eldiario.es

9

Confesiones de un birria

o confieso: no soy objetivo cuando escribo del Tenerife. Es mi equipo y me ha regalado tantas alegrías que el agradecimiento será eterno. Y eso me obliga a quererlo como si fuera ese amigo del que valoras sus virtudes y disfrutas de su compañía. Y del que rara vez reparas en sus defectos (si los tuviera). Y desde luego, con el que no me hago sangre si comete errores. Acepto que existan otras formas diferentes de querer y de aproximarse –incluso desde el odio permanente o el interés espurio– a un equipo de fútbol, pero no son las mías. Sigo viendo el fútbol como un juego, un deporte o un entretenimiento, no como algo vital. Y a mi equipo como un elemento gratificador, no como una vía para dar salida a frustraciones de todo tipo, tengan que ver o no con el fútbol y con el Tenerife.

Así que si lo que buscan en este texto son brutales críticas, exigencias inmediatas de dimisión, crueles insultos o burlas de todo tipo pueden dejar de leer. En esta columna no van a encontrar –ni hoy ni nunca– reproches despiadados a dirigentes, técnicos o jugadores... salvo que encuentre maldad en sus comportamientos. Y en Concepción, Moreno, López Garai o la actual plantilla blanquiazul no veo mala intención. Todo lo contrario. Sigo creyendo en el Tenerife 19-20. Y el partido en Anduva, pese al empate a cero, me hace seguir confiando en un proyecto bien construido y que, así lo pienso, puede dar muchas satisfacciones en esta misma temporada o en la próxima. Y que, sinceramente, para llegar al éxito puede necesitar ligeras modificaciones, pero no gigantescas revoluciones.

¿Y que es lo que necesita este Tenerife 19-20? Pues fundamentalmente, paciencia. Y paciencia desde la tranquilidad, no desde el histerismo enfermo que a veces invade el entorno blanquiazul. Porque el grupo que dirige López Garai hace más cosas bien que cosas mal. Es verdad que la plantilla es mejorable, que el técnico ha podido cometer errores en la dirección de los partidos y en la gestión del grupo y que los jugadores han tenido muchos fallos de valor gol que han costado puntos, pero detrás de todo ello hay un colectivo con mucho talento y más futuro, una idea valiente del juego, unos entrenadores que sienten pasión por su trabajo y por la entidad y un conjunto comprometido y sano, que cree en lo que hace, más allá de que los resultados puedan generar algunas dudas.

Y mientras llegan los resultados, ¿qué hacemos? Ustedes, lo que quieran. Está la opción de crucificar a López Garai, exigir la presencia de Dani Gómez, promover la idea de que Alberto ha sido castigado por ser canario y alimentar el intervencionismo de Moreno en las decisiones del entrenador. Yo prefiero disfrutar del camino y de un equipo que, lleno de dudas y urgencias, acude a Anduva y quiere ser protagonista, se adueña del partido durante ochenta minutos y, en los minutos finales, penalizado por su falta de pegada, sabe sobrevivir al arreón final de los locales para arañar un punto. ¿Poco premio? Puede ser, pero también lo veo como un primer paso para crecer como grupo y para saber que, si no comete errores graves, está capacitado para sumar en cualquier campo y ante cualquier rival.

P.D. Lo siento por los buscadores de sangre, pero sigo entendiendo que el fútbol no deja de ser un juego y el Tenerife un tipo del que me hice amigo porque lo quiero como es –aunque me pudiera gustar que fuera mejor persona– y no porque gana siempre. Y sí, llevo más de treinta años escribiendo del Tenerife y por simple interés personal debería preferir –y prefiero– que ganara mucho y estuviera en Primera División, pero no creo que le ayudara mucho si le exijo más de lo que me puede dar.

Seguir leyendo »

Las dinámicas y la irresponsabilidad

Los seis goles del Tenerife-Racing explican mejor que cualquier análisis las razones que han llevado al grupo de López Garai a la zona de descenso. Vistas las imágenes con detenimiento, la conclusión es tan sencilla como dolorosa: el Tenerife necesita hacer muchas cosas bien para marcar un gol, mientras que los rivales no necesitan hacer (casi) nada para batir a Ortolá. Y si un equipo entra en esa dinámica, cuesta mucho ganar partidos.

