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Clavijo no da ni una

El presidente se enchumba en todos los charcos en los que se mete: conferencia de presidentes, cambio de modelo económico (Fdecam), Ley del Suelo, carreteras, sanidad… y gobierno de Coalición Canaria

Tras poner a su socio en una posición límite, trata de que el PP de Antona le saque del atolladero, con lo tentador que resulta mandar a Coalición Canaria a la oposición por primera vez desde hace 25 años

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El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, en el Parlamento regional. (EFE/Cristóbal García)

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, en el Parlamento regional. (EFE/Cristóbal García)

A Asier Antona le ha bastado con quedarse quieto. Los astros se han alineado a su favor sin apenas ejercer el más mínimo movimiento: en abril se le vino abajo de improviso el gran timonel, y cuando muchos creían que la sombra de José Manuel Soria iba a amargarle la transición, los modales de los que le menospreciaban lo han hecho más grande. Tiene controlado el Partido Popular de Canarias y goza del apoyo inequívoco de Mariano Rajoy. Ha pacificado la mayoría de las rebeliones a excepción de los hermanos Bento, que se arriesgan a una inminente defenestración si no se están quietos. Fuera de las pugnas internas, el devenir del pacto de Gobierno en Canarias y las vicisitudes que atraviesa Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados le han colocado en una posición envidiable: puede elegir compañero de baile.

El que más le tienta es Coalición Canaria, en permanente trance de romper con el Partido Socialista Canario desde que empezó la actual legislatura. Clavijo se resignó a un pacto con el PSOE porque no daban los números con el PP, y esperando a que se despejara la incógnita de las Generales, ha jugado tanto con fuego que se ha convertido en un consumado pirómano. Su irresponsabilidad no solo espanta al socio socialista, sino también a cualquiera que tenga la tentación de arrimarse a él. ¿Es fiable Clavijo para cualquier acuerdo de gobernabilidad? Sus propios hechos le incriminan y parece natural que Asier Antona tampoco se fíe.

A favor del presidente del PP juegan los tiempos y el renovado poder de su partido en Madrid. Es importante el único voto de Coalición Canaria, el de Ana Oramas, pero mucho más lo son los del Partido Socialista, dedicado en cuerpo y alma a acordar con el Gobierno reformas tan decisivas como la Lomce, el salario mínimo o la aminoración de la ley mordaza.

Por lo tanto, puede elegir sin peligro a ser llamado a consultas por Génova.

Antona y Clavijo niegan haber estado negociando Gobierno alternativo al que el nacionalista mantiene a duras penas con el PSOE, pero es un clamor que ha habido negociaciones en todas las direcciones. Sin embargo, al líder palmero del PP le sigue siendo más rentable esperar a que todo esto caiga como fruta madura para a continuación decidir.

Irse con el PSOE supone romper con un viejo atavismo, más arraigado entre los socialistas que entre los populares, tradicionalmente mejores de boca para estos menesteres de los acuerdos de gobierno. En feudos como Gran Canaria han sostenido en el Cabildo a emblemas de la izquierda como el desaparecido Pedro Lezcano sin que se les torciera lo más mínimo el gesto, el mismo año (1991) en que pactaron con Ican y el CDS arrebatar la alcaldía del PSOE en Las Palmas de Gran Canaria en un vergonzoso pacto tripartito que acabó como el rosario de la aurora.

Pero actualmente los cálculos son otros, faltaría más.

Asier Antona sabe que en estos momentos se presenta una oportunidad histórica para propinar a Coalición Canaria un golpe de muerte tras 25 años ininterrumpidos en el machito: desaparecida en Gran Canaria, con graves enfrentamientos en Lanzarote, con disgustos graves en Fuerteventura, reducida a la insignificancia en La Gomera, La Palma y El Hierro, y con un cisma en Tenerife derivado precisamente de la pésima gestión que de los asuntos gubernamentales ha protagonizado Clavijo, la ocasión no puede ser más propicia.

Además, aliarse en estos momentos con Coalición Canaria requiere asumir a un presidente del Gobierno que es una auténtica calamidad. Sus empeños políticos se cuentan por fracasos, todos ellos acompañados de un atronador ridículo solo ensordecido por los medios de comunicación que tiene comprados con dinero público.

