La portada de mañana
Acceder
'Sánchez no está solo y su adversario ya no es Feijóo', por Esther Palomera
Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires: “El modelo de Milei está fracasando”
OPINIÓN | 'Un burka en Almendralejo', por Antonio Maestre

Gallego sacude los miedos y resucita al Tenerife

El Tenerife ganó al Arenas y a sus nervios o a sus nervios y al Arenas, tanto da. Apremiado otra semana por la victoria precedente del Celta Fortuna, arrancó el partido con seis puntos de distancia sobre el filial celeste y cayendo esta tarde de calima sin alisios agarró una victoria liberadora que lo coloca —ahora sí— a un paso del ascenso. El gol de Gallego muriendo el primer acto —una acción de pícaro llevándose la pelota en una indecisión de Paul Álvarez y Borikó y una definición salvaje— obró como un primer ansiolítico para un equipo que —oscurecidas casi todas las virtudes— se enredó en un encuentro espeso que solo el gol de Balde en el último sexto devolvió a la tranquilidad deseada.

Por el camino, antes del 1-0 y antes del 2-0, al Tenerife le movió la fe, le sobraron los errores y ganó por los detalles. Así, tres paradas de Dani Martín en remates que apuntaban a la tragedia, el tanto de Gallego surgido de la nada y el arranque de conducción vertical de Juanjo para asistir al desconcertante Baldé y su definición inapelable.

Todo lo demás llevó el trazo grueso de estos días, tan del Heliodoro, en los que la ilusión y el fatalismo mezclan mal, anulan al futbolista y reducen el fútbol a un juego de errores en los que nadie reconoce a nadie. Ausente el temple de Aitor Sanz y la imaginación de Nacho Gil, el Tenerife puso tanta voluntad como desacierto. Corrió como nunca y, al cabo, lo sostuvieron cuando peor lo pasó la solvencia de Dani y el despliegue de Juanjo, Fabricio y Noel López tapando por ellos y por los que menos se asomaron a la brega.

Cervera sorprendió en el once con la primera titularidad de Jeremy Jorge, conservó a Agüero como central izquierdo y recuperó como titular a Jesús de Miguel. Ausentes también de los cambios Dani Fernández y Maikel Mesa, las variaciones lucieron dentro del pánico en el que caminó el partido a ratos.

Tirado media hora de salida a la izquierda para cambiarse luego con Noel, el grancanario fue de nada a poco, más que luciera la voluntad. Cuando se decidió a arrancarse, le nació algún quiebro, agitó un punto el ataque blanquiazul, pero no llegó nada rematable a los puntas. En la misma oscuridad De Miguel, solo un cabezazo imposible y sin ángulo que le bloqueó Pablo García.

Los deméritos fueron extendidos en cuanto el Arenas tiró la presión arriba y el Tenerife se lio con la salida, los laterales superados por el escenario y los centrales incapaces de dividir. Perdidas las conexiones con los extremos, no encontró pasillos por dentro para que Fabricio —enorme en el desgaste, como Juanjo— conectara con los puntos ni llegadas en ventaja por los flancos con un último pase para finalizar en condiciones.

Hecho el manojo de nervios que apagó las conexiones y rebajó las prestaciones individuales a un nivel desconocido esta temporada, el partido no roló a un esperpento gracias a lo de Gallego, una acción de pillo que colocó en ventaja a los suyos justo cuando la primera parte casi había dispensado un segundo ansiolítico en la pausa.

A dos goles de entrar entre los diez mejores de la historia blanquiazul, primero perdió un control dentro del área y luego se le hizo la luz cuando Paul Álvarez y Borikó se dejaron el balón atrás. Gallego se la quedó, se arrumbó buscando un remate angulado y le salió uno de esos tiros suyos violentos que cogen altura y se vuelven imposibles de parar.

El 1-0 tranquilizó un punto al Tenerife y lo cambió de alambre, obligado ahora a defender la ventaja. Andado un cuarto de hora, Cervera sentó a Jéremy y a De Miguel, colocó a Baldé a pierna natural por la banda de San Sebastián y trató, en vano, de que Chapela hiciera de segundo delantero o de medio punta. Ni esto ni lo otro, sigue en un punto de lentitud que desespera, hoy solo matizado por la pausa que puso esporádicamente.

Baldé, en cambio, respondió como el jugador imprevisible que es. Tanto llega tarde a una marca, equivoca una carrera o pierde una pelota fácil, como le asoma un punto de letalidad curioso. El de hoy tras errar un pase, volver a recuperar el balón y dejarlo a los pies de Juanjo, que se arrancó con una carrera furiosa por la calle del ocho, casi estorbado por el mismo Baldé, que cayendo al área en el desmarque resolvió la jugada con un remate seco, inapelable como el que le endosó al Celta en la goleada de la primera vuelta.

Con el segundo de Baldé, se quedó la calima y se diluyeron los miedos. Se citaron los jugadores con el Frente Blanquiazul y tornó el pospartido en una especie de ensayo de celebración anticipada de lo que está por venir. Podrá ser en una semana en Ponferrada, el primero de mayo en el Heliodoro o luego en Salamanca, pero visto este triunfo sanador ante el Arenas, sin duda será.

(2) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, León, David; Noel López (Gastón Vallés, 79’), Juanjo, Fabricio, Jeremy Jorge (Baldé, 59’); De Miguel (Chapela, 59’) y Enric Gallego (Ulloa, 84’).

(0) Arenas Club: Gastesi; Santi Borikó (Carlos Mattheus, 66’), Paul Álvarez (Mutilva, 80’), Pablo García, Zabaleta (Jon Merino, 72’); Mathieu (Óscar Bazaga, 66’), Verde, Zabala, Collado (Julen Lartitegi, 72’); Álvaro Vázquez y Jesús Vizcay.

Goles: 1-0, 42’: Enric Gallego. 2-0, 82’: Baldé.

Árbitro: Gonzalo González Páez (comité madrileño). Amonestó a David (24’); y a los visitantes Jesús Vizcay (26’) y Álvaro Vázquez (51’).

Incidencias: Partido de la trigésimo tercera jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Tarde plomiza con calor y calima. Estadio Heliodoro Rodríguez López, ante 13.399 espectadores.