Volvamos al encuentro del domingo. El Tenerife marcó el primer gol porque, ante un rival ordenado, Bermejo se inventó una vaselina deliciosa para superar la línea defensiva visitante, que Malbasic acompañó con un control exquisito y un notable tiro cruzado para superar a Luca Zidane mientras un rival le acosaba. En definitiva: al menos tres acciones de muchísimo mérito y enorme dificultad para hacer el 1-0.

Y en el 2-0 pasó lo mismo: apertura correcta a la banda para Luis Pérez, buen control y gran carrera del lateral para llegar hasta la línea de fondo, capacidad para levantar la cabeza y acierto para poner un centro atrás, con ventaja para el llegador, que en este caso fue Álex Bermejo, que enriqueció la jugada con un soberbio zapatazo a la escuadra. O lo que es lo mismo: media docena de buenas acciones y una, el remate, sobresaliente.

El 3-1 también fue una acumulación de méritos. Y el gol se selló con una carrera agónica de Luis Pérez para meter un centro desde la línea de fondo al corazón del área, donde Lasso puso rúbrica a la acción con un soberbio cabezazo en plancha. A cambio, el rival marcó tres goles sin hacer (casi) nada. O algo que también tiene su mérito: aprovechar los errores del Tenerife. Los individuales y los colectivos en las acciones a balón parado.

La lógica dice que, con el tiempo, méritos y resultados tienden a emparejarse. Y eso invita a pensar que no se prolongará en el tiempo esta situación de tener que currase cada gol hasta el infinito... para ser penalizado con un tanto adverso al menor error. Pero las dinámicas son traicioneras. Y más si las alimentamos con acciones que transcienden del error individual y se acercan a la frontera de la irresponsabilidad. O la traspasan.

Y sí, han acertado, me refiero a la acción de Alberto en la jugada que originó el primer gol del Rácing. Ya sé que no fue el único jugador local que falló en el partido del domingo. Y que, por ejemplo, a Ortolá o Luis Pérez se les puede culpar en la acción del segundo tanto visitante. Y que Mazán al cometer una absurda falta y los dos centrales al no despejar un balón llovido son responsables del 3-3 definitivo.

Pero en todas esas acciones –y en muchas que se suceden a lo largo de un partido– se puede hablar de falta de acierto, falta de criterio o hasta falta de calidad. Sin embargo, creo que la acción de Alberto en la jugada que origina el 2-1 va más lejos: es una irresponsabilidad. No se equivocó al regatear a tres rivales en zona defensiva, sino que su error –fronterizo con la irresponsabilidad, insisto– fue el mero hecho de intentarlo.

Y como aficionado, confieso que estos son los errores que más me cuesta digerir. Admito con naturalidad que un futbolista falle un pase cercano, un centro sin oposición, un despeje sencillo o un remate a dos palmos del gol... Son acciones ligadas al acierto, el criterio o la calidad. Y no tengo nada que objetar si no se ejecutan con la máxima precisión. La irresponsabilidad me cuesta mucho más tolerarla.

¿Y qué considero una irresponsabilidad? Pues desde una autoexpulsión... a una sobrada como la que el domingo cometió Alberto y que al Tenerife le costó un gol y dos puntos. Y la posibilidad de romper una dinámica que amenaza con llevar al equipo a Segunda División B.

Seguir leyendo »

Juega fácil, Aritz

La crisis ya está aquí. Como suele pasar en estos casos, los malos resultados han acabado por llamar al mal juego y ya tenemos a un Tenerife lleno de dudas que pierde y vuelve a perder. Y para bendición de ese entorno tóxico que se alimenta de la entidad, ya se ha abierto la veda para pedir cabezas. La que se reclama con insistencia es la de Aritz López Garai, el entrenador, aunque la meta final, ya se sabe, es conseguir la de Miguel Concepción, eterno objetivo de estas tribus de jibaros inasequibles al desaliento.

Y aunque López Garai no sea el objetivo final, sí creo que es la solución al problema porque también considero que es el principal responsable de la errática marcha deportiva del Tenerife 19-20. Porque la plantilla actual es mejorable, como todas, pero si soy honesto conmigo mismo y no me dejo guiar por razones personales –porque no soporto la prepotencia cercana al godismo que algunas veces exhibe Víctor Moreno– estoy obligado a decir que el director deportivo ha construido un plantel con talento y criterio.

