Cómo anticiparse al fuego: Gran Canaria prueba con el simulador de incendios forestales que usa California

Iván Suárez

Las Palmas de Gran Canaria —

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Un voraz incendio quemó unas 10.000 hectáreas de terreno forestal en la isla de Gran Canaria, buena parte de gran valor ambiental, en el verano de 2019. Fue el peor de ese año en España. Originado en Valleseco, se extendió con celeridad por la cumbre hasta afectar a otros ocho municipios. En el operativo de emergencias trabajaron cerca de mil efectivos y hubo que desalojar a unas 10.000 personas de sus viviendas. La noche del 18 de agosto, un día después de que se declarara, las autoridades comunicaron que el incendio estaba “fuera de la capacidad de extinción”. La altura de las llamas y la velocidad de propagación hacían imposible contener su avance con medios humanos. Solo un cambio de las condiciones meteorológicas o barreras naturales podían frenarlo. El jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, lo bautizó como “tormenta de fuego” o “fuego hambriento” por su agresividad.

No sería hasta una semana después, el 25 de agosto, cuando se pudo dar por controlado. El viento había dado una tregua y evitado que se consumara el principal temor, que las llamas llegaran al árido sur de la isla a través de Inagua, una reserva natural que ya había ardido en 2007. “Uno de los reflejos de la crisis climática es la proliferación de incendios; tenemos un problema gravísimo”, dijo en aquellos días el presidente del Gobierno regional, Ángel Víctor Torres. Los expertos llevan años advirtiéndolo. La combinación de olas de calor prolongadas, las sequías acumuladas, la disponibilidad de vegetación muy seca y el abandono del medio rural está generando fuegos “mucho más rápidos y de una virulencia nunca vista”, tal y como recoge un informe de WWF, organización internacional para la defensa del medio ambiente.

Frente a esta amenaza, el Gobierno aprobó el pasado mes de agosto un real decreto de medidas urgentes en materia de incendios forestales. Esa norma introdujo modificaciones a la Ley de Montes y concedió un plazo de cinco meses (hasta 2023) a las comunidades autónomas y a las corporaciones con competencias en este ámbito (los cabildos insulares en el caso de Canarias) para adaptar sus servicios de prevención, vigilancia y extinción. El decreto insta a las administraciones a “intensificar la prevención del riesgo de incendios forestales, mediante la planificación y la aplicación de recursos tecnológicos que faciliten la predicción del nivel de riesgo, la alerta temprana y la inmediata activación de las medidas y dispositivos de extinción”.

Para el Cabildo de Gran Canaria, los incendios forestales constituyen, “por su recurrencia y potencial de daño”, una de las grandes amenazas que afectan a la isla “desde el punto de vista de la seguridad ciudadana y medioambiental”. La corporación insular desarrolla a lo largo de todo el año actuaciones en materia de prevención (limpieza de monte, quemas controladas…) y para tratar de recuperar el paisaje mosaico (en el que son fundamentales las actividades agrícolas, ganaderas y forestales), al que ve como “la gran solución a los grandes incendios”.

En el plano tecnológico, el Centro Coordinador de Operativa Insular (CECOPIN) de Gran Canaria cuenta desde principios de este año con una nueva herramienta para facilitar y agilizar la toma de decisiones en caso de que se declare un fuego con potencial. Se trata de un simulador 3D de incendios forestales que cruza información de distintas fuentes para dibujar en pocos segundos y en función de determinados parámetros (meteorología, topografía, tipos de combustible...) un escenario que describe el previsible comportamiento del fuego durante un periodo de tiempo y así poder activar las medidas de extinción de forma más ágil y precisa.

“Nos ayuda a intentar anticiparnos a la resolución de incendios, no vamos a ciegas. Utiliza modelos matemáticos que integran una realidad muy compleja y por ello es imposible que sea infalible, pero nos da una trayectoria estimada de fuego, un perímetro, un índice de ataque, si va a costar más o menos atajarlo, si puede afectar a edificaciones...”, explica el ingeniero de Montes Eduardo Balguerías, que trabaja para la corporación insular como analista. Esos modelos predictivos proporcionan a los especialistas un plus de información para, a partir del valor preeminente de su experiencia y conocimientos, planificar la estrategia de extinción.

