1.700 años de la festividad de la Santa Cruz de Mayo
El 3 de mayo se conmemora el descubrimiento en el año 326 de la verdadera Cruz de Cristo. Se cumplen en este año el 1700 aniversario de este popular legado cristiano de la festividad de la Santa Cruz de Mayo.
La leyenda y tradición cristiana recoge que al emperador romano Constantino, en la batalla en que derrotó al tirano Majencio, se le apareció una cruz resplandeciente en el cielo en la se que leía in hoc signos vinces (con este signo vencerás).
Constantino el Grande venció y reprodujo una cruz bordada en su estandarte imperial en oros, esmaltes y piedras preciosas. Con ese estandarte continuó el emperador luchando contra el paganismo con históricas victorias.
Su madre, Santa Elena, conocedora de la devoción que su hijo tenía a la Santa Cruz se trasladó a Jerusalén mandando excavar en el monte Gólgota hasta que encontraron tres cruces. Relatan que luego, la emperatriz, ordenó que pusieran tres enfermos sobre ellas y cuentan que uno sanó. Más tarde pusieron tres cadáveres, uno sobre cada cruz, resucitando el que fue colocado sobre la misma cruz en la que el enfermo había recobrado la salud. Desde ese momento la fe católica aceptó a esta cruz como aquella en la que murió Cristo.
La mitad de esta milagrosa cruz se quedó en un templo en Jerusalén; la otra se mandó a Constantinopla donde el emperador mandó poner un trozo en el interior de una estatua suya, y el resto se mandó a Roma.
De la parte que se quedó en Jerusalén cuenta el que fuera obispo de esta ciudad San Cirilo que se cortaron muchos fragmentos sin que disminuyera su tamaño, de lo que fue testigo ocular.
También recoge la tradición que fueron encontrados los tres clavos de la crucifixión mandando Santa Elena que uno se preparara y pusiese en la corona imperial y otro en el tascafreno del caballo de su hijo Constantino. El tercero lo arrojó al mar para calmar una tempestad, aunque volvió flotando sobre el agua y fue recuperado por la emperatriz, que más tarde lo regaló a la iglesia de Tréveris, Alemania.
La isla canaria de La Palma y la festividad de la Santa Cruz de Mayo
La Palma está llena y sembrada de cruces que, desde la más humilde y recóndita a la más suntuosa y milagrosa, amanecen cada 3 de mayo vestidas y enramadas o simplemente con unas flores en un pomo de cristal, otrora de uso doméstico, y en el pie una vela encendida derramando cera sobre una piedra.
En lo alto de montañas y laderas, en entrecruzados caminos, en el lugar de una muerte violenta, a la entrada de una humilde casa o suntuosa y solariega, rematando canalizaciones de agua o portones aparece erguido, bendiciendo el lugar, el símbolo cristiano que recuerda la muerte de Cristo.
Unas con bellas hornacinas o nichos de mampostería, donde se cobijan los mayores del lugar en los conocidos “mentideros” y otras, más sencillas cubiertas por la bóveda del cielo azul o los millones de estrellas que la isla tiene por techo.
Algunas de ellas, las conocidas como “cruz del siglo”, se colocaron en riscos y montañas con temor y devoción por el paso del año 1899 a 1900, que en esos tiempos cargados de miedos y supersticiones.
En la víspera de la festividad, el eco de laderas y barrancos retumba y multiplica el estampido del volador y las gentes, desde siglos, saben que son “las cruces”.
Muchas tienen nombre propio, otras ni tan siquiera eso. Unas están cargadas de bellas leyendas y otras, sin embargo, son anónimas y muy pocos conocen el por qué se encuentran en aquel lugar. Pero una y otras, cuando llega mayo evocan a los palmeros a una profunda tradición.
Los fastos festejos de la cruz fueron, desde los primeros momentos, objeto de regulación por parte del antiguo Cabildo o Concejo de la isla. En las ordenanzas de 1611, y probablemente en anteriores, determina y ordena “...que los Mayordomos de los oficios saquen los días del Corpus-Christi y San Miguel y Santa Cruz de Mayo y en todos los demás días generales los Pendones para acompañar las procesiones, so pena de 20 días de Cárcel con más de 1.000 mrs aplicados por tercios, Juez, denunciador y Propios”. Al mismo tiempo ordenaba que se debían barrer las calles para el paso de las procesiones.
El árbol de la vida y la muerte se engalana y se revive, cada 3 de mayo, como el mejor y más preciado de los tesoros populares ancestral. La festividad en la isla de La Palma guarda todo un cúmulo de sabiduría popular y profunda veneración en torno al Santo Madero.
Un legado cultural que tiene sus raíces y origen en el año 326, hace 1.700 años.
*María Victoria Hernández es cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)