Seguir leyendo »

Una crisis sin (un único) culpable

El Tenerife tiene un problema con el Heliodoro que se ha convertido ya en crisis y que lleva camino de arruinarle el curso. Queda mucho, es cierto, pero los nueve puntos perdidos ante Fuenlabrada, Oviedo y Extremadura no van a volver. Y nueve puntos, por ejemplo, es la distancia entre una temporada ilusionante y un curso discreto. O entre una permanencia solvente y una salvación agónica... o un descenso, palabra que nadie quiere escuchar pero que cuatro equipos van a pronunciar la próxima primavera.

Además, esta crisis como local que atraviesa el Tenerife 19-20 tiene algunos elementos que invitan a pensar que pueden llevar al equipo a un laberinto de difícil salida. Y una de las claves, más allá de su origen difuso y sus complicadas explicaciones, es que no tiene culpables. O al menos, un único culpable. Ni en el mundo real ni en el imaginario colectivo, tan propenso a señalar un responsable definido al que endosarle todos los males. Esta vez no hay nadie a quién señalar... y eso complica la resolución popular del problema.

Ausente un chivo expiatorio –o un chivo explicatorio, que también funcionaría esta expresión– al que echar a la hoguera para tranquilizar conciencias, el Tenerife 19-20 se encuentra con que pierde, pierde y vuelve a perder en el Heliodoro sin que existan razones contundentes para justificar los malos resultados. Esta vez no hay un Serrano al que culpar de confeccionar una mala plantilla ni un inepto en el banquillo que permita aventurar una mejora espectacular en cuanto se produzca su relevo en la dirección técnica.

Seguir leyendo »

Lo siento, pero estoy ilusionado

Sé que las victorias del Tenerife son malas para el periodismo. O al menos, para el periodismo que se hace en esta Isla. Y es que, tras una victoria como el 1-4 logrado en Lugo, apenas hay 'temas interesantes': la suplencia de Milla, la no convocatoria de Naranjo, la casi total ausencia de canteranos en el once... y poco más. Muy poca gasolina para crear un incendio y generar ese estado de perpetua combustión que tanto gusta en el entorno blanquiazul. Muy poca 'chicha' para ocultar el éxito deportivo y seguir vendiendo esa teoría de que “todo es un desastre”.

Porque la realidad es que apenas hay material para que 'ardan' las redes sociales, esa situación tan idílica que convierte en 'opinión pública' lo que diga cualquier ciudadano anónimo –exista realmente o se trate sólo de un perfil falso e interesado– a través de un comentario más o menos inexacto, escrito habitualmente con varias faltas de ortografía. Un “buffff, lo que decía un fulano en el bar”, que antes tenía importancia cero a nivel periodístico, se consagra ahora como “la voz del pueblo” porque “Internet está que arde”. Y claro, si el Tenerife gana, Internet no arde.

Y que quieren que les diga, a mí me gustan las semanas en las que Internet no arde. Y en las que no hay 'noticias'. Me encantan esas semanas –aunque todo puede cambiar en tres días, que hay partido el miércoles– en las que no le damos mil vueltas a la indisciplina de Nahuel tantas veces vista en un campo de fútbol (lo que no quiere decir que el jugador haya hecho bien), a los naturales comentarios de López Garai sobre una acción que llegaron a ser calificados de 'acusaciones a Alberto' o a las opiniones técnicas de un accionista importante cuyos conocimientos futbolísticos son escasos.

Seguir leyendo »

Insistir, insistir... y corregir

El Tenerife 19-20 tiene un plan y un entrenador. Y pese al 0-1 ante el Fuenlabrada, el autor de este texto cree en ese proyecto. Y cree en la idea global puesta en marcha desde la entidad blanquiazul, en esa apuesta por futbolistas jóvenes, con más futuro que pasado, que deben ser importantes ya esta misma temporada y convertirse en la columna vertebral de un equipo que tiene como objetivo regresar más pronto que tarde a la Primera División. Y que quiere hacerlo con argumentos para que la aventura en la élite no sea efímera. O sea, en una situación económica saneada y con una plantilla con capacidad de crecimiento.

