El hallazgo de un taladro usado para tallar las pirámides hace 5.300 años empuja hacia atrás la línea temporal de las capacidades técnicas en Egipto

Héctor Farrés

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Las manos trabajaban a base de palancas, cuerdas y golpes repetidos sobre la piedra. Los utensilios de los egipcios para construir incluían mazas de piedra, cinceles de cobre y sistemas sencillos de arrastre con trineos de madera, que permitían mover bloques pesados sin ruedas.

Lo más habitual era perforar madera, piedra o cuentas con herramientas giratorias accionadas con cuerda, porque ese movimiento hacía el trabajo más rápido que empujar una simple lezna. También utilizaban arcos con una cuerda enrollada alrededor de un eje, y al desplazar el arco hacia delante y atrás conseguían que la broca girara con regularidad.

Ese sistema exigía piezas bien hechas y materiales que resistieran el uso continuo, y ahí entra la importancia de identificar herramientas que confirmen cómo funcionaban en realidad.

Un pequeño utensilio cambió lo que se sabía sobre los inicios de la perforación metálica

Investigadores de Newcastle University y de la Academy of Fine Arts de Vienna publicaron en la revista Egypt and the Levant que el objeto 1924.948 A hallado en Badari es el taladro metálico rotatorio más antiguo identificado en Egipto, fechado en el periodo predinástico, a finales del IV milenio antes de nuestra era.

El estudio sitúa la pieza antes de los primeros faraones y adelanta en más de 2.000 años la prueba de perforación rotatoria con metal. La investigación forma parte de una revisión detallada de un pequeño objeto conservado en el Museum of Archaeology and Anthropology de la Universidad de Cambridge.

Los talleres del valle empleaban dispositivos accionados con cuerda y arcos que hacían rotar ejes con regularidad

El equipo examinó la superficie con aumento y detectó señales claras de giro continuo. La pieza presenta estrías finas, bordes redondeados y una ligera curvatura en el extremo activo, rasgos que encajan con un movimiento rotatorio repetido y no con un simple pinchazo. Además, conserva seis vueltas de una correa de cuero muy frágil alrededor del eje, un resto que apunta al uso de un taladro de arco en el que la cuerda transmitía el movimiento de vaivén. Ese detalle permite reconstruir el mecanismo y entender que el eje giraba con rapidez al tirar y empujar el arco.

El análisis químico se realizó con fluorescencia de rayos X portátil, conocida como pXRF, y reveló que el metal no era cobre puro. La composición incluye arsénico y níquel, junto a cantidades apreciables de plata y plomo. Jiří Kmošek, coautor del trabajo, añadió que “esa combinación habría producido un metal más duro y con un aspecto distinto al cobre estándar”. Según detalló, la presencia de plata y plomo puede indicar decisiones conscientes al preparar la aleación o contactos con redes de intercambio más amplias en el Mediterráneo oriental durante el IV milenio antes de nuestra era.

Una descripción breve en los años veinte dejó la pieza en segundo plano durante décadas

El objeto procede de la tumba 3932 de Badari, en el Alto Egipto, donde fue excavado hace casi un siglo. Está catalogado como 1924.948 A y mide 63 milímetros de longitud con un peso aproximado de 1,5 gramos. Cuando Guy Brunton lo publicó en la década de 1920 lo describió como “una pequeña lezna de cobre, con una tira de cuero enrollada alrededor”. Esa frase tan insulsa hizo que la pieza pasara desapercibida durante décadas por falta de documentación detallada.

Martin Odler, investigador visitante en la School of History, Classics and Archaeology de la Universidad de Newcastle y autor principal del estudio, explicó en relación con el trabajo que “detrás de los templos de piedra y las joyas había tecnologías cotidianas que rara vez se conservan”. También afirmó que “esta nueva revisión ofrece pruebas sólidas de que el objeto se utilizó como taladro de arco”. Para Odler, este tipo de herramienta permitía perforar madera, piedra o cuentas con mayor rapidez y control que al empujar una lezna con la mano, y eso cambia la cronología conocida de esta técnica.

El estudio se integra en el proyecto EgypToolWear, financiado en el Reino Unido, que analiza huellas de uso en herramientas del antiguo Egipto. La revisión demuestra que una pieza pequeña guardada en una colección de museo puede aportar datos sobre metalurgia temprana y sobre restos orgánicos que casi nunca se conservan.

El equipo destaca que el hallazgo no solo documenta trabajo del metal en época temprana, sino también el modo concreto en que se utilizaba el taladro, un detalle que raramente queda preservado en el registro arqueológico.

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