La carrera de montaña ‘Acantilados del Norte’, un balcón salvaje al Atlántico

La Palma Ahora

Santa Cruz de La Palma —
17 de marzo de 2026 11:37 h

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Los balcones de La Palma no son únicamente los que 'se asoman' al Océano Atlántico desde la Avenida Marítima de Santa Cruz de La Palma y cuyos balaustres se conservan desde el siglo XVII pese a los diferentes ataques piratas y la incidencia del mar. Los balcones palmeros son también aquellos que permiten a la Isla Bonita asomarse al resto del mundo y exhibir todo lo que ofrece la ínsula. En este caso, Acantilados del Norte no solo es una carrera de montaña, es una zona que mantiene su esencia y conserva el eco del sector primario y la manera en la que los municipios de Garafía y Barlovento se comunicaban. Barranco a barranco, paso a paso, informa la organización.

El pasado fin de semana, la isla de La Palma volvió a ser sede de un evento mundial. Sí, tal cual. Por tercer año consecutivo, la carrera de montaña Acantilados del Norte volvió a llevar el sello Skyrace de la ISF (International Skyrunning Federation) y, además, actuó como la tercera parada de las reputadas Merrell Sky Runner World Series (circuito internacional que aglutina las pruebas más duras del mundo). El singular GR-130, el sendero que le da la vuelta a la Isla Bonita, volvió a vestirse con sus mejores galas para desafiar a los especialistas en sky running.

Salvaje. Para casi todos (véase en la RAE), este término tiene connotaciones y denotaciones negativas. No obstante, hay una excepción en quienes conocen los Acantilados del Norte. Catorce barrancos, 29 kilómetros que separan a Garafía de Barlovento, dos núcleos que aún conservan espacios y parajes inmunes a una era intoxicada por el estrés, las prisas y la pérdida del arraigo con nuestras raíces.

Precisamente, Fitters, empresa organizadora de esta carrera que cumplió nueve ediciones en este 2026, quiso y ha conseguido -de manera sobresaliente- situar en el mapa al norte palmero, que vivía de espaldas a este deporte y, paralelamente, a la riqueza que este tiene para propios y extraños. El que ha venido, en la mayoría de casos, ha repetido. Sino que se lo pregunten al campeón del mundo Manuel Merillas, que volvió a reinar cuatro años después de su irrupción en los Acantilados. El leonés completó los más de 4.700 metros de desnivel acumulado en 2:31:54, superando a Fred Tranchand (1:18 por detrás) y a Alain Santamaria (4:15 después del ganador).

Los Acantilados del Norte no es una cita para los más rápidos ni tan siquiera para los más técnicos... es para los que son capaces de adaptarse al terreno y mimetizarse con él -que se lo digan a nuestros antepasados, sobre todo a los que vivían en el litoral norteño-. Carácter y personalidad. Ser o no ser. Y ahí Sara Alonso es la mejor. Una sonrisa que cubre un ser cuya energía se contagia; una corredora cuya valentía y osadía en las bajadas contrasta con su capacidad analítica -es ingeniera-. Quizá en su mentalidad se fraguó un triunfo que vino aparejado con un nuevo récord en el rutómetro que une Garafía con Barlovento.

Un 3:00:43 que sienta precedente. Y es que tras unos primeros meses del año un tanto complicados para ella, en Acantilados del Norte Skyrace encontró su refugio, su lugar seguro... ¿quién lo diría al apreciar el perfil de esta cita sky?. Seis minutos más tarde, llegó Marta Pineda, casi tan anonadada por el recorrido como por el rendimiento de la corredora de Asics. Poco después, Marta Martínez llegó a la zona del drago para cerrar un cotizado 'top 3'. Talento español, carácter nacional.

Al margen del medio centenar de élites -no encuentra parangón en ninguna carrera de la provincia occidental-, centenares de populares y de palmeros y palmeras que gozan de una cita planetaria sin salir de su isla, bonita y guerrera. Y es que exponerse a un reto de este calibre vale por dos cuando lo haces en tu 'parque de recreo'.

Lo que está claro es que si nuestros antepasados levantaran la cabeza, muy probablemente sentirían orgullo de que las arterias comerciales y sociales del Norte no se hayan perdido entre zarzas y maleza. Y es que ellos plantaron una semilla que germinó con una esencia que viaja como equipaje de mano -de ese que no pesa pero importa- hacia todos los puntos del planeta tierra.