El simulador ha sido desarrollado por Tecnosylva, una empresa fundada en León en 1997 y asentada desde hace años en Estados Unidos, donde tiene presencia en nueve estados. Es la herramienta que utiliza el Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (CALFIRE), uno de los territorios más castigados por los fuegos, después de que en 2020 ganara un concurso al que concurrían otras 131 candidatas, entre ellas gigantes como Google o Microsoft. El prestigioso New York Times reconoció su contribución en la gestión de los grandes incendios de ese verano en la costa oeste de Estados Unidos, ayudando a “predecir su trayectoria” y “ahorrando un tiempo valioso a los que intentan extinguir las llamas”.

Gran Canaria ha sido pionera en Europa en la implantación de este recurso, que ya también se utiliza en los Países Bajos. El Cabildo adjudicó en febrero de 2021 un contrato de algo más de medio millón de euros a Tecnosylva, la única licitadora del concurso, para el suministro de este simulador dentro del programa denominado Alertagran 2. El proyecto fue presentado como “ejemplo de innovación” en una reciente conferencia organizada por Esri, la empresa que proporciona a Tecnosylva la tecnología GIS (sistemas de información geográfica) para analizar la información recogida en tiempo real y plasmarla sobre un mapa.

¿Cómo funciona?

Hasta la fecha, este recurso no ha sido utilizado en un escenario real de emergencias en Gran Canaria, ya que desde su adquisición no se ha registrado en la isla ningún incendio forestal con potencial. Está aún en fase de pruebas. Si a la sala operativa llegara una alarma por un fuego de riesgo considerable, los analistas podrían lanzar casi de inmediato una simulación (tanto en la sede del Cecopin como desde sus propios ordenadores, con una conexión en remoto) y elaborar un informe para que el director de extinción disponga en pocos minutos de “algo a lo que agarrarse” en esos instantes iniciales, explica Eduardo Balguerías.

Lo primero es ubicar en el mapa el punto de ignición, el origen del incendio. Como ayuda, el sistema integra las imágenes captadas en tiempo real por cámaras repartidas por distintos puntos de la isla. Después, los analistas comienzan a introducir los parámetros que afectan al comportamiento del fuego para poder afinar la simulación en un determinado rango operacional (dos, tres, seis horas...) Cuanto más largo sea, la probabilidad de error es mayor.

Los datos meteorológicos (temperatura, vientos y humedad relativa) se pueden obtener de la predicción diaria descargada de la Aemet y de la información proporcionada a tiempo real por las estaciones, aunque la aplicación da la opción a los analistas de modificar los datos. “Hay que tener en cuenta la realidad de la isla. En un lado puede estar soplando el viento en una determinada dirección y pasas a otra ladera y hay un cambio. Si vemos que hay un valor que no se ajusta a la realidad o hay un compañero en campo que nos informa de cómo está la situación, se modifica. Tratamos de ajustarlo siempre lo más posible”, señala el ingeniero.

La herramienta también incorpora los mapas elaborados por el Cabildo de Gran Canaria con los modelos de combustible presentes en los conjuntos de vegetación predominantes en cada zona de la isla (pinar, pinar con matorral, brezal, zona de cultivos...). Esos datos de cruzan con los de humedad y temperatura para prever la disponibilidad para arder. Con los datos de la Aemet, se puede calcular el porcentaje de humedad de los combustibles, que se clasifican por su grosor. El fino muerto, como la pinocha o la ramilla, es el que más rápido propaga el fuego, sobre todo si el ambiente es muy seco. Dentro de los vivos, los herbáceos son más finos que los leñosos y, por tanto, pierden antes la humedad y están “más disponibles para arder en menos tiempo”, asevera Balguerías. Esos datos también pueden ser modificados de forma manual por los analistas en incendios forestales y los cálculos se reflejan en unas tablas.

