¿Empezamos el colegio o no empezamos?

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¿Empezamos el colegio o no empezamos? 

La respuesta corta: depende

La respuesta larga:

Los que saben de epidemias y cómo gestionarlas argumentan que para abrir los colegios de forma que la epidemia no se extienda es necesario que la incidencia acumulada, IA, sea de 25 por cada 100 mil personas a 14 días.

Vamos a los datos.

En Canarias a 31 de agosto la IA era de 162´5. Ha pasado de ser 6´55 el 3 de agosto a 162´5 el 31 de agosto. ¡En 28 días! 4 semanas. Dos periodos de incubación del virus completo. No ha dejado de aumentar durante el mes de agosto (ver gráfica)

A 1 de septiembre los nuevos casos notificados en Canarias a 14 días son 3500. Una incidencia acumulada de 162.5. La IA acumulada a 7 días es de 95´71. Siendo la razón de tasas a 7 días de 1´61.

Si bien la distribución por isla es desigual.

A la vista de los datos la respuesta es clara: hoy no podemos abrir los colegios presencialmente.

¿Por qué hemos llegado a esta situación?

La movilidad, durante julio y agosto, aumentó a valores próximos a los de febrero. Los gobiernos, junto con los medios de comunicación fomentaron que fuéramos de vacaciones, que viajáramos por España durante el verano. La desescalada se adelantó al 21 de junio.

¿Y por qué? Porque el PIB dependen fuertemente de la hostelería (bares, restaurantes, hoteles, etc.) y los gobiernos tomaron la decisión de fomentar la movilidad para “salvar” la temporada de verano. No se hicieron test en puertos y aeropuertos. Por la equivocada idea de que retraería al turismo y porque eran “caros” (y, sin embargo, todos los países de nuestro entorno llevan semanas, algunos más de un mes, haciendo test a los viajeros). El virus viaja con las personas y el virus volvió y se movió por Canarias. Los canarios salieron de vacaciones, o las hicieron en su isla y contrajeron el virus. La mayoría asintomáticos, pero a la vuelta lo están contagiando a sus familiares y amigos. A personas de riesgo. La transmisión del virus es ya comunitaria.

A la vista está el resultado de esta equivocada decisión de fomentar la movilidad sin tomar ninguna medida estricta y sin hacer test en puertos y aeropuertos (recordemos que somos islas): los casos están aumentando cada día (aunque el incremento es desigual y varía de una isla a otra) y cada vez menos países permiten que sus ciudadanos viajen a España (Alemania va a no recomendar viajar a Canarias estos próximos días). Pasear por las zonas turística es desolador. A este ritmo muchas empresas vinculadas al sector turístico quebrarán de aquí diciembre. El golpe para todos va a ser duro, muy duro. Y todo se deriva de una mala gestión de la desescalada.

¿Por qué el empeño de abrir presencialmente los colegios? Para que la economía pueda volver a funcionar, para que las madres y padres puedan volver a sus trabajos. No crean las declaraciones de que es por los niños y niñas, para que no pierdan su futuro. No, no es por esto; es por la economía. Para tratar de parar o mitigar la crisis en la que estamos metidos. Es necesario el trabajo para levantar el país. Cierto ¿Pero a qué precio? Si vemos lo que ocurrió de junio a septiembre al enviar a la gente de vacaciones y a consumir por España sin test y sin ningún o escaso control, podemos suponer que la vuelta al colegio presencial, sin test, sea un caso similar y en cuatro semanas la epidemia esté en niveles muy superiores a los de agosto y el sistema sanitario esté colapsado.

¿Cómo evitarlo?

No se puede. Y no se debe. Me explico. Hagas lo que hagas el virus seguirá extendiéndose. Lo hemos visto en todos los países en estos 9 meses que llevamos de pandemia. Pero podemos hacer que la epidemia vaya despacio, que no crezcan rápido los casos. Para lo cual necesitamos hacer muchos test, pero muchos, para cortar las cadenas de contagio; necesitamos rastreadores, pero muchos, al menos 1 por cada 4 mil personas, y no los tenemos; necesitamos que la App Radar Covid funcione de verdad; necesitamos no ir a lugares concurridos, no ir a lugares cerrados y no ir a lugares de contactos estrechos; necesitamos reducir al máximo nuestras relaciones sociales. De otra forma, será imposible conseguir que la epidemia se reduzca. No podemos cerrar, no podemos confinarnos otra vez, de hacerlo nuestra economía colapsaría.

A la pregunta del principio ¿Debemos, en esta situación y con estos datos, abrir los colegios presencialmente? La respuesta, hoy sin test y sin medios es: no. Las consecuencias pueden ser peores, mucho peores y en dos meses estar inmersos en una gravísima crisis.

Y dirán ¿Cómo lo hacemos? Los niños y niñas, muchos de ellos, no pueden quedarse solos en casa. Es cierto, no pueden. Alguien tendría que quedarse con ellos. Y hay que elegir. Y hay que proteger a las familias. Y los gobiernos no lo están haciendo. La decisión no es sencilla, no es fácil; pero hay que tomar decisiones y tomarlas ya.

O hacemos test masivos, del tipo antígeno de saliva semanales; reducimos la movilidad al máximo (solo lo imprescindible para ir a trabajar); reducimos nuestras relaciones sociales a nuestra familia más cercana y cumplimos las medidas de protección estrictamente o los colegios cerrarán en antes de dos meses.

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