“Me atrae más perderme en el pasado que indagar en el presente”: Mercedes Barrera presenta su primera novela, ‘Benjamín’

Santa Cruz de La Palma —

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Mercedes María Barreda Tabares es una mujer atractiva, sensible y culta, recién llegada al mundo literario con la publicación de su primera novela, Benjamín, que está recibiendo una excelente acogida por parte de los lectores. La autora nació en Villa de Mazo (isla de La Palma) en 1961 y desde la infancia descubrió su infinita pasión por los libros, que luego le haría dirigir sus pasos hacia la Filología Hispánica y a la profesión de docente de enseñanza secundaria y bachillerato, que ejerció en varios centros de Tenerife y La Palma, hasta que asentó su vida y su trabajo en su pueblo y en el Instituto de Enseñanza Secundaria Villa de Mazo, en el que ha desarrollado mayoritariamente su carrera profesional. Ahora, su jubilación le ha regalado el tiempo necesario para dedicarlo a la escritura. Ha llegado el momento feliz de trasladar al papel sentimientos, recuerdos y personajes que aguardan la complicidad del lector. Además, en los últimos tiempos se ha implicado en la vida literaria de La Palma, como prueba su participación, junto con la escritora y editora Elsa López, en la presentación de la novela La viuda blanca (Baile del Sol, 2025) de María del Mar Rodríguez Pérez (Caracas, 1961), en Villa de Mazo el 11 de diciembre de 2025.

Benjamín es una novela que reflexiona sobre nosotros, los isleños, sobre nuestra historia reciente: la guerra civil, los años oscuros de la posguerra, el fin de la dictadura franquista y los nuevos aires de libertad llegados con la transición democrática. Todo ello, visto a través de los ojos de la familia Gotera, de Paco el librero, de Emelina la maestra y de una amplia galería de personajes que completa el entorno social y vital de los protagonistas.

El matrimonio formado por Leonardo y Soledad tiene cinco hijos, Martín, Joaquín, Miguel, Alfredo y Benjamín, que constituyen el núcleo de una familia campesina, de condición humilde y con escasas perspectivas de futuro para esos cinco hermanos que crecen con el sueño de marchar un día a Venezuela, de la emigración a la que los aboca la dureza de una tierra carente de recursos para retener a sus hijos. Cuatro de ellos cumplen ese objetivo con diferente suerte, excepto Benjamín, el menor, que elige permanecer en la Isla junto a su madre, aunque también conseguirá dar un giro a su vida y prosperar laboral y socialmente. Comparte con su madre, Soledad, la casita al pie de la montaña y su atracción por los libros, que se convierten en los ejes de su vida, ya que el amor le resulta esquivo y la muerte ronda una y otra vez a la familia.

La acción discurre entre varios escenarios: La Isla, Tenerife, Gran Canaria, Madrid y Venezuela; en esas idas y venidas se desenvuelven los personajes, que luchan por transformar sus vidas y ampliar sus horizontes.

Los lectores que hemos vivido parte de esos cincuenta años de historia narrados en Benjamín sentimos que con la novela se reavivan los recuerdos de nuestros propios familiares, de amigos y de conocidos que emprendieron el agridulce camino de la emigración. Asimismo, disfrutamos de los poemas y fragmentos narrativos que Mercedes Barrera ha incluido en Benjamín, una muestra exquisita de diferentes autores y épocas cuya elección comparto plenamente, ya que ambas somos mujeres de la misma generación y hemos coincidido en estudios y en profesión, aunque lo más importante siempre ha sido nuestro amor común por los libros. Pero lo mejor es que el lector lo compruebe por sí mismo después de leer esta interesante novela.

Ana María Cabezola Martín. Los protagonistas de tu novela viven en una casita al pie de la montaña de un pueblo y de una isla sin nombre, en la que el tiempo transcurre por alusiones, no por fechas concretas. ¿Por qué no dotarlos de un nombre y de unas referencias temporales específicas? ¿Es un deseo de traspasar los límites que imponen las islas?

Mercedes María Barrera Tabares. En cuanto al tiempo, no pretendí escribir una cronología de hechos históricos, sino crear una atmósfera por todos reconocida, pero sin una datación exacta. Aun así, hay muchas referencias y varias de ellas vienen marcadas por algo que en la novela es muy importante: la literatura. Aparecen muchas referencias de publicaciones de obras importantes en nuestra historia literaria, que sirven para rastrear el transcurso temporal. En relación al espacio, sí he pretendido ampliar la problemática de unas islas, sobre todo las llamadas menores, a cualquiera de ellas. Las referencias concretas aparecen en Tenerife, en Gran Canaria, en Madrid, en Venezuela y en otros lugares. Aunque La Palma aparezca solo al final, creo que también es fácilmente identificable. Pero la historia muy bien pudo haber transcurrido en La Gomera o en El Hierro. Cuenta con esa ruralidad que las iguala.

