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¿Una patronal sin Lopesan?

Las presiones de RIU contra su competidor canario conducen a auténticos disparates en la dirección de la Federación de Hostelería y Turismo de Las Palmas

La compañía de la familia López no sólo se dedica a la hostelería, también es constructora, tiene la empresa más potente de catering y avanza hasta en el sector primario

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El presidente de la Confederación Canaria de Empresarios (CCE) de Las Palmas, Agustín Manrique de Lara; el presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT), Fernando Fraile; y el presidente de la Asociación de empresarios de Hoteleros de las Palmas, José María Mañaricua.

El presidente de la Confederación Canaria de Empresarios (CCE) de Las Palmas, Agustín Manrique de Lara; el presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT), Fernando Fraile; y el presidente de la Asociación de empresarios de Hoteleros de las Palmas, José María Mañaricua. Maspalomas Ahora

El Oasis de Maspalomas promete dejar más víctimas de las inicialmente previstas. Ya cayó en su día, víctima de los excesos de José Manuel Soria, el ex presidente del Cabildo de Gran Canaria José Miguel Bravo de Laguna, al que el ex ministro panameño envió a galeras por haber promovido el famoso expediente de Bien de Interés Cultural (BIC) de ese entorno junto al faro del mismo nombre. Bravo no cedió a las presiones de la mallorquina RIU, que debía tener al entonces ministro de Turismo bien cogido por los cachivaches hasta conducirlo a un enfrentamiento fratricida dentro del PP canario y a la incomprensión de un amplio sector del empresariado canario al abrir hostilidades contra el Grupo Lopesan. Soria ya no está entre nosotros (de momento, porque los vítores y las lisonjas no cesan) pero la semilla de rencor que dejó sembrada en el seno de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT) ha arraigado de tal forma que ha conducido a un auténtico esperpento en el seno de la gran patronal de la provincia. Que esta semana haya tenido que votarse, y haya prosperado por un escaso margen, la inclusión de Lopesan en la mesa directiva de la Confederación Canaria de Empresarios, y que la patronal turística haya amagado incluso con recurrir esa inclusión, rebasa cualquier tipo de lógica. Y no solamente empresarial.

 

 

¿Qué supone Lopesan?

Lopesan, bueno es tenerlo presente, no sólo es un grupo turístico de referencia nacional e internacional. Lidera el mercado de camas de titularidad canaria y tiene la mayoría del grupo alemán IFA, con hoteles en varios países del mundo. Pocos pueden discutir que ha logrado establecer en Meloneras unos estándares turísticos de tan alta calidad que deberían estar siendo ejemplo para todos los municipios canarios –empezando por el que le es propio, San Bartolomé de Tirajana- que crean firmemente en mejorar sus ofertas y ser más competitivos. Su actividad matriz, sin embargo, fue la construcción, división que mantiene abierta a pesar de la profunda crisis en ese sector. Además, ha hecho una importante incursión en el campo de la cocina industrial tras adquirir Vanyera y liderar en las islas el negocio del catering especializado en hoteles. Y de remate, acaba de hacerse pública su apuesta por el sector primario: Eustasio López supo convertir la necesidad en virtud, y allí donde un día hubo 60.000 camas turísticas clasificadas, ahora se levanta una enorme explotación agrícola de donde se nutren sus hoteles. Se trata del barranco de Veneguera, cuya propiedad total hace tiempo que adquirió al grupo Santander partiendo de un 25%. Con esa tarjeta de visita parece bastante marciano que la patronal turística le haya puesto la proa y haya intentado de manera más que zafia ningunear la representación institucional al grupo Lopesan en los órganos ejecutivos de esa propia organización y de la Confederación de Empresarios. Es necesario, por lo tanto, conocer los motivos.

