La ansiedad gana al Tenerife, que solo va de punto en punto
El Tenerife camina entre la ansiedad y la contundencia perdida —delante y detrás— en este vía crucis en el que ha convertido el último tramo en pos del acenso. Da igual con quién se mida desde febrero para acá, ni hace buena su posición, ni obran los tropiezos del Celta Fortuna como una espoleta que le ahuyente los miedos. Entre dudas en las áreas y remates a los palos —hoy otro par a cargo de Dani Fernández y Maikel Mesa—, los blanquiazules repitieron errores gruesos y otro empate desconcertante.
Del 1-1 participó también un Cacereño notable que no se achicó pese al fallo grosero de Javi Barrio y la incompetencia del portero —luego redimido para evitarle goles a Fabricio y Mesa— que regalaron a Enric Gallego su temprano tanto. Con el Tenerife destensado, avisó primero Javi Ajenjo con una volea espléndida a la que llegó Dani Martín con una mano de igual factura, pero luego —en una segunda jugada con los centrales vendidos y los medios perdidas las marcas— Emi Hernández no perdonó. Bien anulado después, el 1-2 que no fue acabó de retratar la incapacidad del grupo de Cervera para defender en carreras de vuelta.
Entre lo de Gallego y el gol revisado, el Tenerife fue un ejemplo de ciclotimia en el que los picos altos no le rentan y los bajos le sobrexponen. Cervera recurrió este sábado al once más previsible del curso, al que volvieron Alassan y De Miguel. Para ocupar el sitio de Nacho Gil tiró otra vez de Iván Chapela, pero solo consiguió que el fantasma de Gil recorriera el Heliodoro entre una lluvia inclemente durante toda la primera mitad.
Fue lo que duró la actuación de Chapela. Llegó con la lluvia y se fue cuando el tiempo roló a nubes y claros. La nube, este jugador talentoso con la forma perdida. Por la izquierda, ni un mal servicio al área; por la derecha luego, desentendido de César, que necesita un socio con chispa y otra forma de entender el fútbol para jugar vertical.
Ausente de espíritu Gil y de facto Chapela, el Tenerife se quedó a lo que le diera el empuje Fabricio con las transiciones, los desdobles con César o Alassan o las caídas al área del brasileño, en la que estuvo cerca de firmar el 2-0, un remate mordido andando la media hora con el que asomó la primera mano buena de Quevedo.
Un rato antes ya se había roto Alassan, una rodilla quebrada en una mala pisada que le añadirá a los ausentes. Relevado por Noel López, la faena del gallego —salvo una conducción larga en el segundo acto que acabó con el tiro al larguero de Dani Fernández— descubrió el lío en las decisiones en el que vive con el balón al pie. En otro tiempo, sería carne de banquillo, pero Cervera debe de tenerle más fe que a Baldé, Jeremy o Cris Montes para ocupar su sitio. Nada que no se entienda.
El Tenerife se refugió en la caseta del agua y el runrún de un Heliodoro hoy más animoso. Sentó al descrito Chapela y al mismo Fabricio para dar paso a Dani Fernández y a Juanjo. Con el juvenil asociado con César fue por fin más incisivo, pero con el mediocampista extremeño perdió más que ganó su equipo. Haciendo dupla con Aitor, el equipo juega sin ocho o algo que se le parezca. Cuando tiene que arrancarse con una conducción le vienen las dudas y cuando lo hace, le falta caer al modo de Fabricio, un jugador definitivamente mejor llegador.
Los cambios, así, mejoraron al Tenerife mientras Dani Fernández fue protagonista y Aitor Sanz pudo manifestarse para dar un punto de colocación que atara al Cacereño en su campo. Cuando debió atacar por el flanco de Noel y David, aparecieron más nubarrones. Adentro más pronto Gastón que Maikel Mesa, solo con el lagunero anduvieron los locales cerca de matar el partido en dos acciones casi seguidas, antes con un cabezazo liberado, enfrentado a Quevedo, que el portero salvó con una buena mano; luego con una chilena de espaldas que superó al meta y se topó con el dichoso larguero.
Y hasta ahí. Con cinco más hasta el final y otros siete de prolongación, el Tenerife se perdió sin un Fabricio cualquiera que lo empujara. Gastón resolvió a empujones los duelos perdidos, el Cacereño se fue arriba a defender el empate y cuando dejó de oler la sangre, el partido se fue muriendo más cerca de Dani que de Quevedo.
Al cabo, otro empate que sobrealimenta la paradoja en la que viven el equipo y Cervera de un mes y pico para acá. Fue capaz de defender el coeficiente particular con el Celta y ha ganado distancia con el filial celeste, pero de punto en punto —y perdidas las virtudes— sigue directo a un ascenso por una vía que podría reducirlo al cumplimiento de una simple obligación desprovista de mérito.
Los que nunca dejaron de desconsiderar al entrenador afilan sus cuchillos entre tanto. Y los que solo viven para ver si el ascenso es en Ponferrada, Salamanca o San Borondón siguen con el jueguito de las cábalas. El Tenerife y estos arúspices, qué aburrimiento.
(1) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, León, David; Alassan (Noel López, 20’), Aitor Sanz, Fabricio (Juanjo, 46’), Iván Chapela (Dani Fernández, 46’); De Miguel (Maikel Mesa, 76’) y Enric Gallego (Gastón Vallés, 61’).
(1) CP Cacereño: Quevedo; Emi Hernández, Javi Barrio, Iván Martínez, Crespo, Joserra (Osama, 90+3’); Berlanga (Palacín, 71’), Diego Guti, Javi Ajenjo, Monerris (Sanchidrián, 46’) y Diego Gómez.
Goles: 1-0, 3’: Enric Gallego. 1-1, 28’: Emi.
Árbitro: José David Martínez Montalbán (comité murciano). Amonestó a David Rodríguez (57’), Dani Fernández (61’), Gastón (90+1’) y Aitor Sanz (90+1’); y a los visitantes Iván Martínez (5’), Crespo (29’), Emi (32’) y Diego Guti (90’).
Incidencias: Partido de la trigésimo primera jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Lluvia copiosa durante toda la primera parte. Estadio Heliodoro Rodríguez López, ante 12.523 espectadores.