AMCM. Tras haber leído Benjamín, confieso que me sorprendió el título de la novela. Has elegido el del hijo menor de Soledad. Pero, ¿no es ella el verdadero nexo que da cohesión a la trama?

MMBT. Yo también he tenido dudas al respecto. Sin embargo, opté por Benjamín porque refleja mejor lo que he querido contar. Hay dos nombres que son simbólicos y, por tanto, irremplazables: Soledad, con lo que significa ese nombre, y Benjamín, puesto que es el más pequeño de la familia y el que adquiere el compromiso de acompañar a su madre cuando todos los demás deciden emprender el viaje de la emigración. Mi primera intención al escribir esta novela ha sido hablar de la salida masiva de canarios en una época determinada, especialmente a Venezuela, pero siempre desde el punto de vista de los que se quedaron aquí, intentando mantener el calor en los rescoldos de los hogares para cuando los que se fueron decidieran regresar. Benjamín es el que desde más pequeño soñaba con viajar y conocer otros mundos; sin embargo, es mayor la lealtad que cree tener con su madre y a ella se entrega durante casi toda la obra, casi toda. Así que Benjamín se ganó ser el protagonista y dar título a la novela. Este papel generalmente ha correspondido a las mujeres, por ejemplo, en Como agua para chocolate, en la que Tita no se puede casar para cuidar a su madre, pero Soledad solo tuvo hijos varones y el más pequeño adquiere ese compromiso: no añadir más soledad a la soledad intrínseca de la madre. El otro nombre que nunca hubiera cambiado es el de Margarita porque era el de mi madre y quise tener ese recuerdo con ella, aunque esta historia nada tiene que ver con su vida.

AMCM. El personaje de Soledad presenta a una mujer que apenas tuvo acceso a los estudios primarios y aun así es especialmente sensible a la lectura, más en concreto a la poesía. En cambio, Emelina, la maestra, es una mujer culta, vocacional. ¿Están ambas inspiradas en personajes reales o son seres de ficción?

MMBT. Son todos personajes de ficción, pero cualquiera de ellas pudo haber existido. Soledad sí asistió algo a la escuela; en la obra se dice que conservaba algunos libros y cuadernos que su maestra le había regalado cuando iba a la escuela y a ellos recurría cada vez que tenía un ratito robado a las tareas diarias de una familia numerosa, para subrayar, releer o anotar alguna idea o sentimiento. Estaba dotada, además, de una sensibilidad especial que se demuestra, por ejemplo, cuando asiste a la obra de teatro Don Juan Tenorio con su marido Leonardo, cuando van a la Ciudad a pasar unos días por su luna de miel. Emelina sí recibe más educción, pues realiza los estudios de Magisterio a pesar de la oposición de su madre, que la hubiera casado muy joven con un muchacho rico de su pueblo. En ese gusto por la lectura se encuentran las dos mujeres con el nexo común de Benjamín, la maestra y su madre. De pequeño interpretó a Romeo de la mano de su maestra y Soledad disfrutó la intensidad de las palabras que la obra expresa.

AMCM. Otros personajes muy interesantes son Paco, el librero, represaliado por cuestiones ideológicas, o Sebastián, guardia civil, por su condición sexual. En ellos o en el propio Benjamín se hace patente la crítica a la dictadura franquista que atraviesa tu novela. ¿Era este uno de tus objetivos principales?

MMBT. ¿Y cómo hablar de esa época y no denunciar las tropelías de la dictadura? Yo todavía me siento heredera directa de esa época, aunque era muy jovencita cuando Franco murió, pero la educación, el silencio impuesto, las reticencias ante determinados comentarios fueron importantes en mi forma de entender el mundo. Durante mucho tiempo pensé que esto estaba igual de claro para todas las personas con una mínima formación, pero a la vista está que parece que el tiempo ha dulcificado aquellos años de miedo e injusticias. Creo que falta más pedagogía, más información de lo que supuso aquella dictadura y cualquier otra. Identificar aquel tópico manriqueño de que cualquier tiempo pasado fue mejor con aquella época y que con Franco se vivía bien es no entender nada ni conocer lo que fue nuestro pasado. Creo que la democracia no se debe dar por conquistada de forma definitiva, hay que seguir cuidándola y mejorándola cada día y no dar por hecho que está entre nosotros para siempre. Mi pretensión, desde luego, no es adoctrinar, pero sí, de paso, denunciar lo peor de aquella época que por otras circunstancias, como la emigración —que fue una de las consecuencias de aquella—, es en la que transcurre mi historia.