El autor de este texto también cree en un fútbol basado en la posesión del balón, en la construcción ordenada desde atrás hacia adelante y en el trabajo colectivo para generar situaciones de desequilibrio que permitan marcar goles y lograr victorias. En una plantilla sin un crack que gane partidos de forma individual, la idea de López Garai no sólo me parece la mejor posible, sino que entiendo que también está cercana a los nuevos gustos futbolísticos del Heliodoro. Y aunque soy consciente de que el 0-1 ante el Fuenlabrada duele, espero que la derrota no desvíe al Tenerife de una hoja de ruta que ilusiona a los aficionados.

Este domingo, por ejemplo, acudieron al Heliodoro más de once mil espectadores porque, a diferencia de hace un año, este curso hay una idea y un entrenador. Ha habido errores y es necesario efectuar algunas correcciones, pero Víctor Moreno y López Garai nada tienen que ver con el disparate en el que Serrano y Etxeberria instalaron al Tenerife 18-19. Por eso, aunque Concepción sea un presidente de gatillo rápido, confío en que tenga la suficiente paciencia para dejar crecer un proyecto que merece la pena... y la suficiente autoridad para exigir algunas correcciones. Porque la idea global es buena, pero hay situaciones que requieren soluciones.

Y a la hora de aplicar estas soluciones, la responsabilidad de Moreno y López Garai también está compartida. Porque el Tenerife no sólo necesita mejorar su plantilla, sino exprimirla mejor. Y limitado –como todos los equipos– por el tope salarial, no puede tener en la grada más de un millón de euros de forma permanente. Y eso obliga a activar a Dos Santos, Naranjo e Isma López –que es posible que juegue en Lugo por sanción de Mazán– o darles salida en enero. Cualquier decisión que se tome implica reconocer una equivocación, algo que no agrada a nadie en el vanidoso mundo del fútbol, pero perpetuar el error por no asumirlo es la peor solución.

Y ya en el día a día de partidos y entrenamientos, donde están las soluciones que se pueden aplicar de manera inmediata, también hay que insistir, insistir... y corregir. Porque la idea futbolística puede ser la correcta, pero López Garai también debe mejorar aspectos que van desde lo táctico a lo humano. En este último apartado, por ejemplo, es preciso recuperar a Sipsic, gestionar bien la insubordinación de Nahuel, activar a Shashoua cuando esté disponible, ser capaz de que Alberto entienda la reprimenda pública que se llevó tras su error en el gol del Fuenlabrada o hacer entender a los futbolistas las conveniencias de algunas rotaciones.

Y también creo que López Garai se equivocó en algunos aspectos más ligados a lo futbolístico que a lo humano. Me consta que puede resultar una herejía que un aficionado sugiera alguna recomendación táctica a un entrenador titulado que, además, convive con la plantilla diariamente. Sin embargo, sí debo decir que, como observador de todos los partidos del Tenerife, me extrañó que Álex Bermejo jugara cero minutos ante el Fuenlabrada, que Alberto abandonara el centro del campo para regresar a la defensa o que Nahuel y Moore fueran titulares. Y me duele que el experimento no saliera bien, porque creo que el proyecto merece la pena.

Y también creo, lo reitero, que no es momento de cambios de rumbo, pero sí de pequeñas correcciones.

Seguir leyendo »

Malbasic

Llámenme loco, pero sigo pensando que Malbasic es el mejor atacante del Tenerife 19-20. Ya sé que el grupo de López Garai ganó 0-4 en Albacete con goles de Bermejo, Mazán, Miérez y Dani Gómez, pero opino que el futbolista serbio es imprescindible en el juego ofensivo del equipo blanquiazul. Y sí, vi por televisión como el citado Filip desperdiciaba varias opciones de gol en situaciones muy ventajosas, pero continúo creyendo que su presencia sobre el césped es garantía de peligro. Y que su contribución a la victoria del domingo fue mucho más allá de fabricar el 0-1 a los treinta segundos de partido.

Ya sé que, muchas veces, al llegar al área, Malbasic toma decisiones equivocadas. Es cierto, pero por una vez coincido con el tópico ese que dice que “si además tuviera puntería, no estaría en el Tenerife ni en Segunda División”. Y conviene recordar que en sus malas elecciones rara vez hay un exceso de egoísmo. No culminó una contra en un mano a mano con el portero rival porque vio a Bermejo mejor situado y le pasó el balón. Y minutos después acabó estrellando el cuero en el cuerpo de Tomeu Nadal porque antes buscó a un compañero hasta por dos veces y se quedó sin ángulo al no haber línea de pase.

