ANÁLISIS
Casi nadie echará de menos a Ortega-Smith en Canarias

Ortega-Smith, fotografiado en Las Palmas de Gran Canaria en 2019 junto al exjuez Alba y su esposa, Teresa Lorenzo.

Carlos Sosa

7 de marzo de 2026 15:19 h

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Han pasado más de cinco años desde que el líder del sector crítico de Vox, el grancanario Carmelo González, abandonara la formación harto de lo que llamó “dictadura intramuros”. Es el tiempo que ha tenido que esperar para ver caer a uno de sus principales ejecutores, Javier Ortega-Smith, uno de los fundadores y durante mucho tiempo integrante del núcleo duro del presidente, Santiago Abascal. 

Puede considerarse a González uno de los primeros purgados por la organización precisamente por los malos modales de la dirección, que ahora se lleva por delante, con esos mismos modales, a Ortega-Smith. Es coetánea su purga con la que Vox hizo en Murcia con dos de sus más solventes dirigentes, Juan José Liarte y Francisco José Carrera, que también en 2020 iniciaron su vía crucis dentro del partido pero que aguantaron con sus actas de parlamentarios regionales hasta 2023, cuando dimitieron. Menos de tres años después le está pasando lo mismo al partido en la misma región con su actual portavoz parlamentario, José Ángel Antelo.

Unas primarias sin actas, como Maduro

Ortega-Smith, quien fuera la mano derecha (pero que muy derecha) de Abascal fue uno de los más duros con Carmelo González cuando el canario decidió presentarse al único proceso de primarias abierto hasta ahora en Vox para decidir el nombre de la persona que debía presidir el partido. Lo hizo Carmelo González en 2020 contra nada menos que Santiago Abascal, lo que fue interpretado como un desafío por la dirección del partido, que esperaba exclusivamente la aclamación del líder y que aquel tímido gesto democrático quedara solo en eso, en un remedo que les permitiera decir que se trata de un partido que escucha a las bases.

El politburó de la ultraderecha decretó que sólo había un candidato que había obtenido los avales para presentarse a aquella mascarada y que ese candidato no era otro que Santiago Abascal. Se le olvidó, como a Maduro, enseñar las actas, lo que impidió que todo el mundo pudiera comprobar que también Carmelo González había alcanzado de sobra el número de firmas exigido.

Lo comenta con la misma parsimonia de siempre y sin atisbo de odio este médico grancanario de 64 años, que ejerce en el centro de salud de uno de los barrios obreros más populosos de la isla, el de Las Remudas, en Telde. Recuerda con precisión cómo lo vetó Ortega-Smith para ser candidato en las elecciones generales de 2018: “Yo iba a ser el candidato porque me apoyó el comité local, pero cuando se enteró Ortega dijo que no

y se montó una pelotera del carajo“, cuenta.

Madrid impuso entonces a un piloto de líneas aéreas, José María Vázquez, “un tío muy agradable”, recuerda, pero con un problema que en ningún partido político es aceptado: hablar más de la cuenta. Y a Vázquez “lo trincan poniendo a parir a Abascal”, por lo que, alegando motivos personales, lo fuerzan a marcharse. En su lugar elaboran una nueva lista con Alberto Rodríguez a la cabeza. “A mí, ponme al último”, le pidió entonces Carmelo González.

Rodríguez, González y Nicasio Galván formaban parte del comité provincial de Vox en Las Palmas, y eran por lo tanto los que organizaban las campañas. Carmelo González era el responsable de comunicación en el partido, un desempeño por el que es gratamente recordado por todos los periodistas que cubrían en aquel momento la información política. Siempre estaba disponible, participaba en todas las entrevistas y tertulias para las que era requerido y gestionaba con la dirigencia del partido todos aquellos contactos que la prensa le pedía.

Pidió dormir en la habitación de Franco

Bueno, no todos. Ortega-Smith, que era el responsable nacional de Comunicación de Vox, le insistía mucho en los límites a las relaciones con la prensa. No quería dentro de ningún acto del partido a los medios de comunicación considerados izquierdistas, particularmente elDiario, El País y La Sexta. Y tenía especialmente vetados a dos periodistas, Miguel González, de El País, y el autor de este texto, de Canarias Ahora.

Sus visitas a Canarias se limitaban prácticamente a la participación en mítines de campaña y era muy restrictivo sobre las entrevistas que concedía. La última vez que Carmelo González le gestionó la comunicación para una de sus visitas, precisamente en 2019 para un mitin por la campaña de las elecciones generales, sólo concedió una de las entrevistas que tenía solicitadas. Fue al periódico La Provincia, donde confirmó que había dormido en el hotel Madrid de casualidad, que Vox siempre pide “hoteles humildes”…

La realidad era otra bien distinta: él pidió a sus compañeros de Vox que le reservaran la habitación donde pernoctó Franco la noche anterior de embarcar en el Dragon Rapide rumbo a África para ponerse al frente del golpe de estado de 1936. Fue una mala experiencia, el golpe de estado también, fue una mala experiencia dormir en aquella habitación porque, según relató él mismo a sus correligionarios, pasó una noche de perros. 

El mitin por el que acudió a la capital grancanaria en 2019 le sirvió para hablar de toros en la única región que no tiene plazas de toros, y también para congeniar con el exjuez corrupto Salvador Alba, ya por entonces imputado por varios delitos ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, y con la esposa de éste, Teresa Lorenzo, que ejercía como letrada de la Administración de Justicia en un juzgado de Violencia sobre la Mujer, lo que durante un tiempo simultaneó con su militancia en Vox, donde prestó servicio como dirigente provincial. Puede que sean los únicos en Canarias que echarán de menos a Javier Ortega-Smith.

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