Alberto de Paz Felipe. Mi Chucho
Mi Chucho, Mi Alberto, Mi amigo, ni sé ya qué eras, porque en casa lo llenaste todo con esa sonrisa y alegría que tenías, con tu cuerpo bonachón. Eras un oso amoroso.
Mira que he conocido personas en este mundo, pero como tú había pocos: cariñoso, bondadoso, simpático, respetuoso, buena gente. De verdad, eras de otra especie, un ser entrañable. ¡Qué buena gente eras!, pero de los buenos, sin ensayar, sin pretender serlo, sin esperar nada a cambio. Tenías un defecto: no sabías decir que No a nadie, a todo intentabas ir, a todo, cumplir, saludar e irte a otro sitio donde habías sido invitado también. Siempre con tu sonrisa y esa alegría que tenías dentro. Tenías el Corazón más grande del mundo.
Querías a tu familia con locura, los idolatrabas y todos te adoraban. Eras buenísimo Chucho, demasiado bueno.
Aayyy Chucho, ¿a quién le escribo yo ahora por nuestro Wasap? ¿Qué pasó, Cipote? ¿Y quién me va a responder? ¿Que pachoooó ñiñoo? Eras un fenómeno.
Me reventaste, porque no me avisaste como siempre hacías cuando venías a La Palma. No me llamaste para decirme que estabas de bajón. Podíamos habernos reído un rato y hablar de la vida. Pero nunca te gustó preocupar a nadie.
¿Y ahora, cómo le explico a mis hijos (Paris y Grecia) que ya no te quedarás más en casa, que no vas a fastidiarlos más, que no van a jugar más contigo? Te querían con locura. ¿Cómo levanto a Tami, tú Tamichi? Me la rompiste por todos lados. Te quería como a un hijo y estaba más pendiente de ti que de mí. Eras puro Amor.
No creo que nadie en este mundo que te haya conocido, no te quisiera porque tenías ese don de dar tanto a todos. No supimos darnos cuenta de que tú también nos necesitabas porque tú dabas todo y más. Eras increíble Chucho.
Hace unos nueve años te conocí y eras puro; siempre te lo dije: eras un tío buenísimo, sin maldad. Cuántas veces te dije: “reviéntalo” y tú a calmar. Eras el pacificador. Siempre alegre con esas gafitas y con tú sonrisa que contagiaba.
¿¿Qué pasooó?? Era tu frase al llegar. Eras para mí más que un amigo, te contaba toda mi vida y tú me contabas todo, pero, visto lo visto, no me contaste el gran vacío que sentías, o aquello que te desesperaba.
Cuando me jubile con 55 años, como te decía siempre, ¿con quién viajaré? ¿Y ahora a quién le cuento todos mis problemas? ¿Con quién salgo a echar una copa y que siempre me diga que sí, (una, dos más, y nos vamos)? ¿Ahora qué hago con todas las cosas que teníamos organizadas?
Nos rompiste Chucho, no supiste decirle a esa cabeza que No, que lo que te estaba pasando tenía remedio y que con 33 años tenías un mundo por delante. Pienso y creo que fue la única vez que pensaste solo en ti y lo decidiste así. Podías haber pensado en todos nosotros como siempre hacías.
No puedo despedirme de ti, porque no me lo creo, no creo que esto haya sucedido, no creo que no me vayas a responder un wasap, ni que no vuelva a ver esa sonrisa.
Vivirás en todos mis recuerdos.
Solo te puedo decir que te quiero mucho CHUCHO.
Paris García Ducha