Francisco Javier Castro Feliciano (Santa Cruz de La Palma, 1950-2026): ‘in memoriam’

Santa Cruz de La Palma —
22 de julio de 2026 15:28 h (Hora canaria)

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El fallecimiento reciente de Francisco Javier Castro Feliciano (Santa Cruz de La Palma, 1950-2026) motiva esta aproximación a la trayectoria profesional y más personal del profesor Paco Castro, quien durante varias décadas ejerció como catedrático y director del Instituto de Enseñanza Secundaria Alonso Pérez Díaz, y en el ámbito político fue diputado nacional por la provincia de Santa Cruz de Tenerife (1982-1986) y concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma durante la Democracia.

Ante el fallecimiento del que fuera mi profesor y luego director en el IES Alonso Pérez Díaz de Santa Cruz de La Palma, Francisco Castro Feliciano, pensé en la posibilidad de contar sobre él algo más personal y cercano que las referencias biográficas y profesionales al uso.

Con ese objetivo me reuní con varias personas que compartieron su vida: sus hijos, sus amigos, sus compañeros de trabajo y sus alumnos. Hablamos y hablamos de Paco. Como resultado, esos recuerdos se entremezclaron con anécdotas, acontecimientos personales y laborales, con los que intento aquí trazar un perfil de su vida. No sé si lo he conseguido, pero sí sé que cuando leas estas líneas, podrás acercarte algo más a la figura de un hombre que merece ser recordado.

El 1 de septiembre de 1992 entré por primera vez en el antiguo convento de Santo Domingo, hoy IES Alonso Pérez Díaz, dispuesta a ocupar mi plaza definitiva en el centro. Habituada a trabajar en institutos de aspecto más convencional, el empaque y la antigüedad del edificio me impactaron de manera muy positiva, más aun cuando subí la escalera hasta la primera planta —recuerdo cómo me gustó el roce de la mano por su pulida balaustrada de madera— y me encontré de frente el despacho del director. Allí estaba Paco Castro, rodeado de papeles, sonriendo y dándome la bienvenida al centro y al departamento de Lengua Castellana y Literatura: en él seríamos compañeros durante diez años. Solía decirme que su parte favorita de la asignatura era la dedicada a la Morfología y sobre todo a la Sintaxis, en la que era un verdadero experto; también bordaba los comentarios de textos periodísticos, pues era asiduo lector de prensa y un buen conocedor de la actualidad social, política y cultural.

A lo largo del tiempo pude comprobar que la puerta de su despacho estaba siempre abierta y que cualquier asunto relacionado con el Alonso pasaba por allí: era el centro de mando del buque que era entonces el APD. Capitanearlo requería capacidad de planificación y organización, de resolución de conflictos y de atención a familias, docentes y alumnado que, sin problemas, entraban y salían a cualquier hora de su oficina. Estos diez años fueron muy satisfactorios para mí. Pero es momento de dejar atrás los recuerdos propios y de retomar un orden que se ajuste al propósito inicial: acercarnos de manera personal a su biografía.

Francisco Javier Castro Feliciano nace el 20 de febrero de 1950 en la calle Sol, número 1, de Santa Cruz de La Palma, en la planta baja de la casa familiar de los Castro. Su padre fue Manuel Castro Díaz —Manolo— y su madre, María Eugenia Feliciano Pérez, a la que cariñosamente todos llamaban Machi. Formaban una familia católica, de misa diaria, algo bastante habitual en esas décadas. De sus ocho hijos, Paco ocupaba el sexto lugar, entre sus hermanas Nieves y Rosario. A finales de los cuarenta, les toca la Lotería de Navidad, agraciados con el número de la cofradía del Rosario. Entonces Manolo y Machi deciden comprar una casa lo bastante grande para albergar a una familia tan numerosa. La elegida fue una casona situada en la calle Anselmo Pérez de Brito, número 86, muy cerca de las Cuatro Esquinas y de la plaza de San Francisco. Allí transcurriría su infancia y en esa emblemática plaza se reunirá con la extensa pandilla de chicos que por entonces vivía en el barrio. Jugaban a la guerra, a indios y vaqueros, al boliche, etc., y cuando los sacerdotes D. Miguel o D. Juan Pérez Álvarez se los pedían, ayudaban como monaguillos en misas y procesiones.

