Qué es la oruga procesionaria del pino y cómo debes actuar si entras en contacto con una

Oruga procesionaria.

Edu Molina

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Entre finales de febrero y abril, los pinos de distintas regiones de España comienzan a recibir la visita anual de las larvas conocidas como oruga procesionaria del pino, cuya presencia supone un riesgo para la salud de personas y animales. La aparición de estos insectos coincide con el aumento de temperaturas, momento en que los gusanos empiezan a abandonar los pinos donde han pasado su etapa larvaria. Este desplazamiento, conocido por su ordenada procesión, incrementa la probabilidad de contacto accidental con personas y animales, debido a los pelos urticantes que cubren sus cuerpos.

Los desfiles de la oruga procesionaria del pino se han convertido en un indicador natural de que se avecina un riesgo sanitario, tanto para adultos y niños como para mascotas. La combinación de factores ambientales, como el clima templado, y la presencia de ejemplares, provoca que las larvas entren en contacto con transeúntes desprevenidos. Por ello, comprender su biología, identificar los momentos de mayor riesgo y conocer las medidas de actuación es esencial para reducir los efectos adversos derivados de estas larvas.

Qué es la oruga procesionaria del pino

La oruga procesionaria del pino, cuyo nombre científico es Thaumetopoea pityocampa, es una larva perteneciente a la familia de los lepidópteros que se encuentra en países del sur de Europa como España, Portugal, Francia, Italia y Grecia. En España, se distribuye ampliamente tanto en bosques como en áreas urbanas donde los pinos forman parte del paisaje. Su denominación común se debe a la característica más conocida de la especie: su marcha ordenada en largas filas cuando descienden de los árboles para buscar un lugar donde enterrarse y completar su metamorfosis.

Estos insectos comienzan a descender de los pinos cuando finaliza la etapa larvaria, momento en el que buscan el suelo para transformarse en crisálidas y emerger como polillas durante el verano. Durante esta fase, la especie se vuelve especialmente visible, y es cuando se producen los desfiles que le dan su nombre popular. Su ciclo de vida incluye cuatro fases metamórficas: huevo, larva u oruga, pupa y mariposa, y cada una es determinante para el desarrollo y la dispersión de la especie.

La oruga procesionaria se caracteriza por los finos pelos urticantes que cubren su cuerpo, los cuales se desprenden con facilidad y flotan en el aire. Estos pelos liberan histamina y otras toxinas que al entrar en contacto con la piel o las mucosas pueden ser perjudiciales. El riesgo aumenta si las larvas se sienten amenazadas y lanzan sus pelos envenenados al entorno cercano. Por esta razón, cualquier acercamiento a los nidos o a los trayectos de procesión debe realizarse con mucha precaución, evitando manipular los insectos directamente.

Cómo actuar ante el contacto con la oruga procesionaria del pino

El contacto directo con la oruga procesionaria puede provocar irritaciones cutáneas, lesiones oculares y reacciones alérgicas tanto en personas como en animales. En caso de contacto humano, lo primero es retirar los pelos adheridos usando unas pinzas, evitando el uso de las manos. A continuación, se debe lavar la zona con abundante agua y evitar frotar o rascarse para no incrustar los pelos. Si aparecen síntomas graves, como inflamación de cara o lengua, dificultad respiratoria, fiebre, o si se trata de personas con asma, cardiopatías o embarazo, es imprescindible acudir a un centro médico.

Los perros son especialmente vulnerables debido a una enzima presente en los pelos urticantes que puede producir necrosis y destrucción de tejidos, así como inflamación de vías respiratorias. Los principales síntomas incluyen hinchazón de hocico y cabeza, picores intensos y abundante salivación. La ingestión del insecto puede derivar en necrosis de lengua y garganta, por lo que cualquier contacto con el insecto debe considerarse una urgencia veterinaria.

En estos casos, se recomienda lavar la zona de contacto con abundante agua, preferiblemente caliente, para desnaturalizar las enzimas proteolíticas. Nunca se debe frotar o intentar quitar los pelos manualmente, ya que esto liberaría más toxinas. Tras esta primera actuación, es necesario acudir rápidamente al veterinario para recibir el tratamiento adecuado y limitar la extensión de las lesiones.

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