100 años de aquella visita de los científicos a La Palma en la primavera de 1926
El XIV Congreso Geológico Internacional que se celebró en Madrid, en mayo de 1926, realizó dieciséis excursiones de campo por distintos lugares del territorio nacional y norte de África. El Congreso fue organizado por el Instituto Geológico de España (IGE). Las sesiones científicas tuvieron lugar en la capital de España, en el nuevo edificio de la calle Ríos Rosas, construido especialmente para el Congreso y desde entonces sede del Instituto, que a partir de 1927 pasó a denominarse Instituto Geológico y Minero de España (IGME). La sesión inaugural del Congreso, presidida por el Rey Alfonso XIII, se llevó a cabo el lunes 24 de mayo, extendiéndose sus sesiones hasta finales de mes. El comité organizador estaba presidido por el ingeniero de minas, César Rubio y Muñoz (1858-1931).
Las dieciséis excursiones que se diseñaron; unas con carácter precongresual, anteriores a la apertura del Congreso (7), otras durante la celebración del congreso (3) y, las seis últimas, post-congreso, despertaron un gran interés geológico entre los distintos científicos que participaron en las mismas.
Con la denominación A – 7, se designó la excursión a las Islas Canarias, con una duración de 17 días (del 5 al 22 de mayo) dirigida por Lucas Fernández Navarro, catedrático de Mineralogía y Cristalografía de la Universidad Central de Madrid y miembro de la Academia de las Ciencias. Como ayudantes figuraron los ingenieros de minas, Rafael Fernández Aguilar, hijo del Sr. Fernández Navarro y Joaquín Mendizábal Gortazar. También colaboró estrechamente la hija del Catedrático, la señorita Pilar Fernández Navarro.
Lucas Fernández Navarro participó en numerosas expediciones científicas por España y el extranjero, entre las que se incluyeron viajes de exploración a nuestras Islas. Recorrió minuciosamente el archipiélago canario entre 1906 y 1927, donde llevó a cabo interesantes estudios hidráulicos y curiosas investigaciones geológicas. En 1909 fue designado por el Ministerio de Instrucción Pública para estudiar la erupción del Chinyero, en Tenerife. Fue la primera erupción fotografiada de Canarias, de la cual realizó una publicación muy interesante sobre el resultado de sus investigaciones. Gozó de una gran estima en nuestra tierra por su labor como el primer geólogo español que estudió de forma sistemática los volcanes de este archipiélago. Fue considerado por muchos como el primer vulcanólogo español y solicitó, en 1911, la creación de un Observatorio en el Teide, algo que según él debiera ser tenido en cuenta «como una deuda de honor nacional». «Tener una montaña de la altura y naturaleza del pico de Tenerife y no aprovecharla para desde ella contribuir al adelanto de la meteorología, de la vulcanología y de la sismología es sencillamente un crimen de lesa ciencia y un sonrojo». En 1917, de regreso de un viaje por El Hierro, estuvo el eminente geólogo en La Palma acompañado de su hijo Rafael, con objeto de recoger algunas piedras. Visitó el volcán de Martín, en Fuencaliente, declarando sus «vivos deseos de estudiar los interesantes volcanes de esta Isla».
En julio de 1925, el profesor Lucas Fernández Navarro, comisionado por el Congreso Geológico Internacional de Madrid, se desplazó a las Islas Canarias para los actos preparativos de la excursión que «en la primavera próxima efectuarán por estas Islas los sabios que concurren a dicho Congreso».
En una entrevista publicada en la prensa regional señalaba al respecto el sabio geólogo y eminente profesor que: «el interés geológico de la excursión programada a las Islas Canarias es enorme. Todos los principales estudios volcánicos han sido hechos sobre estas Islas. Por mi parte, he dedicado los mejores años de mi vida a su difusión. Es indudable que la excursión proyectada beneficia sobremanera a las Islas. Las bellezas naturales de Las Afortunadas se propagarán doblemente con esta visita. Y el nombre de las Islas Canarias irá siempre unido al de todos los congresos del mundo donde se reúnan los mejores intelectos universales. Suponga usted solamente, por un instante, que sabios de todo el mundo visitarán las Canarias, que la prensa internacional hablará de las islas, comentará sus bellezas, ponderará los tesoros geológicos que encierra. La atención mundial se detendrá sobre las olvidadas Islas, que dejarán con ello de serlo para muchos y descubrirán desconocidos secretos de belleza para los más».
Una de estas entrevistas concluía con la siguiente afirmación del periodista: «Don Lucas Fernández Navarro habla de Canarias como de cosa propia. Hay en sus conceptos ardor de entusiasmo y verdadero interés por los peñascos que tan bien ha sabido estudiar, en cuyas entrañas ha descubierto verdaderos tesoros».