En la escuela parroquial, Paco despuntaba por su mente ágil y despierta, lo que no pasó desapercibido para don Rudecindo Chico, el maestro, quien comentó con su familia la posibilidad de proseguir sus estudios de la mano de la Iglesia. Así que, en 1961, con 11 años de edad, ingresa en el Seminario Diocesano de San Cristóbal de La Laguna. Esa temprana separación del núcleo familiar y los estrictos hábitos de estudio, clases y oración harán que el niño madure pronto. Le atraía el estudio del latín y del griego, disciplinas que luego le serían muy útiles para impartir clases como profesor particular durante las vacaciones. Cuando el joven Paco volvía a casa, su madre y sus hermanas lo colmaban de mimos y atenciones, por lo que se libraba de las tediosas obligaciones domésticas que, todo sea dicho, siempre detestó. Su madre decía que adoraba a todos sus hijos por igual, pero que Paco era su niño ausente, su hijo del alma a quien tanto echaba de menos.

Paco completa los seis cursos del Seminario Menor y uno del Seminario Mayor y comprende que la vocación religiosa no sería su destino, pues soñaba con ser médico o director de orquesta. Así que, pese a la férrea oposición paterna, a los 17 años regresa a La Palma para terminar el bachillerato (antiguos Sexto, Reválida y Preuniversario) y luego cursar una carrera universitaria.

Será en el verano del 68 cuando se enamore de la mujer de su vida, María Teresa Calero Hernández, Marite. Ella era guapa, de sonrisa y simpatía desbordantes. Paco, deslumbrado, se lo confiesa a Fernando Calero, amigo y colega de pandilla, además de hermano de Marite. El rumor comienza a circular y ella, curiosa, se interesa por ese chico moreno y locuaz. Se enamoran y mientras la relación se consolida, Paco cursa estudios universitarios de Filosofía y Letras, en la especialidad de Filología Románica. En La Laguna recibe clases de prominentes profesores como Juan Régulo Pérez, Gregorio Salvador Caja, Ramón Trujillo Carreño o Jacinto Alzola Cabrera.

Marite y Paco se casarán el 15 de julio de 1975, en la ermita de San Sebastián de Santa Cruz de La Palma, unos meses antes de la muerte de Franco. Por esas fechas, Paco se interesa por la política de forma activa, hierve ante el inminente cambio político que se avecina y las ansias de democracia y libertad de los españoles. Reuniones, debates, controversias y planes de futuro ocupan su tiempo e intereses. Los socialistas y otras fuerzas, aún dentro de la ilegalidad y vigilancia del régimen dictatorial, unen sus empeños y se preparan para ocupar su espacio político.

En 1976, concluida ya la mili, nace Javier, el primer hijo de la pareja; Paula será la segunda, en 1979, y en 1982, Marta. Marite resumía en estos términos el nacimiento de sus hijos en relación con la carrera de su marido: «Javi era hijo de la milicia, Paula, de la educación y Marta, de la política». En ese año de 1976, comienza a ejercer en el Instituto Femenino, hoy IES Luis Cobiella Cuevas, la que será la profesión de su vida, la de enseñante. Compagina las clases de Lengua y Literatura con el cargo de jefe de Estudios. Ahí comparte su pasión por la política con otros compañeros y amigos, como José López Mederos o Santiago Bethencourt Álvarez, profesores de Geografía e Historia y también socialistas.

En el curso 1979-1980 es destinado al Instituto de Enseñanza Media Saulo Torón de Gáldar, en Gran Canaria (fundado en 1969, aunque en 2024 se traslada a nuevas instalaciones con el cambio nominativo IES Agáldar). Allí traba relación tanto con personas afines a su ideario como con otras de signo político más conservador. Valga como ejemplo su estrecha relación con el jefe de la Guardia Civil local quien, a principios de 1981 lo avisa de la inminencia de un golpe de estado militar y de su inclusión en una lista de personas non gratas a los golpistas. Lo insta a buscar una vía de escape y a prepararse para la huida si triunfa la asonada. Tiempos difíciles, pues, para los comprometidos con la democracia desde posturas ideológicas de izquierdas. Desmantelado el golpe, el país respira y Paco se implica cada vez más. En el curso 1981-1982 obtiene la plaza definitiva en el IES Eusebio Barreto Lorenzo de Los Llanos de Aridane. La suerte le sonríe, pues consigue permutar este nuevo destino por otro en el IES Alonso Pérez Díaz de Santa Cruz de La Palma, en el que toma posesión el 1 de octubre de ese mismo año.

Paralelamente, su carrera política se cruza con la docente, hasta que es elegido Diputado Nacional por el PSOE en la segunda legislatura. Esto le lleva a pedir una excedencia por cargo político desde su toma posesión el 6 de noviembre de 1982 hasta 1986. Durante esos años desempeña el puesto de vocal de RTVE, de la Comisión de Presupuestos y del Defensor del Pueblo.

