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Ashotel se delata

MARICHAL SALTA COMO UNA FIERA ANTE LA AMENAZA DE LOS 4 ESTRELLAS

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Marichal

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Nos resistíamos a darle la razón a José Miguel Bravo de Laguna y al selecto grupo de empresarios grancanarios que deploraban la Ley de Renovación y Modernización Turística del Gobierno de Canarias. Creíamos que su empeño en desbloquear la construcción de hoteles de cuatro estrellas era una vez más la ansiedad por urbanizar y echar a rodar las hormigoneras, en lugar de rehabilitar la vieja planta alojativa para cambiar aquel modelo que acuñó la isla en los setenta de hacer apartamentos en lugar de hoteles. Rechazábamos las invocaciones pleitistas de quienes aseguraban que esa ley del paulinato estaba teledirigida por el sector turístico de Tenerife, enrocado precisamente en su modelo de hoteles de cuatro estrellas, con el que aventajan sobradamente a sus colegas grancanarios, para de ese modo no perder posiciones y continuar como líderes turísticos. Todos nuestros argumentos en contra de esas posiciones se nos vinieron abruptamente abajo al conocer el comunicado que ha hecho público la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro (Ashotel), es decir, la poderosa patronal hotelera tinerfeña, que ha saltado como una fiera con el solo anuncio de que el Gobierno está dispuesto a negociar algunas excepciones a esa moratoria a hoteles de cuatro estrellas. Su planteamiento ha sido tan histérico como delator, es decir, se le ha visto el plumero de manera evidente. Con la excusa de que ya hay asociados suyos que se han embarcado en la noble empresa de renovar sus instalaciones en lugar de construir nuevos establecimientos de cuatro estrellas, y que para ese fin han firmado operaciones bancarias "que podrían peligrar", el presidente de esa patronal se adentra en el terreno del pontificado: "Lo que hace falta en el ámbito de las infraestructuras hoteleras es incrementar su calidad, una acción que, sin duda, derivará en una mejora de la rentabilidad de los negocios, no solo turísticos, sino también de otra naturaleza y del propio municipio donde se ubican. Si dejamos de rehabilitar nuestros establecimientos obsoletos y nos centramos en construir otros nuevos caeremos en la peligrosa dinámica de decadencia de nuestros espacios turísticos". Verdades como puños que en absoluto deberían conducirle a presionar al Gobierno para que no ceda ante las artimañas canarionas. Porque si sus asociados están rehabilitando sus hoteles será porque lo necesitan, hoteles que, por otra parte, en su mayoría son de cuatro estrellas, porque esa es la categoría reina en la provincia; y si son de tres, pues mira tú que bien, ahora van a pasar a cuatro gracias a esa misma ley que en ese aspecto seguro que no va a cambiar. Jorge Marichal, que así se llama este buen señor, asoma la patita sobre su influencia en la ley al asegurar que "espera que el Gobierno de Canarias no ceda a las presiones de un reducido grupo de empresarios turísticos empeñados en que la Ley de Renovación y Modernización Turística admita la construcción de hoteles de cuatro estrellas, cuyos proyectos no provengan de procesos de renovación" porque "confía en que el principal objetivo perseguido desde sus inicios por esta norma legal siga siendo la renovación de la planta obsoleta". En absoluto peligra en Tenerife la vocación de la ley, que es lo que debería preocupar al señor Marichal. Lo que realmente peligra y lo adorna con este planteamiento aparentemente tan pulcro, es lo que vienen argumentando desde la pérfida Tamarán, que afloren hoteles de cuatro estrellas que pongan en peligro el liderazgo en ese segmento que tiene su sector. Lamentamos haber creído en las buenas intenciones de la ley. Sus inspiradores la han encharcado.

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