El 13 de agosto de 1925, el considerado mejor geólogo español de todos los tiempos, visitó el sitio donde estuvo la Fuente Santa y aceptó un presupuesto de 1.000 pesetas del Ayuntamiento de Fuencaliente «para encontrar la perdida fuente, en que tantas esperanzas tienen los naturales del país», que había sido sepultada por el volcán de Fuencaliente en 1677. A comienzos de 1926 continuaron los actos organizativos de la expedición de geólogos españoles y extranjeros prevista para el mes de mayo a las Islas Canarias. El Catedrático Fernández Navarro, encargado de esta excursión científica, realizó distintos viajes con ese propósito al archipiélago. Finalmente, las islas visitadas por los sabios para realizar estudios geológicos serían Tenerife, La Palma y Gran Canaria. El precio de la excursión a Canarias fue de 800 pesetas por participante. A título comparativo, el sueldo de un catedrático de Universidad era de unas 700 pesetas al mes.
El 5 de mayo de 1926 partieron de Madrid con destino a Andalucía los miembros del Congreso Internacional de Geología que iban a realizar la excursión por las Islas Canarias, de un gran interés científico. Los excursionistas embarcaron al día siguiente, en Cádiz, a bordo del vapor Rey Jaime II, con destino al puerto de Santa Cruz de Tenerife.
El domingo 9 de mayo de 1926 llegaron a Santa Cruz de Tenerife los 38 congresistas, con el Sr. Fernández Navarro como un guía de lujo de los viajeros por el conocimiento que sobre el archipiélago poseía. En tal expedición figuraban distinguidas personalidades científicas, hombres y mujeres, de Hungría, Austria, Alemania, Polonia, Bélgica, Suecia, Japón, India, Checoslovaquia, Inglaterra, Italia, Francia y España.
La estancia en la isla de Tenerife de los geólogos se prolongó hasta el día 13 de mayo con visitas a Santa Cruz de Tenerife, Macizo de Anaga, San Cristóbal de La Laguna, Monte de Las Mercedes, La Orotava, Aguamansa, Puerto de la Cruz, Jardín Botánico, Icod de Los Vinos, Garachico, Taganana, ascensión al Teide…
Desde el Puerto de la Cruz, a bordo del Rey Jaime II, los científicos embarcaron para Santa Cruz de La Palma a donde llegaron al amanecer del viernes 14 de mayo. A las 9 de la mañana bajaron a tierra los distinguidos viajeros, siendo recibidos por el señor delegado del Gobierno en la Isla, Carlos Aciego de Mendoza Martínez, por el presidente del Cabildo, Miguel Pereyra García (1885-1955), por el coronel comandante Militar y Ayudante de Marina, por las demás autoridades, comisiones de sociedades y gran cantidad de público que invadía el muelle y que acompañó a los sabios geólogos hasta el edificio que ocupaba el Cabildo Insular de La Palma, encontrándose todo el trayecto engalanado con banderas y colgaduras. Una comisión de señoritas acudió al muelle para ofrecer ramos de flores a las damas que acompañaban a los geólogos. En el Cabildo se les sirvió un espléndido desayuno y, terminado éste, se trasladaron a la parroquia del Salvador, donde se había instalado una exposición de todos los ornamentos y alhajas existentes en aquel templo, algunas de ellas de mucho valor y mérito. Acto seguido se dirigieron a la Biblioteca Cervantes y Museo de Historia Natural de la sociedad La Cosmológica. Inmediatamente emprendieron la marcha en automóviles por la carretera del sur. Carretera que, partiendo de la playa, atravesaba el largo túnel con grandes ventanales al mar. En todo el itinerario no se perdía de vista el océano. Se pasó por Las Breñas y por Mazo, haciendo un pequeño alto en las lavas del volcán Martín de 1646. Sobre las once de la mañana se llegó al pintoresco pueblo de Fuencaliente, en el extremo sur de la Isla. Se visitó el hermoso volcán de San Antonio, cuyas lavas ganaron mucho terreno al mar. El almuerzo lo realizaron en Fuencaliente. A continuación, los ilustres visitantes pasaron por el pago de Las Indias, muy rico antes de que la erupción de Fuencaliente cubriera con sus lavas el célebre manantial de la Fuente Santa, al que venían enfermos de todo el mundo.
En su camino a los pueblos del Valle de Aridane cruzaron las lavas del volcán del Charco de 1712 y las del volcán de Tihuya de 1585 (El Sr. Fernández Navarro confunde este volcán con el de Tacande. Durante mucho tiempo existió la creencia de que el primer volcán histórico de La Palma había sido el volcán de Tacande y se había fijado la fecha de la erupción en 1585. Actualmente se estima que la erupción del volcán de Tacande se produjo entre 1470-1492).
