Tomaso Hernández lleva su poesía del paisaje a Cantabria con ‘Eje de Cambio’, obra seleccionada para Aselart 2026
El artista palmero Tomaso Hernández ha sido seleccionado para participar en Aselart 2026, la cita anual que convierte el municipio cántabro de Mazcuerras en un recorrido de arte contemporáneo al aire libre. Realizará Eje de Cambio, una instalación escultórica de carácter permanente que transforma el plástico reciclado y la materia recuperada en poesía escultórica, vida y símbolo de conciencia y esperanza.
El proyecto contará con la colaboración de Sodepal, Sociedad de Promoción y Desarrollo Económico y Social de La Palma, dependiente del Cabildo, contribuyendo a proyectar en Cantabria “la creación contemporánea y la identidad cultural y paisajística de la isla”, informa en nota de prensa.
Eje de Cambio culmina años de investigación de Hernández en torno al paisaje, la luz, la sombra y nuestra relación con la Naturaleza. La obra nace desde una mirada construida en La Palma, pero se concibe específicamente para Mazcuerras: no pretende trasladar literalmente el paisaje insular a Cantabria, sino compartir una forma de entenderlo, el paisaje no como escenario, sino como materia cultural, memoria y espacio de conciencia.
Tres materias, tres tiempos
La intervención parte de una formulación aparentemente sencilla: una estructura triangular de piedra, un tronco central como eje y un cubo de plástico reciclado perforado con formas vegetales.
Tres materias, tres tiempos y una misma historia.
La piedra representa la memoria geológica y la permanencia; la madera, el presente orgánico, el crecimiento y la conexión con la tierra; y el plástico reciclado, una de las materias que mejor identifican nuestra contemporaneidad, introduce la idea de un futuro todavía por construir.
Pasado geológico, presente vivo y futuro incierto quedan atravesados por un mismo eje.
La estructura triangular de piedra funcionará como base y memoria del territorio. Desde su centro emergerá un tronco natural, hincado en la tierra y convertido en el eje físico y simbólico de la composición: raíz y ascensión, tierra y cielo, permanencia y transformación. Sobre él aparecerá el cubo de plástico reciclado, cuya geometría estricta contrastará con la irregularidad de la piedra, la madera y el paisaje.
Los motivos vegetales perforados en sus paredes introducen una transformación progresiva: la Naturaleza aparece primero como dibujo, después como sombra y finalmente como vida.
Del residuo a la conciencia
Eje de Cambio supone además un punto de inflexión en la trayectoria del artista: es la primera obra en la que el plástico reciclado adquiere un papel escultórico central.
La pieza no aborda este material únicamente desde la denuncia medioambiental. Formula otra pregunta:
¿Puede aquello que hemos convertido en residuo transformarse nuevamente en posibilidad?
El plástico utilizado para fabricar el cubo procederá de un proceso de recogida y participación de los vecinos de Mazcuerras y será posteriormente tratado y transformado por la empresa Revolución LIMO. Aquello que había sido desechado por la comunidad regresa así convertido en materia artística y pasa a formar parte de una obra concebida para permanecer en el propio territorio.
La dimensión comunitaria queda incorporada al proceso creativo: recoger, transformar y construir forman también parte de la obra.
Del residuo al material. Del material a la obra. De la obra a la conciencia.
Un interior vivo
Una de las partes fundamentales de Eje de Cambio permanecerá inicialmente oculta.
El interior del cubo estará vivo.
Entre sus paredes crecerán plantas y especies trepadoras. La humedad y la lluvia de Cantabria alimentarán las raíces mientras los brotes buscarán progresivamente el exterior atravesando los troqueles vegetales.
El cubo funcionará así como un pequeño microecosistema.
La paradoja constituye uno de los núcleos conceptuales de la pieza: el plástico, paradigma del residuo contemporáneo, se convierte en contenedor de vida vegetal.
Primero aparece la representación de la planta. Después surge la planta real. Con el tiempo, la vegetación podrá recorrer el cubo, descender por el tronco y alcanzar la piedra, integrándose progresivamente con las plantas del entorno.
La obra comenzará entonces una transformación que el artista ya no controlará completamente.
La Naturaleza terminará de construirla.
Eje de Cambio no será una escultura congelada en el instante de su inauguración, sino una pieza sometida al tiempo, la lluvia, el viento, la humedad, la luz y el crecimiento vegetal.
Una obra que respira, germina y envejece con el territorio.
