El sanguino o sanguiño (Rhamnus glandulosa / Rhamnaceae)
Crece en tajos y vaguadas,
márgenes de carreteras,
en barrancos y laderas
por brumas atemperadas.
Las flores son estrelladas
de tamaño diminuto,
siendo más vistoso el fruto
que enrojece al madurar,
para al final terminar
vestido de negro luto.
Jócamo, 26.VIII.2026
Nota: El sanguino es un árbol que crece en el monteverde o laurisilva de las islas Canarias (Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma) y de Madeira. No suele superar los 8-10 m de altura, con la corteza del tallo grisácea y recorrida por estrías. Las ramas de los brote jóvenes al igual que el pecíolo de las hojas adquieren una típica tonalidad rojiza o sanguinolenta, a la que debe su nombre común.
Las hojas son ovadas, con el margen finamente aserrado y presentan unas características pápulas o glándulas en la axila del nervio principal con los secundarios, a las que alude el nombre científico. A menudo aparecen mordisqueadas por las orugas de la “limonera canaria”, una vistosa mariposa (Gonepteryx cleobule) endémica de las islas. Las flores son como estrellas diminutas de color verde amarillento, hermafroditas con el receptáculo acopado, en el seno del cual se desarrolla el fruto esférico del tamaño de un guisante, que al madurar enrojece primero y finalmente se torna negruzco, estadio en el que lo consumen las aves, formando parte sustancial de la dieta estival de las interesantes palomas “rabiche” (Columba junionae) y “turqué” (Columba bollii), ligadas territorialmente al ámbito potencial del monteverde.
Su distribución global puede calificarse de escasa, aunque existen sustanciales diferencias entre las islas donde habita. Localmente más frecuente en Tenerife y La Gomera, es rara en La Palma y casi extinguida en Gran Canaria, donde su principal población es la plantada en el pinar de Tamadaba. En Madeira su distribución actual es testimonial, acorde con la fragmentación secular de su hábitat natural.