Dragones de Lavapiés, ante la “emergencia deportiva” de quedarse sin campo: “Borran la huella de un fútbol por la igualdad”
Una de las entidades más volcadas en la inclusión y la dinamización de Lavapiés, barrio multicultural por antonomasia del centro de Madrid, se enfrenta a una situación crítica ante la falta de instalaciones donde desarrollar su actividad. Dragones de Lavapiés, club de fútbol base y aficionado cuya labor ha sido reconocida por el Consejo Superior de Deportes (así como LaLiga o FIFA), lleva meses con su campo inoperativo por unas obras del Ayuntamiento de Madrid. Ahora, una de sus sedes alternativas también queda fuera de juego.
Juan, vecino de Lavapiés desde hace 20 años, es padre de un niño de 8 años que juega en Dragones. Cuenta que desde que el terreno de juego de Embajadores, 18, quedó clausurado por obras gran parte de la actividad (sobre todo de los más pequeños) se trasladó a las canchas del cercano Parque Casino de la Reina. Pero en ellas también se está trabajando en una reforma municipal: “Hubo ya una recientemente en la zona infantil [cuya inauguración se postergó en su término hasta que los propios residentes tiraron las vallas para utilizarla], pero ahora se quiere actuar sobre las canchas, un área con problemas derivados de gente en situación de calle. Hay que tener en cuenta que no hay ni baño”, lamenta en conversación con Somos Lavapiés.
Defienden esa actuación, sí, pero critican los tiempos del Gobierno que lidera José Luis Martínez-Almeida: “Las obras del campo iban a terminar en febrero, pero ahora están abandonadas y deterioradas, con mucha suciedad. La alternativa del parque no era ideal por su falta de mantenimiento y sus insuficientes instalaciones, pero es que ahora nos empujan a la calle. En septiembre no sabemos qué pasará”. Los trabajos iniciados en septiembre en la instalación deportiva municipal se detuvieron en noviembre, al hallarse construcciones subterráneas de los antiguos edficios comerciales sobre el solar.
Dolores Galindo, presidenta del club, recuerda que Dragones “juega en distintos espacios de Madrid, pero el de Embajadores es el espacio más emblemático, nuestro símbolo donde han surgido equipos como el de madres, el de personas sin hogar o el de amputados”. Todo de una forma “estructurada a través de entrenamientos”, dando acceso a colectivos que muchas veces no lo han tenido al deporte más mediático del mundo y a unos 600 jugadores del barrio o el conjunto de la ciudad. Una labor que explica el respaldo de más de 100 organizaciones sociales al manifiesto “600 Dragones sin instalaciones”.
El origen de este “campo icónico” ahora tomado por los escombros parte además del propio club, fundado en 2014: “Nuestros entrenadores colocaron las porterías”, recuerda Galindo, aunque resalta tambien la colaboración del Ayuntamiento. “Lo poco que había lo han hecho Dragones y el barrio”, apostilla Juan.
La directiva traslada su “sensación de que se quiere cambiar o borrar la huella de un fútbol por la igualdad y el progreso”. Dragones ha llegado a recibir el apoyo del Ministerio de Igualdad, con un reconocimiento a su forma de “cambiar los clubes de fútbol para hacerlos acogedores para las mujeres”. “Es una huella que no quieren que permanezca. Tratamos de contar que en nuestro barrio se puede vivir en paz, vengas de donde vengas. Algo que se quiere borrar porque en el mundo lo que suenan son tambores de guerra”.
“Había unos árboles plantados que han quitado. La placa del Consejo Superior de Deportes tampoco está. Percibimos que se quiere difuminar lo que hemos hecho. Eso nos preocupa, además de las instalaciones, porque hay 400 menores que no son tan fáciles de mover como otros combinados con miembros más mayores”, protesta la presidenta. De hecho, comenta que la situación ya era compleja antes de las obras del Casino de la Reina por lo “degradado” del espacio“, ”sin baños, con ratas y con excrementos“.
