La aspiración del habla canaria: ¿flojera fonética?
Tras el llamado seseo (fenómeno consistente en pronunciar como /s/ dorsal las dos consonantes sibilantes de la lengua española), es la aspiración de los sonidos que se citan a continuación el rasgo más destacado de la pronunciación de los canarios. En primer lugar, la aspiración de la /s/ que aparece a final de sílaba. Así, salvo los hablantes más viejos de El Hierro, dicen los isleños, /loh mucháchoh/ y /lah níñah/, en lugar de /los mucháchos/ y /las níñas/. En la actualidad, cuando la palabra que sigue a esta /s/ empieza por vocal, la aspiración suele pasar a inicial de la sílaba siguiente (es decir, a explosiva). Así, es frecuente oír, entre los jóvenes, sobre todo, pronunciaciones como /lo hárboles/, /lo hóhoh/ y /la hócho/, en lugar de /loh árboleh/, /loh óhoh/ y /lah ócho/ o /lo sárboleh/, /lo sóhoh/ y /la sócho/, que es como dicen los hablantes de mayor edad. En segundo lugar, la aspiración de la consonante r cuando aparece ante las consonantes /n/ o /l/. Así, en las islas orientales y La Gomera, se dice, por ejemplo, /cáhne/ y /cáhloh/, en lugar de /cárne/ y /cárlos/. En tercer lugar, se aspira en Canarias el antiguo sonido palatal fricativa /sh/, que en castellano devino jota (/x/). Así, se dice /dího/ y /hémir/, en lugar de los antiguos /díxo/ y /xemír/. Y, por último, se aspira asimismo la f inicial de determinadas palabras populares, exactamente igual que en el castellano antiguo. Así, se suele decir /hiribílla/ y /hedióndo/, en lugar de los originales /ferbílla/ (de procedencia portuguesa) y /fedióndo/ (del lat. *foetibundum).
Aunque se trata de una práctica duramente criticada por los puristas más recalcitrantes, estas aspiraciones no dejan de tener su justificación idiomática. Como se sabe desde el siglo XIX, por lo menos, las lenguas humanas se rigen por la ley del menor esfuerzo. Si el hablante puede comunicar su mensaje con dos palabras, no emplea tres. De ahí la tendencia que manifiesta la expresión oral a relajarse y acortarse cada vez más, hasta donde lo permita la comprensión de lo que se necesita o se quiere transmitir. Y este relajamiento o acortamiento expresivo es tanto mayor cuanto más cohesionada y cerrada sea la comunidad hablante de que se trata, pues, como parte de la información que se pone en común se halla presente en el contexto, o pertenece al conocimiento del mundo compartido por hablante y oyente, poco esfuerzo idiomático basta para hacerse entender.
En el plano de la expresión, el relajante máximo es precisamente la aspiración, que reduce diversos sonidos (sobre todo, los llamados continuos (/s/, /f/, /x/ y /r/), principalmente cuando aparecen a final de sílaba, que es posición muy débil, a un mero “ruido producido por el roce del aire con los pliegues vocales cuando estos se encuentran muy próximos, pero no cerrados”. Es lo que ocurrió en griego antiguo, donde ablandó la /s/ explosiva indoeuropea, convirtiéndola en espíritu fuerte (v. gr., /heptá/, /háls/ y /hélios/), consonante que se conservó, sin embargo, en otras lenguas indoeuropeas, como el latín, por ejemplo, donde se decía /séptem/, /sál/ y /sól/. Es lo que ocurrió en la vieja Castilla, donde ablandó la /f/ inicial de palabra de la lengua madre, al parecer, por influencia del vasco. Así, los verbos latinos /fabuláre/ y /facére/, por ejemplo, devinieron en /hablár/ y /hacér/, respectivamente. Es lo que ocurrió en Francia, donde se aspiraron todas las /s/ finales de sílaba. Así, los antiguos /mésme/ (del latín metipse) y /páste/ se convirtieron en /méhme/ y /páhte/, respectivamente. Y es lo que ocurre en la Canarias moderna y otras partes del mundo hispánico, donde, como señalé al principio del artículo, se aspiran la /s/ final de sílaba, la /r/ que aparece seguida de /n/ o /l/, el antiguos sonido palatal fricativo /sh/ y la /f/ inicial latina y de otros orígenes.