 

Fraile y Mañaricúa. O viceversa

Al frente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo se encuentra desde hace años Fernando Fraile, un profesional de intachable trayectoria que ha sabido representar al sector más que dignamente durante la mayor parte de su mandato. No es patrono del sector, en el estricto sentido del término, pero pocas personas hay en España que lo conozcan con tanta profundidad. Moderado en sus pronunciamientos, siempre supo temblar las gaitas que habitualmente suenan desafinadas dada la imposible sintonía entre todos los gaiteros de la banda. Nunca se le escuchó a Fraile pronunciar ninguna estridencia contra ninguno de sus asociados ni contra nadie, aunque ha mantenido la firmeza que le es exigible frente a las instituciones y frente a los ataques externos que el sector pudiera recibir. Todo se quebró, sin embargo, al estallar la polémica del Oasis de Maspalomas, aunque sus diferencias con Lopesan haya que buscarlas previamente en las consecuencias primeras de la crisis económica del final de la pasada década, justo coincidiendo con el traslado de las oficinas de la patronal al señero barrio de Vegueta. Los grandes empresarios del sector lo abandonaron a su suerte porque quisieron dar por acabado el ciclo Fraile, y sólo una ardua tarea de recomposición logró su regreso a la casa madre. Una tarea que lideró, mira tú qué cosas, el actual presidente de la Confederación, Agustín Manrique, contra el que Fraile y compañía han cargado injustamente atribuyéndole intereses vinculados a Lopesan por ser miembro del consejo de vigilancia de IFA, un órgano que no es ejecutivo y por el que no se cobran emolumentos. ¿Quedaron desde entonces deteriorados los puentes? Es más que probable. En el entorno de Fraile se habla siempre de lo mal que le ha sentado el trato dispensado hacia él por el grupo Lopesan, que sin embargo destacó ante la patronal a uno de sus hombres más conciliadores, Santiago de Armas. Pero en ese corral hace tiempo que se escucha por encima de cualquier otra voz la de un gallo importante, José María Mañaricúa, vicepresidente de la patronal y propietario del grupo de hoteles Gloria Palace. Mañaricúa se ha convertido en la muleta de Fraile, y probablemente el que le ha conducido al precipicio de una jubilación inminente sin la unanimidad necesaria para los reconocimientos que hasta no hace mucho eran indiscutibles.

 

De fondo, Riu

Los pulsos que hayan podido librarse en el pasado entre Fernando Fraile y los grandes empresarios turísticos canarios han pasado a formar parte del anecdotario insulso frente a la posición escandalosa que la Federación de Turismo ha tomado respecto a la polémica del Oasis de Maspalomas. Aferrándose fuertemente a la defensa de la inversión, a la necesaria creación y/o conservación de puestos de trabajo, a la libertad empresarial y a la seguridad jurídica como argumentos, Mañaricúa y Fraile (tanto monta, monta tanto) han antepuesto los intereses de Riu a cualquier otra consideración (ambiental, social, política, e incluso turística) o equidistancia. No consta en ningún acta de las reuniones de la patronal que a ésta se le exigiera colocarse en los predios del presidente del Cabildo cuando se promovió el BIC del Oasis, ni cantar las excelencias de la primera propuesta que lanzó Lopesan (reordenación urbana de todo el sector del Faro, con la demolición de varios hoteles, incluido uno suyo). Sólo se le pidió a la federación que fuera prudente y no se inclinara por ninguna de las opciones en presencia. Pero Fraile y Mañaricúa desoyeron las instrucciones y los consejos y se lanzaron a proteger los intereses de Riu, esto es, la masacre del palmeral con la construcción de un inmenso hotel que sepultaría para siempre las opciones de recuperar ese espacio verde que fue arrasado hace décadas por la incompetencia y la corrupción de las autoridades locales y la desidia de la sociedad grancanaria, que ahora lo reclama. No consta ningún interés personal de Fernando Fraile en esa defensa numantina de la posición de la empresa de la familia Riu. Sí constan sin embargo los que tiene José María Mañaricúa: los dos hoteles Gloria Palace de Gran Canaria tienen garantizada su rentabilidad gracias a la contratación de TUI Alemania, participada en un 50% por los mallorquines.

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