Otro de los factores que influyen es la abrupta orografía insular. “Si hay una pendiente, el fuego siempre va a ir más rápido. En cambio, en barrancos y vaguadas se va a encañonar. Se digitaliza la realidad por capas, con las diferentes cotas. Se hacen modelos. El programa tiene en cuenta tanto los combustibles como la topografía, que son variables más precisas, más estáticas, que no cambian de un día para otro. Quizás lo que cueste más (en términos de fiabilidad) es la influencia de los factores ambientales, sobre todo el viento, porque sabes que en las partes altas puede soplar de una determinada manera y en el fondo del barranco en otro. La meteorología es la parte más complicada de aplicar, porque hay mucho efecto local y mucha variabilidad. Los factores cambiantes son más difíciles de modelizar”, añade.

Con todos esos parámetros, el programa hace la simulación del incendio forestal en apenas unos segundos y elabora un informe predictivo que incluye datos de superficie afectada, velocidad de propagación, longitud de llama o intensidad del frente, además de analizar el posible impacto en edificaciones según la trayectoria estimada.

“Esta herramienta trabaja en coordinación con la Sim Table, que es un dispositivo que también hemos traído por primera vez a Europa. Es una mesa de arena que nos permite representar en tres dimensiones el territorio. Todo lo que se simula se puede volcar en la mesa (a través de un proyector). Estamos trabajando en unas mejoras para que pueda ser a la inversa, para que lo que se trabaje en la Sim Table se pueda volcar al simulador”, explica Gonzalo Gutiérrez, ingeniero de Telecomunicaciones del Cabildo de Gran Canaria. “En esta mesa se puede crear el escenario y permite trabajar a la vez, de una forma muy visual, al director de extinción, al jefe de operaciones, a los analistas… Todas las personas implicadas en el incidente”, agrega Balguerías, que destaca el valor de este dispositivo sobre todo como recurso formativo.

“Estamos empezando. El simulador se ha implantado este año y habrá que ver cómo funciona en escenarios reales. Se irá ajustando en función de la experiencia de los analistas, en el Departamento de Incendios Forestales de California se usa habitualmente”, concluye el ingeniero de Montes. Gutiérrez, por su parte, subraya que el Cecopin prevé incorporar otras mejoras al simulador relacionadas con la integración de vídeos de drones.

“Cada vez más proyectos”

Pablo Herreros, gerente de Seguridad y Emergencias en España de Esri, la compañía que organizó la conferencia donde se ha presentado el proyecto, destaca que “las herramientas digitales para el conocimiento de la situación y la coordinación de equipos son hoy indispensables para cualquier cuerpo de intervención” en incendios forestales.

El decreto aprobado en agosto dibuja un nuevo escenario. “2023 va a ser un año donde veremos cada vez más proyectos de esta índole debido al cambio legislativo reciente”. La nueva norma “amplía el contenido mínimo de los planes autonómicos para establecer la dotación, los medios materiales y los equipamientos de los que deberán disponer los trabajadores que participen en labores de prevención y extinción de incendios, así como la obligación de disponer de un plan integral” contra los fuegos. “Esto abre un nuevo camino para la ampliación de los proyectos de gestión de emergencias”, remarca Herreros.

Un voraz incendio quemó unas 10.000 hectáreas de terreno forestal en la isla de Gran Canaria, buena parte de gran valor ambiental, en el verano de 2019. Fue el peor de ese año en España. Originado en Valleseco, se extendió con celeridad por la cumbre hasta afectar a otros ocho municipios. En el operativo de emergencias trabajaron cerca de mil efectivos y hubo que desalojar a unas 10.000 personas de sus viviendas. La noche del 18 de agosto, un día después de que se declarara, las autoridades comunicaron que el incendio estaba “fuera de la capacidad de extinción”. La altura de las llamas y la velocidad de propagación hacían imposible contener su avance con medios humanos. Solo un cambio de las condiciones meteorológicas o barreras naturales podían frenarlo. El jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, lo bautizó como “tormenta de fuego” o “fuego hambriento” por su agresividad.

