Ocho bailarines denuncian al Cabildo por trabajar sin contrato
Son ocho y están muy enfadados con el Cabildo de Gran Canaria. Dos canarios, dos chicas de la Península, una canadiense y tres polacos aseguran que dejaron sus compañías para ingresar en el proyecto del Gran Canaria Ballet y que han estado trabajando sin contrato, en algunos casos desde marzo. Ahora piden la indemnización que el resto de bailarines ha recibido por el tiempo que restaba de trabajo y que asciende a 12.000 euros.
Samuel Déniz dejó su trabajo en Madrid y se vino con su novia a Gran Canaria ilusionado por poder formar parte de la segunda compañía pública de Ballet de España. Empezó a ensayar el 27 de agosto y sudó la camiseta hasta el 30 de septiembre cuando se decidió disolver.
Ahora, el futuro que se le presenta es el de estar casi un año inactivo ya que hasta enero o febrero del próximo año no empezarán las audiciones para proyectos que, con suerte, empezarán en marzo. Pero como él mismo relata, no es el peor de los casos.
Una de las chicas canarias y la chica canadiense, que es coreógrafa, llevan trabajando para la compañía desde que se formalizó en marzo pasado. La chica canadiense es la única a la que se le hizo llegar un contrato, que nunca se llegó a rubricar. A los demás componentes que ahora reclaman también se les dio largas para firmar por lo que denuncian haber trabajado en situación irregular en algunos casos hasta seis meses.
Esta denuncia no se ha quedado sólo en lo verbal, ya que los afectados han presentado una denuncia a la Inspección de Trabajo y una demanda al CEMAC, ambas durante este mes de octubre.
Piden una indemnización de 12.000 euros
Además de ser indemnizados por el tiempo que han trabajado sin contrato, los afectados piden que se les indemnice, al igual que al resto de bailarines, por lo que restaba de trabajo en el caso de que se les hubiese contratado, esto es, hasta diciembre. En total la indemnización ascendería a los 12.000 euros.
Samuel Déniz señala que su caso es grave por las dificultades que se le presentan a la hora de buscar una nueva ocupación. Los ciudadanos polacos deberán abandonar en breve la isla ya que no tienen ingresos.
La cosa se vuelve aún más complicada si se tiene en cuenta que el período de trabajo de un bailarín se agota a los 35 años o, con suerte, a los 40, por lo que para ellos es muy importante aprovechar al máximo los tiempos de plenitud física. Para ellos, esto no es sólo una irregularidad sino una “falta de respeto” hacia ellos y a la “danza en general”.