Ni 100 días, 30, y ya se adivinan las formas
Este domingo se cumplieron los primeros treinta días del primer gobierno de la era Rajoy, el que teóricamente estaba llamado a protagonizar un efecto milagro ante los mercados y a reducir a la mínima expresión en un tiempo récord las listas del desempleo. Los mercados siguen campando a sus anchas y ya se anuncian 5.400.000 parados para final de año. España va bien. La norma no escrita teóricamente obliga a otorgar a cada gobierno cien días de gracia, tiempo necesario para tomar posesión, sentarse en la butaca, formar un equipo, abrir los cajones, leerse los documentos, escuchar a unos y a otros y empezar a tomar las primeras decisiones. Pero la perentoriedad del momento y la personalidad arrebatadora de algunos de esos nuevos ministros, ha llevado ya a un amplio ramillete de decisiones, unas más justificadas en su urgencia que otras, otras más elocuentes que las de anteriores, que nos pueden ir dibujando de forma certera por dónde van a ir los tiros. Ya conocen las idas y venidas que han tenido algunos de los anuncios solemnes de Montoro o de Luis de Guindos, con las oportunas rectificaciones de Sáenz de Santamaría, convertida de pirómana de la oposición en bombero del Gobierno sin creerse todavía el berenjenal en el que la han metido.