No sería hasta una semana después, el 25 de agosto, cuando se pudo dar por controlado. El viento había dado una tregua y evitado que se consumara el principal temor, que las llamas llegaran al árido sur de la isla a través de Inagua, una reserva natural que ya había ardido en 2007. “Uno de los reflejos de la crisis climática es la proliferación de incendios; tenemos un problema gravísimo”, dijo en aquellos días el presidente del Gobierno regional, Ángel Víctor Torres. Los expertos llevan años advirtiéndolo. La combinación de olas de calor prolongadas, las sequías acumuladas, la disponibilidad de vegetación muy seca y el abandono del medio rural está generando fuegos “mucho más rápidos y de una virulencia nunca vista”, tal y como recoge un informe de WWF, organización internacional para la defensa del medio ambiente.

Frente a esta amenaza, el Gobierno aprobó el pasado mes de agosto un real decreto de medidas urgentes en materia de incendios forestales. Esa norma introdujo modificaciones a la Ley de Montes y concedió un plazo de cinco meses (hasta 2023) a las comunidades autónomas y a las corporaciones con competencias en este ámbito (los cabildos insulares en el caso de Canarias) para adaptar sus servicios de prevención, vigilancia y extinción. El decreto insta a las administraciones a “intensificar la prevención del riesgo de incendios forestales, mediante la planificación y la aplicación de recursos tecnológicos que faciliten la predicción del nivel de riesgo, la alerta temprana y la inmediata activación de las medidas y dispositivos de extinción”.

Para el Cabildo de Gran Canaria, los incendios forestales constituyen, “por su recurrencia y potencial de daño”, una de las grandes amenazas que afectan a la isla “desde el punto de vista de la seguridad ciudadana y medioambiental”. La corporación insular desarrolla a lo largo de todo el año actuaciones en materia de prevención (limpieza de monte, quemas controladas…) y para tratar de recuperar el paisaje mosaico (en el que son fundamentales las actividades agrícolas, ganaderas y forestales), al que ve como “la gran solución a los grandes incendios”.

En el plano tecnológico, el Centro Coordinador de Operativa Insular (CECOPIN) de Gran Canaria cuenta desde principios de este año con una nueva herramienta para facilitar y agilizar la toma de decisiones en caso de que se declare un fuego con potencial. Se trata de un simulador 3D de incendios forestales que cruza información de distintas fuentes para dibujar en pocos segundos y en función de determinados parámetros (meteorología, topografía, tipos de combustible...) un escenario que describe el previsible comportamiento del fuego durante un periodo de tiempo y así poder activar las medidas de extinción de forma más ágil y precisa.

“Nos ayuda a intentar anticiparnos a la resolución de incendios, no vamos a ciegas. Utiliza modelos matemáticos que integran una realidad muy compleja y por ello es imposible que sea infalible, pero nos da una trayectoria estimada de fuego, un perímetro, un índice de ataque, si va a costar más o menos atajarlo, si puede afectar a edificaciones...”, explica el ingeniero de Montes Eduardo Balguerías, que trabaja para la corporación insular como analista. Esos modelos predictivos proporcionan a los especialistas un plus de información para, a partir del valor preeminente de su experiencia y conocimientos, planificar la estrategia de extinción.

El simulador ha sido desarrollado por Tecnosylva, una empresa fundada en León en 1997 y asentada desde hace años en Estados Unidos, donde tiene presencia en nueve estados. Es la herramienta que utiliza el Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (CALFIRE), uno de los territorios más castigados por los fuegos, después de que en 2020 ganara un concurso al que concurrían otras 131 candidatas, entre ellas gigantes como Google o Microsoft. El prestigioso New York Times reconoció su contribución en la gestión de los grandes incendios de ese verano en la costa oeste de Estados Unidos, ayudando a “predecir su trayectoria” y “ahorrando un tiempo valioso a los que intentan extinguir las llamas”.

