Félix González: “Sentirse mal ante un momento vital difícil no significa estar enfermo”

Santa Cruz de La Palma —
14 de enero de 2026 10:42 h

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Félix González es médico psiquiatra y desarrolla su labor clínica en la isla de La Palma, donde atiende a personas y familias que atraviesan distintos tipos de sufrimiento psíquico, desde trastornos mentales propiamente dichos hasta situaciones de duelo, crisis vitales o de desgaste emocional prolongado. Es miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría Legal y de la Sociedad Española de Patología Dual, y defiende una visión de la salud mental que integra lo biológico, lo psicológico y lo social, especialmente en contextos de vulnerabilidad como el insular.

Con motivo del Día Mundial de la Depresión, reflexiona sobre cómo hablamos hoy del malestar emocional, los riesgos de confundir tristeza con enfermedad, los límites del modelo médico tradicional y la necesidad de mensajes públicos más prudentes, realistas y humanos.

P. Doctor González, en el Día Mundial de la Depresión, ¿por qué sigue siendo tan importante hablar de este tema?

R. Porque la depresión sigue siendo una de las principales causas de sufrimiento humano, pero también porque seguimos confundiéndola con muchas otras situaciones no necesariamente patológicas. No todo malestar es depresión, y no toda tristeza es una enfermedad. Hablar  de la depresión, se debe hacer  con rigor, sin alarmismo y sin banalizar, lo que supone  una forma de cuidar a las personas y de no incidir  más sobre el malestar del que ya sienten.

P. En los últimos años se habla mucho más de salud mental. ¿Eso es siempre positivo?

R. Hablar siempre resulta  positivo, pero  la clave estaría  en como lo hacemos . El psiquiatra y divulgador Pablo Malo ha explicado muy bien lo que llama la “hipótesis de la inflación de la prevalencia”: cuando ampliamos demasiado los límites de lo que es un trastorno mental, corremos el riesgo de patologizar malestares normales de la vida.

A veces una tristeza pasajera, un duelo o una crisis vital se interpretan como una enfermedad grave, y eso puede acabar definiendo la identidad de la persona y limitándola: “soy depresivo”, “ me siento una carga y culpable de estar así”. Y eso no siempre ayuda, incluso puede empeorar la evolución.

P. Entonces, ¿cómo diferenciamos tristeza y depresión?

R. La tristeza es una emoción humana normal. Como decía Viktor Frankl, sentirse mal ante una situación anormal es normal. Tras una pérdida, una catástrofe o una ruptura vital, lo esperable y muchas veces inevitable  es sufrir. No tomemos antidepresivos para evitarlo, a no ser que surjan complicaciones clínicas que el especialista va a detectar.

La depresión clínica o “mayor” es otra cosa: es persistente, interfiere de forma clara en la vida diaria, afecta al sueño, al apetito, a la energía, a la capacidad de disfrutar y, en ocasiones, al deseo de seguir viviendo. Confundir ambas cosas puede llevar a medicalizar el dolor humano o, al revés, a no tratar adecuadamente una enfermedad real.

P. En La Palma hay un contexto muy particular tras la erupción del volcán. ¿Cómo ha influido eso en la salud mental?

R. La erupción supuso pérdidas enormes: viviendas, tierras, proyectos de vida, recuerdos, identidad… Muchas de esos de esos quebrantos fueron intangibles, pero pueden doler tanto o más que las materiales.

Es fundamental evitar la doble victimización: no decirle a la gente que “tiene que ser fuerte”, ni que “ya pasó”, ni que “hay otros que están peor”. El sufrimiento no se mide por comparación.

En muchos casos lo que hemos valorado   no han sido depresiones como tales, sino mas bien duelos, estrés agudo y también sostenido, inseguridad económica, temor ante el futuro. Eso requiere acompañamiento, apoyo social, palabras  y ofrecer estabilidad, no solo pastillas.

P. En relación con el suicidio, solemos asociarlo automáticamente a la depresión. ¿Es correcto?

R. Es una asociación muy extendida, pero incompleta. Pablo Malo lo ha explicado con datos muy sólidos: cerca de la mitad de los suicidios consumados ocurren sin señales previas claras de depresión ni ideación suicida.

Hay suicidios impulsivos, ligados a acontecimientos vitales agudos; otros relacionados con ira, humillación, conflictos morales o pérdidas de estatus; y otros donde influyen factores como el acceso a medios letales o el dolor crónico.

Pensar que “todos avisan” o que “todo suicidio se puede prevenir” no es realista y puede generar una falsa sensación de control. La prevención debe ser más amplia, más social y menos reduccionista. Los problemas complejos como el del suicidio no suelen tener, como desearíamos,  explicaciones simples ni respuestas universales

P. Recientemente se habla de entender la depresión no solo como una enfermedad, sino como una “señal”. ¿Qué significa eso?

R. Es una línea de investigación muy interesante. Estudios recientes, como los de Hans S. Schroder y su equipo, muestran que algunas personas se benefician de entender la depresión como una señal de que algo en su vida no está funcionando, no solo como un fallo químico o genético.

Este enfoque reduce el estigma y aumenta la sensación de capacidad para salir adelante. No niega la biología. La depresión tiene componentes genéticos y neurobiológicos claros. Pero añade una pregunta clave: ¿qué me está pidiendo mi vida que mire con más atención? ¿Debo buscar otra salida a mi situación de crisis económica, afectiva...?

P. ¿Eso no puede llevar a culpabilizar a la persona?

R. Ese es el riesgo, y por eso hay que ser muy cuidadosos. Nunca hay que decirle a alguien que está deprimido que “ponga de su parte” o que “no tiene motivos para estar así”.

Hay depresiones que son reactivas, otras que son cíclicas, y otras que aparecen sin un desencadenante claro. El mensaje correcto es: esto no es tu culpa, ni un problema de autoestima,  pero sí podemos buscar juntos la mejor forma de ayudarte.

P. Como psiquiatra que ejerce en una isla, ¿qué particularidades ve en el sufrimiento psíquico insular?

R. La insularidad tiene dos caras. Por un lado, redes humanas más cercanas; por otro, en ciertas situaciones podemos sentir  más aislamiento, menos recursos a nuestro alcance y mayor impacto de las crisis económicas.

En La Palma, muchas depresiones han  están estrechamente ligadas a la precariedad de vivienda, a la pérdida de patrimonio, al miedo a no poder sostener a la familia, al futuro y el de las personas allegadas. La salud mental no se puede separar de las condiciones de vida.

P. Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría transmitir hoy a la población palmera?

R. Que sentirse triste, cansado o desbordado no te convierte en una persona débil ni enferma. Y que cuando ese malestar no se va, pedir ayuda es un acto de coraje, no de fracaso.

Y también un mensaje colectivo: cuidar la salud mental no es solo hablar de emociones, es cuidar el empleo, la vivienda, la dignidad y los vínculos. Sin tener en cuenta estas consideraciones, ningún tratamiento es completo.

Referencias

· Pablo Malo. Psiquiatra y divulgador español, referente en el enfoque evolutivo del malestar emocional, la depresión y el suicidio.

· Viktor Frankl. Psiquiatra austríaco, creador de la logoterapia y figura clave en la reflexión sobre el sentido y el sufrimiento humano.

· Hans S. Schroder. Psicólogo e investigador estadounidense que estudia cómo las creencias sobre la depresión influyen en su vivencia y evolución.