Un aniversario para celebrar con orgullo
El 2 de mayo de 1879, un joven tipógrafo ferrolano llamado Pablo Iglesias, junto a un grupo de compañeros de profesión, obreros e intelectuales, encontró una vía para hacer frente a la desigualdad provocada por un sistema capitalista cada vez más salvaje e inhumano, y luchar por la mejora de las duras condiciones laborales de la clase trabajadora y en defensa de los derechos sociales básicos. Nacía el Partido Socialista Obrero Español.
Celebramos en estos días el 147 aniversario de aquel acontecimiento fundacional, que iba a alumbrar el partido político de mayor trayectoria de nuestro país y uno de los partidos socialistas más antiguos de Europa. A lo largo de este casi siglo y medio de historia, el PSOE ha sido capaz de vertebrar el espíritu progresista de la vida política española en sus diferentes etapas: desde sus comienzos durante la restauración monárquica hasta su consolidación durante la II República y la oposición al franquismo desde el exilio y la clandestinidad. Y, sobre todo, en el periodo de la transición a la democracia, donde el partido desempeñó un papel protagonista a la hora de convertir España en una democracia plena, moderna y sólida, baluarte del proyecto común europeo.
La reivindicación del estado de bienestar, como instrumento para una justa de redistribución de la riqueza, la defensa de las minorías y la atención social a quienes más lo necesitan han sido las bases sobre las que se sigue sustentando el partido hoy liderado por Pedro Sánchez, presidente de un Gobierno que es referente para la socialdemocracia en toda Europa y en el resto del mundo.
En Canarias, el socialismo no ha sido ajeno a este periplo histórico de lucha y reivindicación frente a los privilegios del caciquismo de principios del siglo XX y en defensa de las condiciones de los obreros y el campesinado. No es extraño que sufriera por ello una dura persecución a raíz del estallido de la Guerra Civil y la posterior dictadura, con centenares de casos de militantes víctimas de la represión en las islas. No puedo dejar de mencionar en este punto al joven alcalde de La Laguna Alonso Suárez Melián, presidente y fundador de la Agrupación Socialista lagunera, duramente represaliado a raíz del golpe militar de 1936. El socialismo en Canarias sobrevivió, como el resto de la oposición en nuestro país, en las duras condiciones de clandestinidad hasta la muerte del dictador. En el momento de reedificar los puentes cercenados por la dictadura, el socialismo volvió a demostrar su grandeza de miras y su sentido de estado.
En Canarias, una figura de la talla humana e intelectual de mi querido Jerónimo Saavedra resultó determinante para que el Partido Socialista contribuyera de manera decisiva a la reconstrucción social y económica de las islas. Junto a él estuvieron cientos de compañeros y compañeras que, desde la más pequeña de las agrupaciones locales hasta los órganos de decisión del partido, trabajaron a favor de la implantación de un ideario progresista. Y aquí no puedo dejar de mencionar al también recordado Pedro González, el primer alcalde de La Laguna en el nuevo periodo democrático, que impulsó el salto de nuestra ciudad hacia la modernidad.
Con sus errores y traiciones, como en toda obra humana, pero con el pleno convencimiento de que el pensamiento socialista -que está profundamente vinculado al humanismo- es hoy más necesario que nunca, celebramos 147 de lucha por los derechos del pueblo.
Ante el frentismo de los populismos excluyentes, ante mensajes de odio y rechazo al que piensa de manera diferente, frente a quienes sostienen que la sociedad debe sustentarse en la ley del más fuerte y abogan por el desmantelamiento del estado para someterse a la voracidad de un capitalismo sin reglas, los socialistas defendemos con orgullo un mensaje político por y para las personas.
147 años después, seguimos en pie. Nada nos fue regalado. Cada derecho, cada avance, cada paso adelante nació de la lucha, del compromiso y de la valentía de quienes no aceptaron la injusticia. Y, por supuesto, del poder de la militancia. Celebramos no solo nuestra historia: reivindicamos lo que somos. Gente común haciendo cosas extraordinarias por un país más digno, más justo y más humano. A quienes estuvieron, a quienes están y a quienes vendrán: la lucha continúa. Con más fuerza. Con más corazón. Sin dar un paso atrás. Ser socialista es ser humanista, feminista e implícitamente progresista. Por todo lo que hemos aportado, y por lo que nos queda por aportar a nuestra sociedad, este es un aniversario que debemos celebrar con orgullo.