Gran Canaria ha sido pionera en Europa en la implantación de este recurso, que ya también se utiliza en los Países Bajos. El Cabildo adjudicó en febrero de 2021 un contrato de algo más de medio millón de euros a Tecnosylva, la única licitadora del concurso, para el suministro de este simulador dentro del programa denominado Alertagran 2. El proyecto fue presentado como “ejemplo de innovación” en una reciente conferencia organizada por Esri, la empresa que proporciona a Tecnosylva la tecnología GIS (sistemas de información geográfica) para analizar la información recogida en tiempo real y plasmarla sobre un mapa.

¿Cómo funciona?

Hasta la fecha, este recurso no ha sido utilizado en un escenario real de emergencias en Gran Canaria, ya que desde su adquisición no se ha registrado en la isla ningún incendio forestal con potencial. Está aún en fase de pruebas. Si a la sala operativa llegara una alarma por un fuego de riesgo considerable, los analistas podrían lanzar casi de inmediato una simulación (tanto en la sede del Cecopin como desde sus propios ordenadores, con una conexión en remoto) y elaborar un informe para que el director de extinción disponga en pocos minutos de “algo a lo que agarrarse” en esos instantes iniciales, explica Eduardo Balguerías.

Lo primero es ubicar en el mapa el punto de ignición, el origen del incendio. Como ayuda, el sistema integra las imágenes captadas en tiempo real por cámaras repartidas por distintos puntos de la isla. Después, los analistas comienzan a introducir los parámetros que afectan al comportamiento del fuego para poder afinar la simulación en un determinado rango operacional (dos, tres, seis horas...) Cuanto más largo sea, la probabilidad de error es mayor.

Los datos meteorológicos (temperatura, vientos y humedad relativa) se pueden obtener de la predicción diaria descargada de la Aemet y de la información proporcionada a tiempo real por las estaciones, aunque la aplicación da la opción a los analistas de modificar los datos. “Hay que tener en cuenta la realidad de la isla. En un lado puede estar soplando el viento en una determinada dirección y pasas a otra ladera y hay un cambio. Si vemos que hay un valor que no se ajusta a la realidad o hay un compañero en campo que nos informa de cómo está la situación, se modifica. Tratamos de ajustarlo siempre lo más posible”, señala el ingeniero.

La herramienta también incorpora los mapas elaborados por el Cabildo de Gran Canaria con los modelos de combustible presentes en los conjuntos de vegetación predominantes en cada zona de la isla (pinar, pinar con matorral, brezal, zona de cultivos...). Esos datos de cruzan con los de humedad y temperatura para prever la disponibilidad para arder. Con los datos de la Aemet, se puede calcular el porcentaje de humedad de los combustibles, que se clasifican por su grosor. El fino muerto, como la pinocha o la ramilla, es el que más rápido propaga el fuego, sobre todo si el ambiente es muy seco. Dentro de los vivos, los herbáceos son más finos que los leñosos y, por tanto, pierden antes la humedad y están “más disponibles para arder en menos tiempo”, asevera Balguerías. Esos datos también pueden ser modificados de forma manual por los analistas en incendios forestales y los cálculos se reflejan en unas tablas.

Otro de los factores que influyen es la abrupta orografía insular. “Si hay una pendiente, el fuego siempre va a ir más rápido. En cambio, en barrancos y vaguadas se va a encañonar. Se digitaliza la realidad por capas, con las diferentes cotas. Se hacen modelos. El programa tiene en cuenta tanto los combustibles como la topografía, que son variables más precisas, más estáticas, que no cambian de un día para otro. Quizás lo que cueste más (en términos de fiabilidad) es la influencia de los factores ambientales, sobre todo el viento, porque sabes que en las partes altas puede soplar de una determinada manera y en el fondo del barranco en otro. La meteorología es la parte más complicada de aplicar, porque hay mucho efecto local y mucha variabilidad. Los factores cambiantes son más difíciles de modelizar”, añade.

