¿Por qué el llamado 'Libro de los muertos' nunca fue realmente un libro? El gran malentendido egiptológico está en su propio nombre
La muerte no cerraba el camino para los antiguos egipcios. En su pensamiento religioso, la persona fallecida aspiraba a abandonar el lugar de enterramiento y desplazarse entre el mundo de los vivos y el ámbito del más allá. Ese deseo de movimiento no era una imagen simbólica sino una expectativa real ligada a ritos funerarios y textos escritos para ayudar al difunto.
Las inscripciones y fórmulas tenían la función de permitir ese paso entre planos distintos y evitar peligros que podían surgir después del fallecimiento. El difunto debía conocer rutas, nombres y procedimientos que facilitaban avanzar en ese recorrido. De esa necesidad de orientación surgió el uso de composiciones funerarias destinadas a acompañar a la persona enterrada.
Los textos funerarios servían como guía detallada para atravesar pruebas tras el fallecimiento
El llamado Libro de los muertos egipcio fue en realidad un conjunto variable de textos funerarios creados para guiar al difunto en su viaje por el más allá. Este material aparece estudiado en obras académicas como The Oxford Handbook of the Egyptian Book of the Dead, editado por Rita Lucarelli y Martin Andreas Stadler y publicado por Oxford University Press en 2023.
Ese trabajo reúne investigaciones sobre conjuros, imágenes y ritos vinculados a estos textos funerarios y explica su evolución desde tradiciones más antiguas. Los estudios sitúan su origen en composiciones previas como los Textos de los Sarcófagos y muestran cómo estas fórmulas formaban parte de la vida religiosa egipcia.
Cada ejemplar de ese corpus funerario era distinto porque los escribas adaptaban el contenido a cada persona. Los talleres que producían los manuscritos elegían qué fórmulas copiar según la posición social del difunto, el periodo histórico o las creencias locales.
También influían factores económicos, ya que algunos textos eran más largos y requerían mayor trabajo. Por ese motivo no existen dos versiones iguales. En algunos casos los escribas preparaban rollos con espacios en blanco para añadir después el nombre del propietario.
El pasaje del corazón en la balanza muestra cómo se evaluaba la conducta del fallecido
El conjunto de textos funcionaba como un repertorio abierto de composiciones rituales. Los especialistas lo describen como un corpus formado por himnos, conjuros y fórmulas protectoras que se transmitieron durante siglos. Su finalidad era proteger al difunto frente a peligros sobrenaturales y permitir su integración en el orden del cosmos.
Un pasaje muy conocido, identificado como hechizo 125, describe el momento en que el corazón del fallecido se pesa en una balanza tras responder a preguntas ante 42 jueces relacionados con faltas morales. Este episodio forma parte de un proceso de verificación que decide si la persona puede acceder al paraíso.
La idea de un volumen único tampoco encaja con la realidad material de estos textos funerarios. Muchas versiones se escribieron en papiros enrollados que se depositaban en la tumba junto al difunto. Sin embargo, las fórmulas también aparecieron en ataúdes, vendas funerarias, paredes de tumbas o incluso objetos rituales.
Esa diversidad demuestra que el contenido no dependía de un formato fijo. Lo importante era que las palabras estuvieran presentes en el contexto funerario y pudieran guiar al fallecido.
La denominación actual nació en el siglo XIX y ha condicionado la forma de entender estos escritos
El nombre con el que hoy se conoce esta tradición surgió mucho después de la civilización egipcia. En el siglo XIX el egiptólogo alemán Karl Richard Lepsius publicó una edición de uno de estos textos y utilizó el título alemán Todtenbuch, que significa Libro de los muertos.
La elección se inspiró en una expresión árabe relacionada con los rollos funerarios encontrados en tumbas egipcias. Más tarde, el estudioso Henri Édouard Naville amplió ese trabajo al editar una recopilación basada en 77 papiros antiguos.
A pesar de que los especialistas reconocen las limitaciones del término, el nombre sigue utilizándose como etiqueta académica válida. La cultura popular, además, ha reforzado interpretaciones que presentan estos textos como grimorios o manuales de magia. Esa imagen resulta incorrecta, porque las fórmulas pertenecían al ámbito funerario y no tenían relación con la magia practicada por los vivos.
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