A la memoria de Roberto Perera Díaz (1949-2026)

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El pasado 29 de septiembre, festividad de San Miguel Arcángel, patrón insular, falleció Roberto Perera Díaz, apenas cuatro días después de cumplir los 77 años de edad, en el Hospital Universitario de La Palma. Natural de El Paso, hijo de doña Antonia Díaz Felipe y de don Juan Perera Padrón, conocido popularmente como «Juan Lera», lo que supuso que a Roberto muchas personas, sobre todo las de una cierta edad, lo nombraran como Roberto, «el de Juan Lera».

Me detengo a pensar en mis primeros recuerdos de Roberto y me llevan a mi época infantil —1979/1980— cuando pasé de la Escuela Unitaria de Tajuya al Colegio del Centro de El Paso. La proximidad de su vivienda familiar con el centro escolar, posiblemente, propició que en algún momento coincidiéramos. Sin embargo, algo que sí conservo con nitidez fue la primera vez que mantuve una conversación con él y, a partir de ahí, surgió una relativa amistad que con el paso de los años se hizo más estrecha. Ese preciso instante se circunscribe a unas Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús (junio de 1993); mientras Roberto filmaba los trabajos expuestos en la calle, mostré mi curiosidad por sus grabaciones y, de manera solícita, correspondió a mis interrogantes. Ese inicio fue una constante en nuestra relación de amistad, ya que siempre constituyó una inestimable fuente de información local, por lo que siempre le estaré agradecido.

Persona singular, especial, de trato cordial y correcto en su círculo de amistades y conocidos, fue alguien muy apreciado en el municipio de El Paso.

Roberto ejerció brevemente como auxiliar electricista. Cuando El Paso contaba con sala de cine fue el sosegado operador del proyector del Cine Los Ángeles. Desde allí arriba, en la cabina, se encargaba de que la película no se «quemara», que el sonido no se fuera y que la imagen no temblara. Recuerdo que hace unos años con motivo de la recuperación de la última máquina de proyección que existió en el cine (Ossa de 60 amperios de arco voltaico) se emocionó al verla. A buen seguro, fueron muchas las historias que vio pasar una y otra vez en silencio, vigilando que la magia no se apagara, mientras el público en sus butacas soñaba, reía, lloraba o viajaba a lejanas tierras.

Como radioaficionado, con el indicativo EA8AUD, sintonizando la frecuencia de su emisora desde su estación instalada en su vivienda, representó para él una ventana abierta al mundo. Cito a dos de sus amigos con las que se comunicaba bastante: Pedro Carmona de León (YV5EIY) desde Venezuela y Manuel Cabrera García (TI2AAK), cuando fue diplomático en Costa Rica; claros ejemplos de ese puente ideal que tiene tendido la Unión de Radioaficionados Españoles (URE) entre Canarias y Latinoamérica.

En el mundillo de la radioafición, Roberto llegó a diseñar y construir su propia antena para emisoras, a través de unos planos, llegándose a popularizar con el término de «Robertera».

Otra de las facetas que desarrolló fue el mundo de la videografía. Siempre mantuvo una afición por la grabación con cámara de vídeo y lo hizo en distintos formatos desde el súper-8, las cintas magnéticas VHS y cámara digital. 

No pocos acontecimientos sociales y festivos de El Paso quedaron inmortalizados a través de su objetivo. Ver a Roberto con su cámara al hombro o instalada sobre el trípode buscando el mejor ángulo para filmar ciertos eventos forma parte de la memoria colectiva de muchas generaciones de pasenses. La posterior edición de los trabajos en casa, cortando, pegando, poniendo la música adecuada para convertir la grabación en un recuerdo para toda la vida le llevó a contar con su sello propio: «Robert Films». 

En esas cintas que hoy son un tesoro, podemos volver a ver a nuestros familiares, a los vecinos de toda la vida, a los niños que yan son mayores correteando por calles y plazas. Roberto filmaba porque opinaba que lo que no se graba se olvida. 

Con la irrupción de las redes sociales en el mundo de internet, crea su página de Facebook que la convirtió en una auténtica atalaya de difusión de información, divulgando principalmente fotografías, tanto históricas como actuales. 

El muro de Roberto se convirtió en el álbum de muchas personas y su trabajo en un verdadero legado para El Paso. La procedencia de las mismas era diversa, contando con la colaboración de vecinos y, de algunas fotografías ya publicadas en otros foros, se preocupó de identificar a las personas que aparecían en las mismas. 

Esa labor recopilatoria y de difusión es impagable. Compartía las fotos con el único objetivo de que el pueblo, sus gentes, se reconocieran en su propia historia. Gracias a ello muchos jóvenes descubrieron cómo era su calle antes de su nacimiento, otras vieron a sus padres jóvenes y muchos que residen fuera del municipio volvieron a sentirse orgullosos de ser de aquí, solo con ver una foto.

Como señalaba un amigo común el día de su sepelio: «Roberto desde Facebook nos devolvió la historia foto a foto, hizo que el pasado se instalara en algunas personas y volviera a caminar entre nosotros». Hemos de agradecerle por su tiempo, por su dedicación y por enseñarnos a querer más a nuestra tierra a través de sus fotos.

También fue un coleccionista de objetos diversos: bastones, abrecartas, carátulas de películas clásicas de cine (muchas de ellas proyectadas durante su etapa en el Cine Los Ángeles). Auténticos tesoros a los que dedicó su entrega y pasión gran parte de su vida.

Era muy frecuente verlo conversando con sus amistades (amigos y amigas, como a él le gustaba citar) en la terraza del algún establecimiento público, en un banco de la Avenida o en el comercio «Electrodomésticos Pino», con cuyos dueños se encontraba muy vinculado. Allí, el joven Manuel Pino Felipe, tristemente fallecido unas semanas antes que Roberto, ejercía como su gran valedor en su desenvolvimiento diario, tanto en cuestiones de la tecnología como de aspectos cotidianos.

Roberto Perera Díaz fue el amigo de muchos, al que encontrábamos por la calle, en distintos actos, en bastantes esquinas y si el pueblo de El Paso se conoce un poco mejor es porque él lo mostró. Gracias por todo lo que nos diste.

*Carlos Valentín Lorenzo Hernández es cronista oficial de El Paso