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¿Rajoy le consulta todo?

SORIA, ESE ORÁCULO

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En este contexto nacional tan esperanzador, el presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, se reunirá este miércoles con Mariano Rajoy en La Moncloa. Será una reunión interesante, vamos a dejarlo ahí, porque ni cabe esperar del presidente de España que se suelte por seguidillas ni de Paulino Rivero que se deshaga de la perica. Ambos están enrocados en sus respectivos posicionamientos y va a resultar difícil sacarlos de un par de lugares comunes y de alguna declaración de buenas intenciones de las más incomprensibles para el público municipal y espeso. Ya verán cómo expresarán la gran importancia que tiene el REF y la lucha contra el desempleo; lo decisivo que sería que la banca deje ya fluir el crédito, y el color verde cada vez más intenso de los brotes que empiezan a salpicar los informes macroeconómicos. Rajoy no aflojará ni un punto con las prospecciones petrolíferas ni con las tasas aeroportuarias, mucho menos con la cogestión de los aeropuertos canarios o con el cumplimiento de los convenios de fuerte carga inversora, como el de carreteras. Pasarán ambos dignatarios de puntillas por la reforma del Estatuto de Autonomía aplicando ese mantra que Soria repite: "A mí nadie me para por la calle para pedirme que cambiemos Estatuto de Autonomía". Si es cierto lo que ha dicho a El Día, lo mismo le repetirá Rajoy a Paulino porque, en palabras del señor ministro, "a mí Rajoy me lo consulta todo" cuando de Canarias se trata. Si es así debemos extender de inmediato al presidente del Gobierno la autoría intelectual y material de los estropicios realizados por su ministro isleño en este territorio ultraperiférico y archipielágico. Es verdad que el personal no incordia al Su Excelencia pidiéndole cosas tan esotéricas; como tampoco lo paran para pedirle que autorice las prospecciones a Repsol, que paralice las renovables, que quite a Canarias los dineros del Plan de Empleo, que suba la luz o que explique por dónde pasa el meridiano de Greenwich. Sí es verdad que últimamente ya ni lo paran para hablar con él, directamente lo insultan o lo abuchean, como le pasó el mismo día 5, el de su cumpleaños, por las calles adyacentes a Triana. En horas del mediodía tenemos registrados al menos dos incidentes que no pasaron a mayores. En uno de ellos, un grupo de ciudadanos le silbó y le gritó "¡apaga la luz!", y en otro, un hombre le llamó "sinvergüenza", a lo que el ministro, acompañado por su escolta, le respondió reclamándole que le explicara por qué. El ciudadano hizo lo que pudo pero apenas articuló un razonamiento sólido para sustentar su insulto. Los insultos no valen. Pero hay argumentos para definir al ministro de otras mil maneras, y ninguna de su agrado.

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