Nunca les han faltado novios ni novias a las más hermosas damas del Atlántico, nuestras islas canarias. Dicen que hasta fenicios y romanos intentaron al parecer sin mucho éxito ligar con nosotros o nosotras, “asegún”, y no te digo nada a partir del siglo XV portugueses, normandos, ingleses, castellanos y toda la peña que al final se casaron con las islas,  aunque según como se mire el matrimonio haya sido forzando a unos y otras y ha estado a punto de divorcio varias veces, bueno, y no me olvido que he leído por ahí que los americanos, a fines del XIX creo, que esta página no es una página de historia, desearon ardientemente a nuestras islas  y si entonces hubieran tenido un Trump hoy esto sería un western malo, en fin. En cuanto a la Atlántida la única Atlántida que me consta es la sociedad de San Pedro, Breña Alta, que la otra es cuestión de Cuarto Milenio. Bueno, ahora parece que a estas alturas del juego nos salió un novio al lado, un novio que al parecer es un novio más interesado en nuestras tierras raras que en nuestra emblemática belleza, un novio que quiere dar un braguetazo. Me comentan fuentes bien informadas que el Estado es consciente del peligro, aunque yo en los cuarteles de Breña Baja no veo gran movimiento de tropas y mucho menos baterías antiaéreas que pudieran o pudiesen repeler al cada vez más potente ejército de al lado y si vienen y hacen una extracción del nuestro presidente a mí no me miren que, aunque hice la mili en su momento, carezco de las agallas del gran Baltasar Martín y tampoco tengo prisa en que me den un ladrillazo en la cabeza. Avisados están y luego no digan.