El paisaje también se escucha
En el interior del cubo se ocultarán pequeñas campanas japonesas de viento, furin.
Será el aire, al atravesar los troqueles, quien revele su presencia. Cada corriente producirá pequeñas vibraciones y sonidos, haciendo perceptible un elemento invisible del paisaje.
El viento deja así de rodear la obra para entrar en ella y tocarla.
El paisaje no solamente se contempla: se escucha.
La luz y la sombra completan esta experiencia. Hernández investiga desde hace décadas sus posibilidades plásticas y conceptuales a través del dibujo, la pintura, la fotografía, las cajas de luz, la videocreación y sus intervenciones en el paisaje.
Durante el día, el sol atravesará los motivos vegetales del cubo y proyectará sombras orgánicas sobre la piedra y el terreno. La posición solar, las nubes, las estaciones y el crecimiento de las plantas modificarán continuamente la percepción de la obra.
Al caer la noche, una iluminación cálida alimentada por energía solar surgirá desde el interior, convirtiendo el cubo en un pequeño faro silencioso dentro del paisaje rural.
La luz actúa como memoria, presencia y señal.
Un recuerdo encendido.
De Recuerda, Morirás a Eje de Cambio
La obra se integra en Metamorfosis Silente, serie en expansión con la que Hernández investiga las relaciones entre materia, tiempo, transformación y conciencia.
Uno de sus antecedentes fundamentales es Recuerda, Morirás, desarrollada para el Centro de Arte y Naturaleza de Hoyocasero, en Ávila.
Si aquella intervención se aproximaba a la conciencia de la finitud y al memento mori, Eje de Cambio desplaza la reflexión hacia la transformación y la regeneración.
Del recuerdo de la mortalidad a la emergencia de la vida. De la materia que permanece a la materia que cambia. Del residuo a la raíz.
Explica Tomaso Hernández: “Eje de Cambio nace del deseo de reconciliar materia y conciencia. Me interesa ese punto en que lo inerte parece despertar, donde el residuo deja de ser desecho para volverse raíz, símbolo, respiración. Es una obra que no busca imponer su forma, sino dejarse vivir por el paisaje.”
De La Palma a Cantabria
La participación en Aselart establece también un puente entre La Palma y Cantabria, dos territorios geográficamente distantes pero profundamente vinculados al paisaje.
La colaboración de Sodepal y el Cabildo de La Palma permitirá “proyectar en Cantabria la creación contemporánea de la isla y una manera de comprender la relación entre arte, identidad y territorio”.
No se trata de trasladar el paisaje palmero al norte de España.
Se trata de compartir una forma de mirarlo.
Una mirada nacida en una isla atlántica y llevada ahora hasta Mazcuerras para generar diálogo, intercambio y nuevas formas de relación con la Naturaleza.
Una obra permanente concebida para cambiar
Una vez realizada, Eje de Cambio quedará incorporada de forma permanente al paisaje de Mazcuerras y al recorrido artístico de ASELART.
Pero permanencia no significa inmovilidad.
La estructura permanecerá, pero la vegetación crecerá. Las sombras cambiarán. El viento nunca sonará de la misma manera. La humedad modificará las superficies y el paisaje irá apropiándose lentamente de la intervención.
Obra y Naturaleza evolucionarán juntas, haciendo cada vez más difusa la frontera entre lo construido y lo vivo.
Cuando el artista se marche, la pieza seguirá transformándose.
El tiempo, la lluvia, el viento, las plantas y las estaciones se convertirán en coautores silenciosos de Eje de Cambio.
Girar el eje, cambiar el rumbo
Eje de Cambio habla, finalmente, de una posibilidad.
De transformar aquello que considerábamos inútil.
De escuchar aquello que normalmente pasa inadvertido.
De comprender que una obra puede ser también un proceso colectivo.
Y de permitir que la Naturaleza no sea únicamente representada, sino que participe activamente en la creación.
Piedra, madera y plástico. Memoria, vida y futuro. Luz, sombra, lluvia y viento.
La obra propone un arte que no pretende colonizar el paisaje, sino escucharlo, acompañarlo y dejarse transformar por él.
Un gesto sencillo que conecta lo ancestral con lo contemporáneo y plantea una pregunta que trasciende Mazcuerras:
¿Qué mundo queremos construir y desde qué relación con la Naturaleza queremos hacerlo?
En agosto de 2026, ese interrogante tomará forma en Cantabria.
Será un eje. Y, sobre todo, una posibilidad de cambio.