Argumentos para la ilusión
Victoria mínima, pero ilusión máxima. El aficionado del Tenerife que escribe estas líneas se fue el domingo del Heliodoro con la satisfacción de los tres puntos logrados, pero también con buenas sensaciones y con la convicción de que el grupo que está empezando a definir López Garai está capacitado para ofrecer un curso mejor –mucho mejor, me atrevería a decir– que el anterior. Quedan algunos aspectos por pulir y conceptos por automatizar, pero la propuesta es atractiva.
También quedan muy pocos pasos –uno o dos fichajes, dos salidas obligadas... y ninguna marcha imprevista– para definir la plantilla definitiva (al menos en la primera vuelta). Y por eso, porque la propuesta merece la pena, el aficionado del Tenerife que escribe estas líneas rogaría a los dirigentes y empleados de la entidad que acertaran en una semana que va a resultar vital en la trayectoria del Tenerife 19-20. Intención de hacerlo bien es obvio que sobra, por lo que sólo cabe pedir destreza.
Me consta que el mercado marca sus propias reglas y que los deseos de los clubes o de los jugadores –muchas veces, en realidad, de sus representantes– no siempre se pueden llevar a cabo, pero creo que el Tenerife 19-20 genera tanta ilusión que hasta un defensor a ultranza de 'la política de club' cree que la entidad debería ceder en asuntos como la marcha de Dos Santos. Y que siempre será mejor perder dinero y reconocer errores que tener a un futbolista a disgusto en el vestuario.
Por el camino, queda evitar salidas imprevistas y completar el capítulo de fichajes. Los que saben, Víctor Moreno y López Garai, han anunciado la inmediata contratación de un extremo para cerrar la vía de incorporaciones. Los que no sabemos, un servidor y los colegas de cervecitas [las redes sociales de toda la vida, pero con mucho más valor que Twitter porque nos miramos a la cara y no hay perfiles falsos ni interesados], seguimos pensando que hace falta un delantero con gol y un central titular.
Porque el Tenerife-Numancia empezó a aclarar cosas como que, pese a sus dos errores de bulto, Sipcic es un central de primer nivel y puede ser una de las revelaciones del curso, que si Luis Milla tiene la cabeza en el césped es un mediocentro colosal, que la actual versión de Lasso explica por qué hace seis meses se lo rifaban media docena de equipos, que Malbasic puede sumar de delantero o pegado a una banda y que Suso jamás resta (y no falla un penalti).
Pero el partido del domingo en el Heliodoro también le dejó una gratísima noticia al aficionado del Tenerife que escribe estas líneas: Aitor Sanz ha vuelto. Y ha vuelto al nivel que tenía antes de una lesión que a muchos futbolistas hubiera invitado a la retirada. Y más aún, a un jugador que vivió toda su carrera del despliegue físico y que en un par de semanas cumplirá 35 años. Argumentos para rendirse tenía de sobra, pero no lo hizo. Y desde la grada hay que darle las gracias... y la bienvenida.
Y también hay que confiar en un Tenerife 19-20 que a día de hoy necesita retoques, pero no revoluciones, que tiene buena pinta y que ilusiona. Vale, al cuadro aún hay que darle varias pinceladas, pero parece bonito. Hasta el 2 de septiembre que se cierra el mercado hay que comprar los colores, los tonos y los materiales precisos para que López Garai pueda luego completar la obra. Falta mucho para acabar el curso, pero la semana que ahora empieza es decisiva. No nos quiten la ilusión.