La comitiva de los eruditos científicos, en su aproximación a las poblaciones de Los Llanos, Argual y Tazacorte, divisó al frente las cumbres que forman el circo de La Caldera de Taburiente. Bajaron al Puerto de Tazacorte, que es la desembocadura del Barranco de Las Angustias, desagüe natural de La Caldera. Esta zona se considera como la que produce los mejores plátanos del archipiélago canario. Los geólogos realizaron una breve marcha por el barranco adentro, hasta debajo de la Viña, que les permitió ver muy bien la disposición de los materiales sedimentarios y obtener una primera impresión de La Caldera, con sus altas paredes al fondo. Esta primera jornada de la excursión a La Palma también permitió realizar una vuelta por Los Llanos, donde se destacaban los hermosos laureles plantados en la plaza.
Al día siguiente, sábado 15 de mayo, se produjo la visita a la famosa Caldera de Taburiente. A las seis de la mañana partieron los científicos desde El Paso, municipio donde se sitúa tal belleza geológica. Contemplaron una vista muy instructiva sobre el reborde meridional de La Caldera y las Cumbres Nueva y Vieja. Al pie de aquélla, la Montaña Quemada. Subieron por El Riachuelo, «hermoso desfiladero poblado de Pinos, entre dos altos cantiles también cubiertos de espeso pinar». A unos cuantos kilómetros de la entrada al desfiladero, al pie de la Cumbre Nueva, divisaron el Pino de la Virgen, reputado como «el más antiguo y corpulento de Canarias».
Después de una breve, pero intensa subida llegaron a La Cumbrecita, que es una hendidura en el borde sur de La Caldera, donde disfrutaron de una hermosa vista sobre la inmensa depresión y las cumbres. Desde esta zona y en bajada hasta el barranco del Capitán, en unos tres kilómetros y a través de una senda muy inclinada que los condujo a un camino más bajo, llegaron al fondo de La Caldera. Desde allí subieron en caballerías de nuevo a La Cumbrecita. Este trayecto, de una belleza y grandiosidad insuperables, permitió «apreciar completamente a los geólogos la estructura y composición del enorme circo y recoger todos los tipos de rocas que integran su masa».
Referente a la visita que realizaron los científicos a la gran Caldera de Taburiente, señalamos que Ismael González González (1912-1988), Hijo Predilecto de El Paso y destacado articulista sobre las tradiciones y costumbrismo de su municipio, publicó en el Diario de Las Palmas, el 6 de julio de 1973, en la sección «Valores humanos de mi pueblo», un trabajo dedicado a Víctor Monterrey Hernández (1888-1973) titulado: «Don Víctor, hotelero». Con la perspectiva del tiempo transcurrido, el Sr. Monterrey, octogenario empresario hotelero pasense, uno de los pioneros de esta actividad en la isla de La Palma, aportaba la siguiente información sobre el acontecimiento histórico al que nos referimos.
«En el año veintiséis, visitó La Caldera de Taburiente un grupo de geólogos extranjeros y también el geólogo español don Lucas Fernández Navarro, acompañados de las autoridades provinciales e insulares. En esa ocasión, sirvió el Hotel Monterrey un almuerzo de cien cubiertos, en el Mirador de la Cumbrecita. El menú constaba de cinco platos distintos. AI efecto se instaló un bar con extraordinario contenido, de cuanto era apetecible en el lugar. En tal fecha sólo había un mal camino o vereda para llegar a la Cumbrecita. Se hizo necesario el uso de treinta caballerías para trasladar el contenido de comidas y enseres hasta el borde escabroso, de la maravillosa Caldera de Taburiente. Fue una proeza conseguida, únicamente, dando al carácter de audacia empresarial que distingue al señor Monterrey. Los preparativos fueron laboriosos. Y todo ese trabajo, anormal para la época, fue remunerado a don Víctor, con la cantidad de tres mil pesetas. Por tal cantidad de dinero, no se podrían hoy servir, en igualdad de condiciones de entonces, más de tres almuerzos del mismo menú. Al final, la comida resultó deslucida, pues a la hora prevista para servir el banquete campestre, llovió y hubo un notable desorden en la armonía del acontecimiento. Al regreso de la Cumbrecita, los geólogos visitaron en El Paso, en el salón del Hotel Monterrey, una exposición de claveles, siendo muy elogiada por las distinguidas autoridades y público en general».