Y, como la aspiración no es, por lo general, otra cosa que una juntura, como dicen los fonólogos, un sonido de unión entre una palabra y otra o entre una sílaba y otra, y no un sonido autónomo (por eso afecta a consonantes tan diversas), termina en muchos casos alterando de forma más o menos drástica los fonemas y la pronunciación propia de sus víctimas. Unas veces, eliminando el sonido aspirado. Así, en castellano, actuó como revulsivo de la desaparición de la /f/ inicial de las palabras del latín vulgar. Por eso dice hoy la mayoría de los hispanohablantes /ablár/ y /acér/, y no /hablár/ y /hacér/. En el francés y el español de Canarias, como principio de la desaparición de la /s/ final de sílaba. Por eso dicen hoy los francófonos /mém/ y /paté/, y no /méhme/ y /páhte/, y determinados hablantes canarios /lo kuchíllo/ (o, mejor, /lo guchíllo/, con la velar /k/ sonorizada), y no /loh kuchílloh/. Otras veces, asimilándose al sonido que sigue, tensándolo o abriéndolo en mayor o menor medida. Es el caso del habla grancanaria, por ejemplo, donde la aspiración procedente de s final de sílaba ha reforzado los sonidos /b/, /d/, /g/ y /y/ de la sílaba o palabra que viene a continuación. Por eso dicen los grancanarios /lo bbarránkoh/ (los barrancos“), /la ggómah/ (”las gomas“), /dó ddónuh/ (”dos donuts“) y /úno yyáteh/ (”unos yates“), en lugar de /loh barránkoh/, /lah gómah/, /dóh dónuh/ y /únoh yáteh/, respectivamente, dando lugar a una serie de sonidos nuevos; a una serie de sonidos sonoros tensos, que es una de las características más relevantes de la pronunciación grancanaria y de las zonas que se encuentran bajo su radio de acción más inmediata, como Fuerteventura y Lanzarote. Y otras veces, por último, aumentando el grado de abertura de la vocal que le precede. Es lo que sucede en el ámbito de la Andalucía oriental, donde la fuerza articulatoria de la aspiración de /s/ ha devenido en abertura de la vocal anterior, hasta el punto de que el hablante interpreta esta vocal abierta como marca de plural en aquellos casos en que es la /s/ de plural el sonido afectado por el fenómeno fonético que nos ocupa. /lo: kabállo:/ y /la: karretéra:/, en lugar de /loh kabálloh/ y /lah karretérah/, se oye decir sistemáticamente a los granadinos y a los almerienses, por ejemplo.
Queda claro, por tanto, que la mayor parte de las aspiraciones de las lenguas humanas son soluciones naturales de transición. No se trata de degeneraciones, enfermedades, virus o carcomas del sistema fonológico, como suele creerse habitualmente. Tampoco están las aspiraciones determinadas por una supuesta flojera o aplatanamiento de los hablantes que las usan. Es más bien un revulsivo fonético, un revulsivo que regula la pronunciación tradicional, eliminando lo que los hablantes consideran superfluo o convirtiendo en simultáneos o paradigmáticos rasgos que fueron sucesivos o sintagmáticos, que requieren mayor gasto de energía articulatoria que aquellos. Mecanismo, por tanto, consustancial al idioma, determinado por la ley del menor esfuerzo, que preside todo hablar natural; ese que no tiene otro objetivo que comunicarse con el prójimo a la pata la llana o a como salga. Tanto alcance tiene el fenómeno que nos ocupa, que divide los dialectos de las lenguas y hasta las lenguas mismas en dos grupos radicalmente distintos: dialectos o lenguas de habla tensa y dialectos o lenguas de habla relajada. En el mundo hispánico, el español de Castilla y el español de las tierras altas de América son modalidades de habla tensa, hablas libres de aspiración, en tanto que el español de Andalucía, el español de las tierras bajas de América y el español de Canarias, modalidades de habla relajada, hablas donde la aspiración campa por sus respetos.
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