Su conferencia de presidentes, promovida como respuesta a la interinidad del Gobierno de Rajoy y al retraso legislativo por los dos procesos electorales vividos en España, se ha reducido a una cumbre con la presidenta de Baleares para hacer “frente común” contra la privatización de Aena ante la que su Gobierno no ha hecho nada en absoluto. Su Ley del Suelo sigue contando a día de hoy con el exclusivo apoyo de las organizaciones empresariales canarias de más rancio abolengo, mientras su consejera de Política Territorial y Medio Ambiente se muestra incapaz de sacar adelante el Observatorio del Cambio Climático que prometió en octubre de 2015. Una Ley del Suelo, por cierto, que empieza ya a rebasar la consideración de majadería legislativa para adentrarse peligrosamente en las procelosas aguas del Código Penal, a decir de la oposición, muy mosqueada con el destino de fondos públicos para la promoción publicitaria de una ley que todavía no ha empezado a tramitarse en el Parlamento.

Mientras sus antecesores, Adán Martín y Paulino Rivero, hicieron reconocibles esfuerzos por estructurar una Canarias equilibrada, solidaria y justa que superara los pleitos y las afrentas, su diseño de región es un disparate. Lo demuestra dramáticamente su otro engendro, el famoso Plan de Desarrollo de Canarias (Pdcan), producto del reparto de los fondos del extinto IGTE. Lo que prometía ser un revulsivo para el cambio de modelo económico del Archipiélago (y dos piedras) se ha convertido en lo que muchos nos temíamos: una fábrica clientelar de captación de adeptos para Coalición Canaria. Ya nos explicará el presidente qué tendrá que ver el cambio de modelo económico con la inversión en plazas públicas con parking subterráneo en municipios cuyos alcaldes son independientes y, por lo tanto, susceptibles de ser captados por su partido. O cómo se puede arengar a las masas proclamando que se acabó el insularismo cuando aplica una fórmula de reparto de triple insularidad con el que, en realidad, quiere hacerse con los favores del líder indiscutible de La Gomera, el ex socialista Casimiro Curbelo, con tres diputados decisivos en el Parlamento regional. La cachanchanada en su máxima expresión.

Para hacerse fuerte en su insularismo tinerfeñista, Clavijo no ha tenido mejor ocurrencia que refugiarse en las viejas afrentas pleitistas, para lo que ha contado con la inestimable ayuda de su lugarteniente Carlos Alonso, presidente del Cabildo de la isla. Ambos dirigentes, auxiliados de manera activa por la consejera de Hacienda, Rosa Dávila, han incendiado Tenerife de punta a punta con las carreteras y la sanidad para al final conseguir cabrear a propios y a extraños: se evidencia que los conflictos los han creado ellos mismos, se enquistan los problemas de ingobernabilidad en corporaciones locales, y se incumple con el pacto en cascada con el PSOE, al tiempo que se muestra una imagen de patetismo político que solo alimenta a los adversarios.

Pendiente de que el PSOE despierte, resuelva sus cuitas internas y active respuestas contundentes como la de arrebatar a CC la alcaldía de La Laguna (contra lo cual poco podrá quejarse Clavijo), el pacto vive sus días más inciertos.

La provocación es muy peligrosa, y si no fuera por la brecha ideológica entre el PP y el PSOE en la que se refugian Clavijo y su núcleo duro, el escenario es más que propicio para un “todos contra Coalición”. Al fin y al cabo es en Tenerife donde nacionalistas y populares se disputan en gran medida el mismo electorado, sin que en esa refriega el PSOE tenga nada que perder si consigue hacer morder el polvo a su socio (a su pesar).

En la platea contemplan regocijados la escena los demás partidos del arco parlamentario. A Podemos le vendrá bien cualquier ruptura en el tradicional status quo canario. Pero a Nueva Canarias se le puede presentar la oportunidad de su vida ante una eventual caída (vía censura o cuestión de confianza) de CC. No sólo tendría la llave de un Gobierno PSOE-PP, sino que se haría con el control absoluto del nacionalismo en Gran Canaria sin renunciar a la posibilidad de liderar la unidad nacionalista que los de Clavijo han sido incapaces de fraguar. Ya lo decía el clásico: lo mejor que tiene esto es lo malo que se está poniendo.

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