El olvido

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Tal vez, el problema fundamental de la sociedad sea el olvido.

Olvida el que tiene que un día no tuvo tanto. Olvida el capataz que antes fue solo peón.  Olvida el general que primero fue soldado raso. Olvida el graduado agradecer y el hombre al niño que fue. Olvida ser humilde la humildad. Olvida el pueblo su pasado y el líder a sus votantes.

Están las guerras que se enconan y se olvidan. Están la injusticia, el hambre y la desolación olvidadas en alguna tertulia matinal. Está la actualidad que olvida el ayer. Y está el que dirige el mundo y se olvida de que no es Dios.

Olvidamos lo que molesta y estorba. Olvidamos lo que dijimos y lo que nos propusimos. Olvidamos que la vida es un regalo. Olvidamos los abrazos que dimos y las promesas que nos hicimos. Olvidamos que somos ciudadanos del mundo. Olvidamos honrar la memoria de los que nos precedieron.

Olvidó la vida que veinte años no son suficientes. Olvidó el sueño despertar por la mañana. Olvidó el corazón seguir con su latido. Y olvidó el dolor soltar poco a poco la mano.

Está el tiempo que olvidó ser eterno. Están los vientos arrastrando los recuerdos y la calima olvidando que es invierno. Y están la tristeza y la pena que olvidan el camino de vuelta.

Y también hay algún almanaque que olvidó borrar la fecha. Algún maestro que olvidó números y letras. Algún abuelo que olvidó sus propias enseñanzas. Algún juglar que olvidó su repertorio y algún cura que, por olvido, no rezó la oración dominical.

Y luego está la madre, huérfana de su hijo, que no olvida que el olvido es el final.