Con todos esos parámetros, el programa hace la simulación del incendio forestal en apenas unos segundos y elabora un informe predictivo que incluye datos de superficie afectada, velocidad de propagación, longitud de llama o intensidad del frente, además de analizar el posible impacto en edificaciones según la trayectoria estimada.

“Esta herramienta trabaja en coordinación con la Sim Table, que es un dispositivo que también hemos traído por primera vez a Europa. Es una mesa de arena que nos permite representar en tres dimensiones el territorio. Todo lo que se simula se puede volcar en la mesa (a través de un proyector). Estamos trabajando en unas mejoras para que pueda ser a la inversa, para que lo que se trabaje en la Sim Table se pueda volcar al simulador”, explica Gonzalo Gutiérrez, ingeniero de Telecomunicaciones del Cabildo de Gran Canaria. “En esta mesa se puede crear el escenario y permite trabajar a la vez, de una forma muy visual, al director de extinción, al jefe de operaciones, a los analistas… Todas las personas implicadas en el incidente”, agrega Balguerías, que destaca el valor de este dispositivo sobre todo como recurso formativo.

“Estamos empezando. El simulador se ha implantado este año y habrá que ver cómo funciona en escenarios reales. Se irá ajustando en función de la experiencia de los analistas, en el Departamento de Incendios Forestales de California se usa habitualmente”, concluye el ingeniero de Montes. Gutiérrez, por su parte, subraya que el Cecopin prevé incorporar otras mejoras al simulador relacionadas con la integración de vídeos de drones.

“Cada vez más proyectos”

Pablo Herreros, gerente de Seguridad y Emergencias en España de Esri, la compañía que organizó la conferencia donde se ha presentado el proyecto, destaca que “las herramientas digitales para el conocimiento de la situación y la coordinación de equipos son hoy indispensables para cualquier cuerpo de intervención” en incendios forestales.

El decreto aprobado en agosto dibuja un nuevo escenario. “2023 va a ser un año donde veremos cada vez más proyectos de esta índole debido al cambio legislativo reciente”. La nueva norma “amplía el contenido mínimo de los planes autonómicos para establecer la dotación, los medios materiales y los equipamientos de los que deberán disponer los trabajadores que participen en labores de prevención y extinción de incendios, así como la obligación de disponer de un plan integral” contra los fuegos. “Esto abre un nuevo camino para la ampliación de los proyectos de gestión de emergencias”, remarca Herreros.

Un voraz incendio quemó unas 10.000 hectáreas de terreno forestal en la isla de Gran Canaria, buena parte de gran valor ambiental, en el verano de 2019. Fue el peor de ese año en España. Originado en Valleseco, se extendió con celeridad por la cumbre hasta afectar a otros ocho municipios. En el operativo de emergencias trabajaron cerca de mil efectivos y hubo que desalojar a unas 10.000 personas de sus viviendas. La noche del 18 de agosto, un día después de que se declarara, las autoridades comunicaron que el incendio estaba “fuera de la capacidad de extinción”. La altura de las llamas y la velocidad de propagación hacían imposible contener su avance con medios humanos. Solo un cambio de las condiciones meteorológicas o barreras naturales podían frenarlo. El jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, lo bautizó como “tormenta de fuego” o “fuego hambriento” por su agresividad.

No sería hasta una semana después, el 25 de agosto, cuando se pudo dar por controlado. El viento había dado una tregua y evitado que se consumara el principal temor, que las llamas llegaran al árido sur de la isla a través de Inagua, una reserva natural que ya había ardido en 2007. “Uno de los reflejos de la crisis climática es la proliferación de incendios; tenemos un problema gravísimo”, dijo en aquellos días el presidente del Gobierno regional, Ángel Víctor Torres. Los expertos llevan años advirtiéndolo. La combinación de olas de calor prolongadas, las sequías acumuladas, la disponibilidad de vegetación muy seca y el abandono del medio rural está generando fuegos “mucho más rápidos y de una virulencia nunca vista”, tal y como recoge un informe de WWF, organización internacional para la defensa del medio ambiente.