Aquel 15 de mayo de 1926, los científicos que visitaron la maravillosa Caldera de Taburiente regresaron a Santa Cruz de La Palma por la carretera recorrida el día anterior, deteniéndose a tomar el té sobre la atalaya singular del Risco de la Concepción. «La balconada más bonita que mira a la mar», según feliz frase del sabio español Lucas Fernández Navarro. Siguió una breve incursión por la carretera del norte. Concluyó la visita de tan ilustres huéspedes a la isla de La Palma con el banquete de gala ofrecido por las autoridades de la Isla en el Cabildo Insular de La Palma. Durante su estancia en la capital de la Isla, la población estuvo convenientemente engalanada, iluminándose por la noche.
Los geólogos se embarcaron para Gran Canaria en el mismo vapor, atracando en el Puerto de la Luz, al mediodía del domingo 16. Los expedicionarios llegaron bastante fatigados por la mala travesía que tuvieron desde La Palma, por el cansancio y molestias que sufrían por la ascensión al Teide, además del recorrido de La Caldera de Taburiente, donde un copioso aguacero los caló hasta los huesos. En Gran Canaria, los hombres de la ciencia se mostraron sorprendidos de la importancia del Museo Canario (colecciones etnográficas y de historia natural) señalando que «en materia científica era lo más sobresaliente que habían visto en su visita a Canarias». Realizaron excursiones a La Caldera de Bandama, Cruz de Tejeda, Moya, Arucas, Teror…
El 18 de mayo tomaron los científicos el barco de regreso hacia la península, concluyendo de esta manera la excursión a las tres islas del archipiélago canario, incluida dentro de las rutas geológicas del XIV Congreso Geológico Internacional. Todos los congresistas regresarían a Madrid el día 22 de mayo para participar en el mencionado Congreso.
Una vez finalizado el Congreso, se publicaron guías de campo que recogieron datos relevantes de las distintas excursiones realizadas, entre ellas una publicación referente a la excursión a las Islas Canarias.
Una noticia muy importante, desde el punto de vista de la promoción de infraestructuras para las Islas Canarias, fue el hecho de que los congresistas que las visitaron dirigieron al Congreso Geológico Internacional la siguiente proposición, la cual fue aceptada: «Los miembros de la excursión A – 7, de la XIV Sesión del Congreso Internacional de Geología a las Islas Canarias, han regresado trayendo honda y viva impresión de la belleza de dichas islas, de su fertilidad y también de su interés extraordinario para el geólogo, el geógrafo, el botánico, etcétera. Han encontrado muchas vías de comunicación que les han permitido visitar con facilidad gran parte de las Islas y las carreteras existentes son buenas y se encuentran en perfecto estado de conservación. Pero creemos conveniente que por esa Presidencia se solicite de los Poderes Públicos españoles un mayor desarrollo de carreteras y demás obras que, facilitando las comunicaciones, coadyuven al aumento de visitantes científicos, de turistas y de personas que quieran beneficiarse con el clima y naturales bellezas de aquellas privilegiadas tierras. El perfeccionamiento en particular da las facilidades para la ascensión al admirable cono volcánico del Teide, a la grandiosa Caldera de Taburiente, en La Palma (hubo que esperar hasta 1954 para que tan especial paraje fuera declarado Parque Nacional) y a la cumbre tan interesante de Gran Canaria. Sería indudablemente una atracción adicional para animar a la visita de las hermosas islas Canarias, de las que tan grata y profunda impresión han traído los excursionistas que a V. E. tienen el honor de dirigirse. Madrid 30 de mayo de 1926. Por acuerdo y en nombre de todos los excursionistas. Lucas Fdez. Navarro y Joaquín Mendizábal».
El egregio sabio español, catedrático de la Universidad Central, Lucas Fernández Navarro, gran admirador de las Islas Canarias, falleció en Madrid el 31 de octubre de 1930, a la edad de 61 años, habiendo dedicado toda su vida al estudio y a la investigación científica.
Fuentes consultadas:
Bibliografía:
Ayala-Carcedo, F.J. et al., 2005. El XIV Congreso Geológico Internacional de 1926 en España. Boletín Geológico y Minero, 116 (2): 173-184
Fernández Navarro, L. Excursión A – 7 XIV Congreso Geológico Internacional. Madrid 1926. ISLAS CANARIAS. Instituto Geológico de España. Madrid 1926.
ARCHIVOS:
Archivo municipal del Ayuntamiento de El Paso.
Prensa:
La Gaceta de Tenerife: Diario Católico de Información, Diario de Las Palmas, Revista Hespérides.
JABLE. Archivo de prensa digital de la ULPGC.
Fotografías:
Fondo documental del IGME, Fotografía MMB, Archivo fotográfico de la Revista gráfica – literaria Hespérides, fotografías incluidas en la publicación «Excursión A – 7 XIV Congreso Geológico Internacional» y fotografías de autores varios del fondo documental del foro digital «Fotos antiguas de La Palma».
*Carlos Valentín Lorenzo Hernández es cronista oficial de El Paso