En este tiempo, su vida se convierte en un constante ir y venir entre Madrid y La Palma, hasta que la separación familiar se hace cada vez más dura, puesto que su tercera hija, Marta, apenas lo conoce. Decide entonces no renovar su compromiso con la política nacional y regresa a la Isla. De nuevo integrado en la vida capitalina, participa de forma dinámica en las actividades sociales y culturales de la ciudad: bailará la danza de los enanos cinco veces consecutivas, desde 1975 hasta 1993; en esta última, en el marco de la conmemoración del quinto centenario de la incorporación de La Palma a la Corona de Castilla, actúa también ante los reyes Juan Carlos I y Sofía.

Así pues, durante el curso 1986-1987, Paco toma posesión de su plaza en el Alonso, que por esos años tenía como director a D. Ramón Ramos Pérez, catedrático de Matemáticas, cuyo despacho era un espacio abierto a las tertulias, a la lectura de la prensa y a comentar la actualidad política, social y cultural de La Palma. Ramón Ramos animará a Paco a que tome el relevo en la dirección del centro porque se jubila y ha encontrado en él el candidato ideal para continuar con la línea ya emprendida. Para ello debe convencer al sector más conservador, cosa que consigue gracias a sus habilidades de persuasión. Acepta el cargo en el curso 1987-1988. Bajo su dirección, el Alonso crecerá cualitativa y cuantitativamente, pues la implantación de la LOGSE (en el curso 1995-1996) trae consigo un notable aumento de alumnado y de personal docente con los cambios metodológicos y didácticos que el nuevo sistema demandaba.

Mientras, la vida discurre y su pasión por la política aún sigue viva: primero como edil y luego como teniente de alcalde del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma y, por si le quedara aun tiempo libre, por las tardes imparte clases y tutorías en la UNED, un periodo que comienza el 1 de enero de 1987 y culminará el 1 de octubre de 2015.

Hace unas semanas, Javier, Paula, Marta y yo nos reunimos y les pedí —además de los muchos datos ya consignados— que me hablaran del Paco más personal, el que fue marido y padre. Los tres hermanos sonrieron y el primer nombre que salió de sus bocas fue el de Marite: figura central, sombra protectora que abarcó todo y a todos. Su madre era dueña de una personalidad arrolladora por sincera, divertida y optimista. Sus hijos la definen como «luminosa» y «auténtica». Nadie esperaba su enfermedad y ante su rápido avance, Marite lo acepta con una entereza y un sentido del humor que todos desearíamos llegada nuestra propia hora. Muere en noviembre de 2015 y la familia queda devastada, sobre todo, Paco, que cae en una profunda depresión de la que solo conseguirá salir gracias al apoyo de sus hijos y de sus nietos Mateo y Julia, hijos de Paula, ya que, sin dudarlo, esta traslada su casa y su vida a la de su padre para arroparlo en estos tiempos tan difíciles.

Poco a poco aprendió: aprendió a vivir sin depender para todo de Marite, especialmente con respecto a la comida, el cuidado y la organización de la casa. Un tiempo después, Paco empezó a padecer importantes crisis de salud, por lo que, de común acuerdo con sus hermanas, esta vez fue Javier quien decidió hacer un paréntesis laboral en su profesión de sanitario y venirse a vivir con su padre. Los tres estarán junto a Paco hasta el final. Lamentaremos su muerte el día 6 de mayo de 2026.

Nos queda hablar sobre su faceta paterna y de nuevo los tres coinciden en afirmar que era un hombre dialogante, delante del que podías defender cualquier postura siempre que la argumentaras: «Convénceme», decía. Lo consideraban un hombre justo, trabajador, culto y amigo de sus amigos, aunque tenía un dogma irrenunciable para sus hijos: estudiar y completar una formación universitaria era una obligación. Esto lo llevó a chocar con su hijo, quien por aquel entonces prefería explorar otros caminos.

Estos recuerdos familiares se completan con la charla que mantuve con Facundo Daranas Ventura, María Nieves Pérez Hernández y Marcos Matías González. Manolo Feliciano también me aportó algunos datos de interés.

