Coger el Metro con los ojos cerrados: dos amigos llevan una década mapeando estaciones para guiar a ciegos en Madrid
“Hoy os explico cómo una persona ciega coge el metro para ir a trabajar, ¡acompañadme!”. Así comienza el paseo de Miguel una mañana cualquiera, desde el intercambiador de Moncloa. Solo que esta vez lo ha retransmitido en vídeo. Haciendo uso de un bastón plegable, lo primero es encontrar el podotáctil que le guíe hasta la entrada. Esta superficie rodea las estaciones con una textura en relieve, que permite orientarse a las personas invidentes o con alguna dificultad. Al comprobar la dirección de la cinta, lo siguiente es incorporarse con cuidado a las escaleras mecánicas y llegar hasta el andén. De camino se topa con alguna mesa de cafetería, colocada en plena ruta y dificultando el pase a quienes no pueden verla. Debe tener cuidado. Para saber qué camino seguir, saca su teléfono, ojea la pantalla y abre una app: Metrociego.
Miguel es Miguel Coello y uno de los fundadores, junto a Gonzalo Fuentes, de esta aplicación única, que ofrece instrucciones a personas con alguna discapacidad visual para guiarse por el suburbano y ayudarles en su recorrido. Ambos son amigos de la infancia. Se conocieron en el colegio y, recién cumplida la mayoría de edad, tuvieron una idea. Miguel le pidió a Gonzalo que le acompañara a una estación con muchas líneas cruzadas para ayudarle a orientarse. Como querían que recordara el camino para poder recorrerlo solo en el futuro, decidieron anotar cada paso e incluir anotaciones que puedan ayudar a un ciego.
Al acabar el día, decidieron volcar todos esos datos en una nueva aplicación para que otros también pudieran guiarse, y ayudar a más personas con problemas de visión. Eso fue en 2017. Ahora tienen 27 años y, desde entonces, han recorrido y registrado 180 estaciones de las 242 que existen, sin contar las rutas de metro ligero. En casi una década, han programado combinaciones para el 74% de la red de Metro de Madrid: únicamente en Sol, una de las paradas con más usuarios en su app, han dispuesto 108 combinaciones posibles y, en total, 3.417 para todo su sistema.
La aplicación solo funciona para Apple, aunque los usuarios de Android pueden acceder a ella desde la página web de Metrociego. Para orientar a los usuarios, utilizan la tecnología voiceover, una voz en off que emite el mensaje y guía hasta el andén. “Cuando empezamos la app yo recién entraba a la carrera de Ingeniería Informática, así que el desarrollo ha ido mejorando conforme aprendía cosas nuevas o las personas que la descargaban nos enviaban sugerencias”, narra Gonzalo, la otra mitad del proyecto. Actualmente, tanto él como Miguel tienen otros trabajos y eso impide una progresión continua. Pero también permite que el software sea abierto y gratuito.
En sus primeros años, pidieron una reunión con representantes de Metro de Madrid para trasladarles sus ideas, pero no llegaron a ningún acuerdo. “Nos dijeron que preferían apostar por soluciones más modernas, como barreras que se mueven automáticamente. Pero nosotros apostamos a conciencia por una opción rudimentaria: nos parece más fiable, y así lo demuestran los usuarios”, considera Gonzalo, que aun así considera “bastante eficiente” la red del suburbano en materia de accesibilidad para ciegos.
Las “peores” estaciones: Nuevos Ministerios, Sol o Plaza de Castilla
Pone un ejemplo. Como él no tiene ninguna discapacidad visual, cuando comenzó a recorrer las estaciones junto a su amigo invidente se dio cuenta de muchas cosas que, precisamente, Miguel sí notaba y para él pasaban desapercibidas. “Él siempre apuntaba anotaciones cuando venía un techo bajo o nos cruzábamos con algún músico tocando cerca de las escaleras. Yo no me daba cuenta de que era algo que les ayudaba, y por eso es complicado pedir ayuda a cualquiera para mapear más rápido”, explica. Aunque su plan es completar toda la red de Metro e introducir el código en la aplicación, se trata de una idea ambiciosa y con pocas manos para ejecutarla.
De momento, han avanzado. Hasta la fecha han registrado todas las estaciones de la ciudad en las que confluyen más de una línea. “Las peores, desde el punto de vista de un ciego, son las de Plaza de Castilla, Sol, Avenida de América, Príncipe Pío o Cuatro Caminos. Nuevos Ministerios es la más complicada y, a veces, hasta yo mismo uso la aplicación para orientarme”, confiesa Gonzalo, que sí destaca la cartelería entre las ayudas que aún resultan “insuficientes” para no perderse en la estación. “A veces, para llegar a otra línea, tienes que atravesar la L6 para llegar al otro lado y eso nadie te lo explica. También algunas anotaciones en braille eran incorrectas, y es normal: las personas que lo supervisan no siempre entienden el lenguaje y es difícil corregir errores.
Además, ellos conocen bien ese trabajo de hormiguita. “Cada semana, más o menos, nos reunimos para recorrer una línea nueva desde alguna estación distinta. Podemos estar una hora o más haciendo paradas y calculando las combinaciones, añadiendo claves útiles que luego lea el voiceover o pensando rutas en casa”, destaca el ingeniero, que ha introducido una vía de comunicación con los usuarios para que estos envíen errores o comentarios y el mensaje llegue a la bandeja de entrada de los administradores: “Queremos que, en el futuro, cada uno pueda guardar sus propias notas en una especie de carpeta personal y que cada persona pueda adaptarla a sus trayectos habituales”.
Cada mes suelen tener unos 1.000 usuarios activos. Aunque han llamado a algunas puertas, dicen que no han pedido directamente ninguna ayuda institucional para este tipo de proyectos. Todo lo financian con aportaciones de voluntarios y de momento no les parece mal que siga siendo así. “Estamos abiertos a cualquier aportación que pueda mejorar la app, eso seguro. Pero lo que no querríamos es perder el control de nuestra idea, que alguien nos dé dinero y se quede con el mando de lo que hacemos”, admite Gonzalo, que comparte con su compañero Miguel esta visión continuista.
“Sabemos que esto no es TikTok ni Instagram, no vamos a crecer desenfrenadamente. Aunque muchas de las indicaciones que aparecen en Metrociego pueden ayudar a otras personas que no tengan discapacidad visual, sigue siendo algo muy de nicho. Supongo que todo es buscar un equilibrio entre avanzar más rápido y hacerlo con calidad. Ahora mismo vamos a un ritmo razonable, pero manteniendo ese modelo colaborativo que tenemos Miguel y yo”, concluye, a la espera de cumplir un décimo aniversario que ponga rumbo a nuevas etapas.
0