película no es comercial, sobre todo por su metraje, pero ya se ha estrenado en festivales de 25 países y se va a proyectar en Francia en los cines. Fahdel defiende la duración porque “si hubiera sido más corta, no podría reflejar la sensación de haber convivido con esas personas durante un año y medio, sería imposible”.

Respecto a la dificultad para que la película llegue al gran público afirma que “si fuera más corta tampoco habría garantías de que la fuera a emitir la televisión”. Hay un protagonista de la cinta que asegura que el país no puede funcionar con una democracia. “Era un defensor de Saddam Hussein -dice Fahdel-, pero lo que sí está claro es que la democracia no puede llegar con los tanques de una potencia extranjera”.

Afirma que no sabe cuál es la solución pero quien sí puede ponerla sobre la mesa es Estados Unidos que aún controla una parte del país, que sigue ofreciendo soluciones militares a un problema que no es militar. “Es necesario que Estados Unidos y la OTAN encuentren otro tipo de soluciones, pero no lo van a hacer”, señala.

Mientras tanto, los iraquíes se han acostumbrado a la guerra con una naturalidad que se refleja en la película. “Es terrible, mis sobrinas sólo han conocido la guerra, nacieron en esta situación y no conocen otra forma de vivir”. Y es una guerra que se está extendiendo: Siria, los ataques de París, Túnez, donde se encontraba Abbas Fahdel cuando los últimos atentados: “Los grupos terroristas crecen en las situaciones de caos”, dice.

-“¿Y esto es un problema de religión?”

-“No, la religión es un pretexto”. “Mi padre es suní y mi madre es chiíta y nunca ha habido ningún problema”. “Puede que alguno se haya radicalizado y se haya pasado a los terroristas porque mataron a algún familiar suyo pero la mayoría son ladrones que antes robaban y ahora siguen robando y matando en nombre del Islam”.

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