Facundo es catedrático de Historia, ya retirado y una persona destacada en la vida cultural de Santa Cruz de La Palma, tanto por su labor docente como por sus investigaciones en el campo del patrimonio histórico artístico y sociocultural de la ciudad mediante la publicación, entre otros trabajos, de cuatro libros, de los cuales tres fueron revisados estilísticamente por Paco Castro: La iglesia de San Francisco de Santa Cruz de La Palma (Santa Cruz de La Palma, 2008), La Orden Tercera Franciscana en la isla de La Palma (1633-2018): historia y patrimonio (Santa Cruz de La Palma, 2020), Lo Divino en la Navidad de Santa Cruz de La Palma (1947-2022): 75º aniversario (Santa Cruz de La Palma, 2022) y Las calles San José y Santa Águeda de Santa Cruz de La Palma: arquitectura y sociedad (Santa Cruz de La Palma, 2025). Daranas recuerda sus apreciaciones a propósito del uso de los gerundios o del abuso de la voz pasiva.

La amistad entre ambos se remonta a la infancia, al barrio de la Asomada y a la plaza de San Francisco, aunque los lazos se mantuvieron durante la primera juventud y luego en la universidad. Allí comparten piso en la calle San Honorato o en la calle Catedral en La Laguna. Mientras estudiaba, Paco impartió clases de Latín de forma gratuita en el centro de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, ubicado en la curva del paseo de Gracia. Pero, eso sí, las monjas lo compensaban con unas meriendas exquisitas y abundantes en dulces, bizcochos y confituras: «¡Era la envidia de todos nosotros!» —comenta Facundo entre risas—. Paco los deleitaba contándoles con todo detalle los manjares, inaccesibles para unos estudiantes siempre desperrados, que sobrevivían con comida de entullo, hecha sin arte ni gracia.

Rememoramos también otras noches laguneras de «divinos» en las que los palmeros cantaban villancicos por colegios y residencias esperando a ver si las monjas los premiaban con algún bocado sabroso y, de paso, avistaban a alguna chica interesante.Con respecto a los muchos años de docencia compartidos en el Alonso, Facundo alaba el entusiasmo que Paco mostraba con proyectos y propuestas de mejora y cómo recurría a los múltiples contactos establecidos con las instituciones locales durante su etapa política, lo que, junto a sus habilidades comunicativas, repercutía de manera muy positiva en el centro. Como amigo, siempre fue leal, incapaz de traiciones ni puñaladas, porque la bonhomía era su cualidad más sobresaliente.

María Nieves Pérez Hernández, profesora de Matemáticas retirada y conocida por todos como Meme, fue también una gran amiga de Paco y con él formó parte del equipo directivo con el cargo de secretaria. Entre ellos existía una gran afinidad y confianza, por lo que se complementaban a la perfección. Paco representaba el empuje y la energía, mientras que Meme era la parte reflexiva, la que analizaba pros y contras y buscaba la manera de mantener al día las cuentas del centro. Juntos afrontaron los retos que trajo consigo la Logse, como el aumento de cursos y alumnado, pues el Alonso llegó a albergar siete cursos de primero de la ESO y cinco de COU, con la consiguiente ampliación de plantilla y la incorporación de los maestros, cuyo encaje e integración fueron excelentes. Pero no solo de trabajo se componía su amistad: comidas, fiestas y charlas sin fin crearon un vínculo que mantendría unidos a Paco y a Marite con Meme y Juan, su marido, hasta el final.

Una última charla con Marcos Matías González cerrará estos recuerdos. Actualmente es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el mismo IES Alonso Pérez Díaz con el puesto de coordinador del eje de Comunicación, Biblioteca y Radio Escolar. Marcos fue también alumno de Paco durante el curso 1996-1997 y recuerda con admiración sus conocimientos lingüísticos y sus análisis de texto, que le permitieron interesarse por el estudio de la lengua y comprender mejor sus complejos mecanismos. Le agradaban su cercanía y su peculiar forma de «echar una buena bronca» ante las trastadas ideadas por los alumnos, como la de descolgarse por las ventanas de la calle Párraga para fugarse de clase. O cuando «penaba» a los alumnos más díscolos encomendándoles la realización de tareas que redundaran en beneficio de la comunidad educativa, como recoger hierbas del patio-jardín o pintar paredes. Esta forma de reprender tuvo adeptos y detractores, pues no dejaba de ser una idea original diferente a los modelos más tradicionales de contravenir el comportamiento de los estudiantes. Ahora, Marcos se alegra de volver al centro como profesor, aunque sea otro el equipo directivo que encabeza Ana Morera Luis, la cual comparte, al igual que Ramón Ramos y Paco Castro, los conceptos de «despacho de puertas abiertas» y comunicación fluida con todos los sectores educativos.