Y sí, llámenme loco, pero yo quiero a Malbasic en mi equipo, con sus virtudes y defectos, siendo más peligroso en el uno contra cinco que en el uno contra uno, con sus arrancadas llenas de fuerza desde campo propio y con media docena de rivales por delante o con sus fallos incomprensibles ante la portería rival. Porque con el atacante serbio sobre el césped siempre tengo la sensación de que puede pasar algo, de que es un generador de peligro incluso desde posiciones lejanas al gol. Y que corresponde al cuerpo técnico y a sus compañeros aprovechar las virtudes de un agitador que puede hacer mejor al equipo.

Eso sí, sabiendo que quiero a Malbasic en mi equipo, confieso que no sé dónde lo quiero. Porque tras dos temporadas tengo claro que el serbio es un buen atacante, de los mejores de la categoría, pero no sé si es delantero centro, segundo punta, extremo derecho, mediapunta, un jugador de banda izquierda... Pero más allá de esa indefinición, tiene una serie de virtudes que no conviene obviar: ofrece criterio para mejorar el juego, posee velocidad y desborde, es generoso con los compañeros, tiene buen disparo desde fuera del área, no va mal de cabeza y hasta ha mejorado su capacidad de sacrificio defensivo.

Y también corresponde al cuerpo técnico dar ese paso que puede hacer que Malbasic pase de “buen jugador” a “futbolista diferencial”: encontrar la posición donde se puedan exprimir las virtudes de un futbolista que, incluso cuando está peleado con el gol, es el mejor atacante del Tenerife 19-20.

P.D. La goleada lograda en Albacete –al igual que la sufrida en Ponferrada– me la tomo como un accidente. Eso sí, creo que la victoria fue merecida y que puede dejar réditos futuros a la hora de dar tranquilidad a Miérez y Dani Gómez, delanteros que tenían la necesidad de marcar. Y que también puede alimentar la confianza de Mazán, Bermejo o Lasso, autor de un partido descomunal. O alejar cualquier temor a Aitor Sanz, futbolista que merece el calificativo de ejemplar y ante el que me vuelvo a rendir porque, lo confieso por enésima vez, pensé que –más por desgaste mental que físico– nunca más vería sobre el césped. Eso sí, como conozco la historia de este peculiar equipo, también espero que este 0-4 no sea el motivo de esa tan habitual relajación masiva que cueste una dolorosa derrota en Elche. Avisados (por la historia) ya están.

Seguir leyendo »

Pedri: realidad y mentiras

Pedri fue el protagonista de los días previos al derbi canario. Y lo fue con sólidos argumentos: con 16 años, se presentaba en el Heliodoro como titular indiscutible de Las Palmas. Y eso ya es motivo suficiente para llamar la atención de cualquier aficionado, porque no es normal ver a un niño –o a un adolescente, si nos ponemos puntillosos– jugando con asiduidad en un equipo profesional. A la novedad, se le añadía un punto de morbo: Pedro González López, que así se llama Pedri, es tinerfeño.

Y de ahí nace una confusión que contaminó las vísperas del derbi. Y que dio lugar al pecado original. O a la mentira original: al Tenerife se le escapó Pedri. Pues no, no es verdad. Al Tenerife no se le escapó Pedri, ni lo echó, ni lo regaló... El Tenerife hizo una pésima valoración de la evolución del futbolista cuando era un niño –algo que pasa en los mejores clubes del planeta, incluso en aquellos con los mejores medios y los técnicos más reputados– y no le hizo un hueco en su cadena de filiales.

Pasados un par de años, observado su notable desarrollo como futbolista, el Tenerife quiso incorporarlo a su equipo cadete y Pedri desestimó la oferta blanquiazul: prefirió seguir jugando en su equipo, el Juventud Laguna en este caso. Al término de esa temporada, aceptó la propuesta de Las Palmas para incorporarse a su conjunto juvenil, con el que hace unos meses visitó la Ciudad Deportiva en el partido que coronó al Tenerife como campeón de la liga canaria de la categoría por primera vez en una década.

