La muerte (y resurrección) de un homenaje
Algunos homenajes son tan sutiles que pueden desvanecerse con un soplo de aire. Porque el viento, durante meses, parecía invencible contra el recuerdo de Francisco Ventura. Borró de San Nicolás su escultura no una, sino dos veces. Y el homenaje a alguien a quien todo el barrio de Las Manchas quería voló en dos ocasiones por los aires.
La segunda fue hace unas semanas y no quise escribir nada entonces. Preferí esperar. Preferí dar una oportunidad a las autoridades, confiando en una solución definitiva que ya habían prometido. No quise parecer el típico molestoso, ese que está solo pendiente de llamar la atención. Porque créanme, no escribo nunca nada con ese objetivo.
Si recuerdan, el 23 de noviembre del pasado año contaba en este mismo medio que aquella escultura en honor a Francisco Ventura se había hecho pedazos. Que la lluvia y el viento de nuestra isla, combinados con materiales impropios de un homenaje duradero, habían borrado de un soplido lo que tanto costó levantar.
Después la estatua se rehízo con los mismos materiales. Y la historia se repitió.
Muchos pensamos que no hace falta ser ingeniero para saber que, si pones algo frágil a merced del viento de esta isla, se va a romper. Sí o también.
Pero las autoridades habían asegurado a la familia que reharían la escultura de Francisco en metal. Y esta vez, a la segunda, lo han cumplido.
El Cabildo de La Palma ha instalado una estatua nueva. De acero. De metal resistente. De ese que no se doblega con el viento ni se rinde ante la lluvia. De algo capaz de perdurar en el tiempo, de algo capaz de formar parte de la historia de nuestro barrio y nuestra isla.
Francisco Ventura, por fin, tiene el homenaje que siempre mereció. Acero. Metal. Resistencia. Como el sonido firme del timple. Como el golpe seco del tambor. Como la voz que no se apaga.
A la altura de la música que nos dejó. Del folklore que nos regaló. De la sonrisa que nunca perdió.
San Nicolás mira a Francisco con orgullo y emoción. Le mira tranquilo, sabiendo que será parte de la historia del barrio. Porque Francisco ya tiene su homenaje en pie, firme y robusto frente a su Iglesia.
Pero San Nicolás, tristemente, sigue a la espera de recuperar su trocito de historia: su nombre.
San Nicolás sigue a la espera de recuperar un nombre que es parte del patrimonio insular. Porque data de 1696. Y hoy, sin embargo, no existe en el mapa insular.
Extraño, porque sí existe en el Instituto Geográfico Nacional, en la Agencia Estatal de Meteorología, en Grafcan... ¡y hasta en Google Maps! Extraño, sí.
Pedimos de nuevo a las autoridades que no dejen de lado el patrimonio de nuestra isla. Un nombre en una señal de carretera puede parecer una tontería. Pero no lo es. Es nuestra historia. Nos recuerda de dónde venimos. Nos recuerda cómo hemos llegado hasta aquí. Y eso es muy pero que muy importante para saber hacia dónde debemos ir en el futuro.
Francisco ya está aquí. San Nicolás, estará.