Fuentes de la Junta Municipal del distrito Centro, de la cual dependen las obras trasladan a este periódico que se reanudarán después del verano con una duración aproximada de cinco meses, por lo que previsiblemente acabarán ya en 2027. “Se está cerrando el importe modificado de la obra, ya que tras haber encontrado los sótanos del edificio preexistente, se tienen que hacer rellenos con hormigón para consolidar el terreno y asegurar el apoyo de la cimentación del muro, especialmente en el lado de la calle San Cayetano”. En cuanto a las obras de Casino de la Reina, “se llevarán cabo durante el verano, época en la que los entrenamientos se reducen o se suspenden”. Puntualizan por último que la Junta “esta abierta a estudiar cualquier solicitud formal que plantee el club”.
La actuación en el solar de Embajadores incluye un espacio estancial con la creación de una zona verde formada por tilos, arces paliformos, lavanda, romero, espino de fuego y madroños, así como la mejora del cerramiento con un muro de granito acorde al entorno. También busca dotar al espacio de un almacén que podrán utilizar los usuarios de la zona deportiva para guardar los enseres necesarios para los entrenamientos.
Horas después de la publicación de esta información, el propio concejal de distrito, Carlos Segura, ha publicado una carta en redes sociales detallando algunos aspectos de la obra. “No voy a tolerar que se cuestione el trabajo de los funcionarios de la Junta de Centro, y mucho menos que se juegue con la seguridad de los niños”, ha añadido.
Obra sobre obra en un barrio falto de dotaciones
“El Casino necesita obras, pero lo ideal es que no fueran todavía”, opina Juan. “Si se ejecutan, pedimos al Ayuntamiento que nos preste coles para poder entrenar en el barrio. Que nos den acceso a los colegios por la tarde”. Avisa de una “alarmante escasez de instalaciones deportivas en centro”: “Igual que el Santa María nos ha prestado su patio, hay tres o cuatro coles más donde el Ayuntamiento posee el terreno y pueden proveer instalaciones deportivas propias”.
Dolores resume la situación con un hecho muy simbólico. En la parcela de Embajadores, un gran graffiti que cita a Rosa de Luxemburgo coronaba el espacio: “Socialmente diferentes, humanamente diferentes, totalmente libres”. “El Rey de la Ruina, su autor, ha pedido que lo arreglen porque está muy degradado. Pero en el Ayuntamiento me han dicho que no les gusta”, afirma la mandataria del club.
“Todo esto tiene que ver con que es un espacio que ha vivido mucho en la indeterminación, nunca tuvimos adjudicación, pero lo administrábamos de facto. Ahora nos dicen que se trata de mejorar la instalación, supuestamente, pero vemos que por ejemplo no se va a mejorar el césped. Conseguimos que una empresa lo instalara gratuitamente y ahora se está estropeando. Por no hablar de que han arrasado árboles con los que casi nos denunciaron solo por podarlos”, expone Dolores Galindo, que habla de “una falta de reconocimiento total hacia queines hemos cuidado el campo”.
La presidenta cuestiona esta falta de apoyo institucional a un proyecto caracterizado por la “gestión comunitaria”, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como uno de los mejores en la resistencia a la pandemia a través de actividades dinamizadoras o colaboración con el Banco de Alimentos.
Es una huella que no quieren que permanezca. Tratamos de contar que en nuestro barrio se puede vivir en paz, vengas de donde vengas. Algo que se quiere borrar porque en el mundo lo que suenan son tambores de guerra
Frente a ese historial, un porvenir mucho más incierto: “En septiembre solo podremos garantizar el acceso al deporte de los niños solo si nos ayudan los coles del barrio, que el CEIP Santa María renueve y nos vuelva a ceder instalaciones, pero también que se sumen más. Lo que pedimos al Ayuntamiento que nos ayude con esta emergencia deportiva”.
Juan destaca el “crecimiento orgánico de estos diez años, cumpliendo una función social y saciando la demanda de fútbol”. La “integración en el barrio” y “el fomento del tejido social” han sido dos puntales del proyecto en un barrio donde “apenas hay instalaciones”.
Por toda esta contribución, familias de Lavapiés han lanzado una campaña con la que solicitar un calendario para las obras del solar y que siga siendo de gestión público-vecinal: “Que siga perteneciendo al club, que no cambien de modelo”. Es la alternativa ante “un perjuicio a un grupo de 600 personas, ligado a una entidad que todo el mundo quiere y que pertenece al barrio”.
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