AMCM. Josefina, Miguel o Joaquín representan a personajes que se reinventan y consiguen dar un giro a su destino desde unas vidas que parecían avocadas a la insustancialidad o a la pobreza. ¿No es un tópico, pues, que los sueños puedan hacerse realidad?

MMBT. Creo que realmente la emigración fue la materialización de muchos sueños durante algunos años. Y, de hecho, creo que la fisonomía de nuestra isla es fiel testigo de ello. La mayoría de las casas construidas en los años ‘60 y ‘70 y las innumerables fincas de plátanos que bordean las costas prácticamente alrededor de la isla —excepto, quizá, las de Garafía, donde desde luego hay menos— son pruebas de que de Venezuela vinieron muchos sueños convertidos en proyectos para establecerse en la isla, una vez la suerte sonrió en el país caribeño. Mis personajes encuentran dos salidas fundamentales a la desolación a la que los azotaban la pobreza y el abandono. Una fue la emigración, sobre todo a Venezuela; en el caso de Josefina, a otra isla canaria. A unos les fue muy bien, a otros bien y a alguno, como a Alfredo, mal, pues volvió con una mano delante y otra detrás. Como fue la realidad. La otra vía de escape es la literatura, como para Benjamín o para su madre. Kafka decía que un libro debe ser un hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros. Pues eso, los libros, para ellos, fueron esa hacha para romper el mar gélido del desconsuelo de la miseria en la que vivían.

AMCM. Dejemos ya en manos del lector a tus personajes, pero no sin antes mencionar a Benjamín, prototipo de todas las cualidades positivas del ser humano, y a su antagonista, Alfredo, que representa todos sus peores defectos. ¿Esta contraposición favorece el desarrollo narrativo?

MMBT. Creo que las virtudes de Abel resplandecen si se comparan con las de Caín, e igualmente, los defectos de este con respecto a los de su hermano. Hay una lucha cainita, realmente. Pero no creo que ni uno sea tan bueno ni el otro tan malo. ¿A cuántas personas conocemos cuyo único motor en sus vidas es la envidia y que pretenden sobrevivir a costa de los demás y no llevan el cartel de «malo»? Creo que más de los que podamos reconocer, en todos los ambientes, en la familia, en el trabajo… Benjamín es leal y comprometido, pero tampoco se inmola para salvar a su hermano y, al final, creo que también se sale con la suya. En fin, buenos y malos, quizá, sí, pero creo que con muchos matices.

AMCM. El muestrario de temas que tocas en Benjamín es muy amplio: emigración, despoblación rural, educación, sororidad, etc.; pero todos se entrelazan al modo de las grandes novelas realistas del siglo XIX. ¿Quieres mostrar un fresco social de esos cincuenta años que describes?

MMBT. Ya quisiera yo poder emular las grandes novelas realistas, que es una época que me fascina de nuestra literatura. Para mí la cumbre de ella desde El Quijote al realismo del siglo XIX: Galdós, Pardo Bazán, Clarín, Víctor Hugo, Stendhal, Flaubert, Dickens, Tolstoi, Dostoievski…, y de ahí al Realismo Mágico. ¡Mis ídolos! Son temas que tocan de refilón las circunstancias de aquellos años y creo que sirven para apuntalar la vida de los personajes. Destacaría por encima de ellos la importancia de la educación porque creo que sí condiciona para bien o para mal la trayectoria vital de alguno de ellos. Martín apenas tuvo la oportunidad de ir a la escuela porque debía ayudar a su padre o hacerse cargo de la familia cuando muere el progenitor, pero estaba convencido de querer que su hermano pequeño fuese al colegio desde muy pronto y, al emigrar, lo siguió ayudando en su formación. Y, por supuesto, como ya he dicho, otro asunto abordado es la emigración, que sí es el tema central de mi obra, vista desde el punto de vista de quienes se quedaron en la isla viendo cómo la estela en el mar del barco que se llevaba al ser querido iba desapareciendo poco a poco en el océano. Los demás temas me sirvieron para definir más el carácter de los personajes o su compromiso.

AMCM. Para los lectores nacidos en la década de 1960, la irrupción de la literatura hispanoamericana (Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes y, sobre todo, García Márquez) supuso un deslumbramiento que ha dejado tras de sí una enorme influencia en la concepción actual de la novela. ¿Hay en ti alguno de esos ecos, como el olor a rosas que precedía la llegada de Margarita o el salto amoroso de mariposas en el estómago de otro personaje?

MMBT. Yo diría, sin negar esos ejemplos que apuntas, que aparece más en la relación que algunos personajes tienen con la muerte: Manuela deja un velón encendido cuando se llevan el cadáver de su marido para que lo conduzca por los vericuetos de la muerte; otro ejemplo es el miedo que Carmen siente cuando su madre desaparece, pues habían estado tan unidas en vida que estaba segura de que buscaría la manera de volver para contarle algún cotilleo del más allá. Creo que, de una manera u otra, estamos influidos por las lecturas que hemos realizado a lo largo de nuestra vida. Inconscientemente, tenemos en mente las expresiones e ideas que más nos hayan podido deslumbrar en tantas páginas leídas. Otra cosa es llevarlo a las que escribimos. Pero están ahí, agazapadas, esperando un hilito de inspiración para colarse entre las líneas.