Esa mañana, Pedri dejó algún detalle –y un error grosero que a su equipo le costó un gol– y pasó inadvertido en la fiesta blanquiazul. Y ese anonimato, alternando el equipo juvenil con incursiones en Las Palmas C, de Tercera División, era su previsible destino... hasta que llegó Pepe Mel y le dio galones en el primer equipo durante la pretemporada y lo convirtió en titular en el inicio del curso. Y eso es lo anormal, lo que ha hecho Mel, no que un equipo hiciera una mala valoración sobre la evolución futbolistica de un niño.

Porque más allá de los méritos de Pedri, un proyecto de jugadorazo, la realidad es que el 'fenómeno Pedri' tiene un padre: Pepe Mel. Y que si Las Palmas va a obtener al menos cinco millones de euros de aquel niño de Tegueste, se lo debe agradecer al jugador, que es muy bueno, y sobre todo a un entrenador que apostó por él. Porque si no nos hacemos trampas al solitario, sabemos que, de haber estado otro técnico, el talento de Pedri estaría recluido en el equipo juvenil de Las Palmas. Y sería igual de bueno, pero no valdría cinco millones de euros.

Y si seguimos sin autoengañarnos, también sabemos que si el Tenerife hubiera valorado mejor la evolución de Pedri o el futbolista hubiera aceptado la oferta blanquiazul... ahora estaría brillando en su equipo juvenil. Porque lo extraño no es que haya niños o adolescentes llenos de talento, sino que un entrenador de un equipo de élite se atreva a darle galones en un conjunto profesional. Y eso está incluso por encima de la (habitualmente buena) labor de cantera que hacen los clubes y del (habitualmente notable) talento de los jugadores.

Curiosamente, el Tenerife tuvo ese entrenador que era capaz de darle oportunidades y continuidad a jugadores de la cantera. Y de 'fabricar' muchos millones de euros para la entidad blanquiazul. Y a ese técnico sí lo echó y lo dejó escapar. Y muchos que ahora se rasgan las vestiduras y piden dimisiones, celebraron su marcha. ¿Su nombre? Álvaro Cervera, que desde entonces se dedica a 'generar' millones de euros para un Cádiz al que cogió en Segunda División B. Y de repente, hasta lo lleva a Primera División.

P.D. Y del derbi, ¿qué? Pues no me disgustó el Tenerife, que creo que fue mejor en la primera mitad y supo leer el partido tras la expulsión de Milla. Pero que sigue sin gol. Y eso, tras detectar el problema hace ya muchos meses, sí que es grave.

Seguir leyendo »

Sipcic y diez más

El Tenerife 19-20 afronta este lunes un examen final. Es verdad que hasta el sábado no juega el derbi contra Las Palmas, pero es este lunes 2 de septiembre, día de cierre de mercado, cuando la entidad blanquiazul debe demostrar que tiene un proyecto y que las decisiones estratégicas vienen avaladas por una profunda reflexión y no por el resultado del último domingo. Si el pasado sábado el capítulo de fichajes estaba cerrado, me resultaría complicado entender que el lunes se acometiese una revolución por mucho que pueda doler el 4-0 padecido en Ponferrada.

El autor de estas líneas considera que el Tenerife 19-20 necesita un defensa central de alto nivel, un lateral izquierdo que mejore (en mucho) a Isma López o Mazán y un delantero con gol y con más pedigrí que Miérez. Dicho esto, el autor de estas líneas aclara que se sentiría profundamente decepcionado si el club enloquece el ultimo día de mercado en su intento de mejorar una plantilla que hace apenas 48 horas, tras cerrar la contratación de Nahuel Leiva, daba casi por cerrada en espera de concretar las posibles salidas de Ángel Galván y Mauro Dos Santos.

Y con independencia del gusto futbolístico que uno pudiera tener, el autor de estas líneas también se sentiría profundamente decepcionado si López Garai renuncia a sus principios y apuesta por un fútbol diferente, con un estilo distinto a la apuesta por el atrevimiento y el balón que ha defendido hasta ahora. Porque la única ventaja del Tenerife 19-20 respecto a versiones precedentes es que ahora hay un proyecto, que podrá gustar más o menos y que podrá tener los jugadores apropiados o no, pero que se ha construido desde la convicción y no a partir de la improvisación.

