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Hospital Insular de Lanzarote

El hospital geriátrico pionero en Canarias no quiere desaparecer: ''Nos han dejado morir''

''Fue como morir y volver a nacer''. Juan Morales tiene 64 años y pasó dos ingresado en el Hospital Insular de Lanzarote. El alcoholismo le dejó problemas graves en el hígado. No caminaba y apenas podía hablar, pero con ayuda de los profesionales de este hospital pudo “empezar de cero”. Allí también aprendió música y poesía con los animadores sociales. ''Yo, que antes era panadero y pastelero, hasta le escribí un poema a la Vírgen del Carmen (la patrona de los marineros y pescadores). Estar allí me abrió los ojos a una nueva vida'', recuerda con cariño. Ahora, el servicio que se presta en este hospital de 75 años de historia se trasladará a un módulo del hospital general de la isla por daños en su estructura.

En sus primeros años de historia, el Insular estaba gestionado por una comunidad religiosa y funcionaba como un centro de beneficencia y asilo para personas vulnerables. En la década de los 80 comenzó su transformación hacia un espacio especializado en atención geriátrica, y ahora este hospital es referente en el ámbito nacional en la atención a personas mayores y es el único de Canarias acreditado por el Ministerio de Sanidad como unidad docente de Geriatría.

Amparándose en dos informes que advierten del deterioro de las instalaciones, el Gobierno de Canarias y la Gerencia de Servicios Sanitarios de la isla han decidido trasladar a los pacientes a un anexo habilitado en el hospital general Doctor José Molina Orosa. La derivación se ha planteado como algo temporal. Sin embargo, los presupuestos generales de la comunidad autónoma para este año no contemplan ninguna partida específica para reformar el histórico edificio del Insular.

En 2019, este complejo hospitalario pasó de ser gestionado por el Cabildo de Lanzarote a integrarse en la red pública del Servicio Canario de Salud. Desde entonces, la plantilla ha ascendido hasta los 323 trabajadores. Dos de ellos, que prefieren no desvelar su nombre, temen que el servicio que se presta allí no se mantenga con el traslado al nuevo módulo. ''El hospital se puede reformar, pero no cerrarlo a golpe de carpetazo sin contar con el pueblo ni con los trabajadores'', dice una de las sanitarias. 

El gerente de los servicios sanitarios de Lanzarote, Pablo Eguía, anunció el 6 de febrero que el nuevo anexo está terminado al 95%, pero aún no hay fecha exacta del traslado de los pacientes, lo que mantiene a los profesionales en un ambiente de ''incertidumbre''. ''Nos preocupan, sobre todo, aquellos trabajadores que no sabemos si tendrán cabida en el otro módulo, como los de cocina y limpieza'', apunta Ariel Bonilla, celador y presidente del comité de empresa. 

Romper el vínculo con el hospital

Por otra parte, los que sí mantendrán su puesto en el Molina Orosa sienten que romperán su vínculo con el hospital. Así lo explica Chari Morillo, técnica de radiodiagnóstico del Insular especializada en el trabajo con mayores. ''Es un trabajo que requiere delicadeza extrema, no puedes ir con prisas'', matiza. Con la derivación, afirma que pasará a formar parte de los turnos de todo el complejo hospitalario en lugar de permanecer en el servicio de geriatría.

''Siempre se ha infravalorado esta especialidad. Este hospital ha tenido entidad propia y no queremos desaparecer, ni perder nuestra identidad por una atención rápida. No es un hospital para morir, es para vivir. Y quien muere aquí, lo hace dignamente'', subraya Morillo, quien también señala la falta de aparcamientos suficientes en el hospital general. 

El nuevo edificio ha contado con una inversión de 15 millones de euros, está compuesto por tres plantas y se destinará en su mayoría al servicio de geriatría, a la actividad ambulatoria, consultas médicas y de enfermería, psicología, logopedia, sala de terapia ocupacional, un gimnasio y el Hospital de Día. En el recinto actual, solo quedará la residencia geriátrica anexa. 

En esta residencia permanece desde hace seis meses la madre de Tere De León, donde han creado ''una segunda familia''. Para ella, el Insular ''se puede rehabilitar'', pero ''lo van a dejar caer para especular con el terreno''. De León subraya que la localización actual del hospital es ''impagable'', al estar cerca de la costa y del emblemático Chargo de San Ginés, e insiste en que en los alrededores del Molina Orosa, una de las principales zonas industriales de la isla, no hay espacios para pasear a los mayores. 

El nuevo anexo, valora, es un ''búnker'' donde los pacientes pasarán ''hacinados'' el que puede ser ''el último tramo de su vida''. ''La gestión política ha sido nefasta'', sostiene. ''Aquí hay un patio donde puedes ver el sol, yo puedo llevar a pasear a mi madre al Charco de San Ginés. Es un lugar agradable'', asegura. Mientras tanto, el Cabildo de Lanzarote inició a finales de 2025 la construcción de una nueva residencia de mayores en el pueblo de Tahíche, que contará con 75 plazas residenciales y 50 de estancia diurna. 

Juan Morales también pone en valor las instalaciones del Insular. ''Es como si fuera un barrio. Sales al patio, hablas con unos, con otros… Allí el paciente respira, estás cerca del mar. Si lo quitan, no lo volveremos a ver. El nuevo será más moderno, pero para estos pacientes será como un pozo'', subraya. Los profesionales han impulsado una recogida de firmas a través de la plataforma change.org que cuenta ya con más de 11.000 apoyos. 

La consejera de Sanidad del Gobierno de Canarias, Esther Monzón, ha subrayado que la actuación responde a la prioridad de ''garantizar la seguridad y la calidad asistencial'' tanto de los pacientes como de los profesionales sanitarios. Monzón ha destacado que desde hace siete años el hospital presenta un deterioro relevante y añade que en 2023 se produjeron un incendio y un fallo eléctrico grave que ''evidenciaron aún más la necesidad de actuar''. La consejera también ha reconocido que el traslado se enmarca en el Objetivo 7 del Plan Estratégico 2025-2028, centrado en incrementar la superficie asistencial de la isla. 

El presidente del Cabildo de Lanzarote, Oswaldo Betancort, y el senador Pedro Sanginés, ambos de Coalición Canaria, ofrecieron el 5 de febrero una rueda de prensa asegurando que el cierre del edificio principal del Insular no afectará a la calidad de la atención geriátrica, sino que ''mejorará''. Los dirigentes de CC han resumido la polémica por el cierre a una ''alarma social'' creada por el PSOE y por Nueva Canarias. Un día antes, altos cargos del PSOE se concentraron delante del edificio en contra del ''desmantelamiento encubierto'' del servicio. Por su parte, Yoné Caraballo, diputado de Nueva Canarias, ha pedido blindar el Insular y ha rechazado que se cierre para convertirlo en ''una planta más'' del Molina Orosa.