AMCM. A lo largo de la novela intercalas numerosos poemas de diferentes autores y épocas, desde Rosalía de Castro hasta Miguel Hernández, García Lorca o José Hierro y García Montero. También insertas cartas que viajan entre Venezuela y la Isla o fragmentos de novelas como Anna Karenina. ¿Son un guiño a Cervantes, a la novela realista o al propio lector?

MMBT. Pues la verdad es que no me lo planteé así. Al principio solo pensé incluir una cita literaria al principio de cada una de las cinco partes de la obra que estuviera relacionada con la época que se contaba en ella. Empecé a pensar en obras y encontré muchas que no quería dejar fuera. Por otra parte, cuando usé los versos del poema de Miguel Hernández El niño yuntero que Emelina iba leyendo a medida que analizaba la realidad social de los niños de su escuela, me pareció una buena idea ir mezclando textos con acontecimientos de los que hablaba. Así fueron saliendo, quizá demasiados, pero una vez que había empezado, ya no podía parar. Le daban sentido a mi texto y, al menos, yo disfrutaba con ellos.

AMCM. La emigración a Venezuela como destino de algunos personajes deja en ellos secuelas emocionales, como la de decir adiós a padres, hermanos, esposa, pueblo y tierra. ¿En el fondo los canarios somos pájaros, ansiamos el vuelo?

MMBT. Creo que sí lo hemos sido durante siglos. A diferentes destinos y por distintos motivos. Hemos contribuido a formar otras sociedades y de ello nos hemos nutrido aquí también. Quizá en esta época actual es más el momento de recibir, de acoger. Incluso a descendientes de aquellos que un día emigraron a Cuba o a Venezuela. Los movimientos migratorios son y deben ser vistos como naturales e imprescindibles. La necesidad de huir de situaciones peligrosas, comprometidas políticamente, violentas o simplemente por el instinto humano de intentar mejorar las condiciones de vida ha formado parte del hombre desde que comenzó a poblar la tierra. Ignorar esto y sentirnos los únicos dueños de la tierra que tenemos bajo nuestros pies desde que nacimos es una visión bastante mezquina de la condición humana. Las sociedades se enriquecen con la variedad. Aunque es duro, muy duro salir y decir adiós a nuestros seres queridos, creo que forma parte de nuestra forma de ser el deseo de cambiar los horizontes para mejorar.

AMCM. El amor y la muerte transforman de diversas maneras la vida de los protagonistas. ¿Están el amor y la muerte inevitablemente presentes en la literatura y en la vida?

MMBT. Llegó con tres heridas, / la del amor, / la de la muerte, / la de la vida. Ya lo decía Miguel Hernández. Esta es la primera referencia literaria en la novela. Son los temas de cualquier obra, como los de cualquier vida, los que vienen con nosotros desde que nacemos. Luchamos por conseguir el amor en un sentido amplio y por sobrevivir a una muerte que sabemos, sin embargo, segura. La de nuestros seres queridos es quizá la que más nos marca, porque nos revela el dolor de la vida.

AMCM. El emocionante epílogo en el que nos desvelas quién es el verdadero narrador de la novela es inesperado; nunca nos diste pistas de su nombre. ¿Buscabas dar una vuelta de tuerca final o cerrar el círculo de la novela?

MMBT. Quizá cerrar ese círculo y conectar a los personajes que vivieron en la casita al pie de la montaña con los que no lo hicieron, pero que fueron muy importantes para ellos. En cualquier caso, la carrera que estudia sí es una pista que dejo caer. Solo esa.

AMCM. Y, ya para finalizar, Mercedes, cuéntanos si tienes en mente nuevos proyectos literarios tras la excelente acogida de Benjamín por parte de los lectores.

MMBT. Sí, mi segunda novela está en marcha. Desde que di por finalizada Benjamín, me puse con la siguiente, en la que cambiamos radicalmente de lugar, no de época. Me atrae más perderme en el pasado que indagar en el presente; estos tiempos me parecen más anodinos que aquellos que ya están perdidos en la memoria y, además, no cuento con la perspectiva suficiente para describir la actualidad. Una vez que empiezas a escribir (y más ahora, que ya cuento con el tiempo para hacerlo), creo que es una actividad que no puedes parar de realizar. Solo comparable al placer y a la felicidad que me han proporcionado las lecturas que he realizado y sigo leyendo, es el placer y la felicidad de crear una historia.