Sinceramente, creo que Víctor Moreno es un notable director deportivo... que hasta ahora ha hecho pésimos fichajes. O aceptables y hasta buenos fichajes que han tenido un pésimo rendimiento, lo que no es exactamente lo mismo aunque el resultado final sí sea igual. Y creo que detrás de todas esas aparentemente malas elecciones hay una idea, un criterio, un proyecto global, una apuesta plena de convencimiento y una hoja de ruta que con paciencia y confianza –dos palabras que no se acostumbran a usar en el mundo del fútbol– pueden llevar al éxito al Tenerife.

En la barra de un bar o en las redes sociales, tipos con cara o con perfiles falsos pueden presumir de ser más del Tenerife que el escudo y entre golpes en el pecho e insultos están en su derecho de pedir una docena de fichajes, que devuelvan a Sipcic a Croacia (aunque en realidad es serbio) y hasta de vaticinar un 0-5 favorable a Las Palmas. Es su papel. Están ahí para eso, para callar cuando las cosas van bien y dibujar el apocalipsis cuando hay un mal resultado. Y también están para que las personas responsables y que deben tomar decisiones no les hagan ni puñetero caso.

Nací en Tenerife, me hice del Tenerife desde niño y es obvio que deseo que mi equipo gane el derbi. Pero confieso que –con independencia de que yo piense que el Tenerife 19-20 necesita un lateral zurdo, un central y un delantero goleador– me haría especial ilusión que lo hiciera con su actual plantilla y con el fútbol que le gusta a López Garai, que fuera atrevido, que buscara sacar el balón controlado desde la portería, que no rifara la pelota al menor signo de apuro, que llegara al área rival con un estilo combinativo... y que un mal resultado no pusiera en duda un proyecto.
Y sí, me gustaría que jugaran Sipcic y diez más.

Seguir leyendo »

El difícil camino del optimismo sin puntos

Decía John Toshack, entrenador galés con amplio recorrido en España y en especial en la Real Sociedad, que tras un mal partido de su equipo siempre pensaba en cambiar a los once jugadores, que a la altura del martes ya consideraba que sólo iba a hacer cinco o seis modificaciones, que el viernes entendía que con dos-tres sustituciones sería suficiente y que “el domingo volvía a alinear a los once cabrones de siempre”. Con las dulces derrotas como la sufrida por el Tenerife en La Romareda tengo la sensación contraria: recién acabado el partido, pesa más el buen juego que el mal resultado... pero a medida que avanza la semana –y todavía estamos a lunes– decrece el optimismo que generó el fútbol blanquiazul y añoro los puntos perdidos en Zaragoza.

Es verdad que estamos en la primera jornada, pero creo que al Tenerife 19-20 le queda mucho camino por recorrer. Y que algunos de los pasos más importantes deben darse desde la secretaría técnica, porque el equipo transmite la sensación de estar incompleto. Y no sólo por carecer de esos “dos jugadores de banda con desborde y gol” que Víctor Moreno tiene previsto fichar desde hace semanas. Porque más allá de la esperada llegada de las dos grandes apuestas del verano, futbolistas llamados a marcar diferencias y que no pueden aterrizar en la Isla con el cartel de 'desconocido' o 'promesa', tengo la sensación de que el grupo de López Garai mantiene algunas deficiencias que le lastraron el curso pasado: falta de contundencia defensiva y ausencia de un goleador puro.

Porque acabada la pretemporada, el primer contacto con la realidad de la competición nos ha vuelto a mostrar un equipo al que le hacen gol con casi nada y que necesita mucho para marcar. O lo que es lo mismo, los ingredientes que invitan a sumar pocos puntos y coquetear con la zona de descenso. Es verdad que el fichaje de Ortolá mejora la portería y que la presencia de Aitor Sanz le da mayor solidez al mediocampo, pero el Tenerife 19-20 sigue siendo un equipo frágil, con carencias defensivas en la banda izquierda y en el centro de la zaga, donde Alberto parece inferior a Sipcic. Y también es cierto que Dani Gómez y Miérez no tienen complicado superar la aportación goleadora que el curso pasado ofrecieron Nano y Coniglio, pero la mejora se antoja insuficiente.

Seguir leyendo »